sábado, 12 de marzo de 2022

La resurrección de los muertos

 

Tener una salud perfecta y recuperar la juventud por tiempo indefinido, aún para siempre, es una perspectiva muy alentadora, que solo se ve empañada por la muerte. ¿Quién no ha perdido un ser querido? ¿Quién no extraña la presencia de alguien? La frutilla de la torta sería que la muerte fuera eliminada, tanto en el pasado como en el futuro. La Biblia promete eso:

15 y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.” (Hechos 24: 15, Traducción del Nuevo Mundo, versión original de estudio)

 

Pero, ¿qué es la resurrección? Resucitar a una persona es volverla a la vida, pero muchos malentienden esto. Algunos piensan que Dios resucita la carne, pero es la persona y no su carne la que vuelve a vivir. El Creador hizo al hombre y conoce su personalidad hasta en los detalles más recónditos. Él sabe hasta lo que ignoramos de nosotros mismos (tenemos un inconsciente). Conoce los mecanismos de nuestros más mínimos actos, gestos y susurros, Él sabe por qué, cuándo, cómo y dónde; establece una relación de causa-efecto entre todos los componentes de un ser humano y sus interacciones. Además, su memoria es perfecta e ilimitada, y puede así recrear a una persona tal como era cuando murió. Entonces, cuando Dios resucita a una persona crea un cuerpo nuevo e introduce en su mente todos los recuerdos y rasgos de personalidad, de modo que viene a ser la misma persona en un cuerpo nuevo y completo.

Cuando Jesús resucitó permaneció en la tierra por cuarenta días, para cumplir con el período de purificación antes de presentarse ante el Padre. Durante ese lapso se presentó frente a sus discípulos con diferentes cuerpos visibles. Esto crea algunas dudas y confusiones respecto al aspecto que tendrán los resucitados. La certidumbre vendrá cuando estas cosas acontezcan, pero podemos razonar e imaginar. La resurrección sucederá en tres grandes pasos:

La primera resurrección es la de los que van a gobernar con Cristo en el cielo. Ese gobierno está constituido por el rey y 144 mil cogobernantes elegidos de entre la humanidad. Los apóstoles y los primeros discípulos están entre ellos. Al cielo no se puede ir en la carne, sino en espíritu (1ª a los Corintios 15: 50-51).

La segunda resurrección es en la tierra y consiste en los hombres fieles a Dios de todos los tiempos, que vendrán en la carne, como humanos terrestres.

La tercera consiste en la resurrección de los que no conocieron a Dios, que también es en la carne y que podría suceder paralelamente a la segunda, por un tiempo. (Podrían traslaparse)

 

En cuanto al hecho de que Jesús usó diferentes cuerpos para presentarse ante sus discípulos, es notable que esa vida iba a ser celestial y forzosamente en espíritu; ellos, con el tiempo, serían seres espirituales (sin cuerpos) tal como su Hermano Mayor, Sumo Sacerdote, Rey y Maestro. Por lo tanto, no era relevante cómo lo vieran, porque todos iban a ser de una naturaleza diferente. Sin embargo, con los que resuciten en la carne podría ser diferente. Además, hay otro motivo: el hombre perfecto Jesús fue sacrificado para recomprar la vida de Adán en su prole. Jesús murió para desbaratar la muerte de Adán en nosotros y, si él hubiese sido resucitado, de esa forma el sacrificio perdía entidad. Quien se presentó transitoriamente como hombre ante los discípulos fue el Hijo Unigénito de Dios, que volvió a su existencia anterior antes de que dejara de ser y su energía de vida fecundara a María, para que naciera un nuevo hombre perfecto capaz de pagar el precio por la vida de otro hombre perfecto. Me pongo como ejemplo: mi padre y mi madre se durmieron en la muerte. Si pudiera elegir, preferiría que volviesen tal como fueron; sanos y rejuvenecidos, pero ellos. Seguramente podría acostumbrarme a verlos de diferente manera y los reconocería por sus conductas y rasgos de personalidad, tal como hicieron los apóstoles y discípulos de Jesús cuando comenzaron a comunicarse con él, pero me gustaría más verlos tal cual fueron. De otra forma parecería que actores muy virtuosos estudiaron sus personalidades y acciones meticulosamente; uno quiere ver a los que dejó de contemplar. Pienso que un Dios de amor nos concedería con gusto el deseo. Habrá que esperar a que suceda.

 

Otro mal entendido ocurre respecto al siguiente texto bíblico:

“ «Muy verdaderamente les digo: La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivirán. 26 Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha concedido también al Hijo el tener vida en sí mismo. 27 Y le ha dado autoridad para hacer juicio, por cuanto es Hijo del hombre. 28 No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.                              […]” (Juan 5: 25-29)

Muchos creen que los que practicaron cosas viles serán resucitados para ser condenados, después de un juicio, conforme a sus hechos pasados. Esto está en grosera contradicción con lo que afirma la Biblia en Romanos 6: 7:

Porque el que ha muerto ha sido absuelto de [su] pecado.” (Traducción del Nuevo Mundo)

Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.” (Reina-Valera, revisión de 1960, muy utilizada en confesiones protestantes).

Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.” (Levoratti-Trusso, católica)

El significado del texto de Juan es así: los que resucitan a la vida son aquellos que fueron elegidos para gobernar la tierra con Cristo, en el cielo. Los que resucitan para juicio, será para ser juzgados por sus obras a partir de la resurrección. ¿Cómo funciona esto? A las personas que conocieron a Dios, lo amaron, y trataron de mejorar sus personalidades de acuerdo con las justas normas de Dios, les será más fácil seguir progresando hacia la perfección moral. En cambio, los que resuciten habiendo practicado cosas viles en su vida anterior tendrán más dificultades para adaptarse. Un ejemplo: si se levantara Napoleón, tendría que resignar sus ansias de poder y gloria, humillarse ante el rey y comenzar a modelar su nueva personalidad. Los resucitados serán miles de millones y viene una obra mundial educativa cuya magnitud no tiene ni tendrá igual nunca. Con paciencia y misericordia serán ayudados a lograr los cambios necesarios. Si alguno se resiste hasta el punto de poner en riesgo la paz del reino, será destruido para siempre.

¿Resucitan todos los muertos? No. Los que fueron condenados por Dios no vuelven a vivir. Por ejemplo, los muertos en el Diluvio, los habitantes de Sodoma y Gomorra y los que fallezcan en el Armagedón. Hay que distinguir entre la grande tribulación, que está por venir, y el Armagedón, que le sucede. Algunos de los muertos en la grande tribulación no serán condenados por Dios y podrán resucitar. Últimamente, el Cuerpo Gobernante ha llegado a la conclusión de que es posible que algunas personas que murieron en el Diluvio o en Sodoma y Gomorra puedan ser resucitados por Jehová Dios, conforme a su justicia y misericordia.

La gran mayoría de la humanidad recuperará a sus seres queridos dormidos en la muerte. Así, la felicidad será completa:

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado”. (Apocalipsis 21: 3-4)

 

Todavía vivimos en el día de buena voluntad de Dios. Queda poco tiempo, pero el suficiente como para que aprenda lo que va a suceder y qué espera Dios de usted para que no perezca con este mundo. Si le gustaría vivir en un mundo de paz, abundancia y justicia, trate de aprovechar el tiempo que queda, antes de que la puerta se cierre. Dios quiere que esté con él y se salve. Usted tiene libre albedrío y puede elegir, nadie puede obligarle. Depende de usted.


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