Una amiga mía -de esas que no se encuentran todos los días- no festeja los cumpleaños. Muchos otros hacen lo mismo que ella y pueden dar argumentos bíblicos que expliquen, a los que no hacen así, el por qué de sus conductas. Sin embargo, un día me contó que ella y su esposo oraban juntos a Dios para dar gracias por la vida cada vez que llegaba un aniversario de sus nacimientos, y me dijo: “Es un día muy importante, un día de balance”. No puedo citar entre comillas, pero agregó que era un día para hacer una revisión de sus vidas, para ver qué falta hacer o mejorar, y para pedir al Altísimo ayuda y sabiduría para ser mejores en el año que se inicia. Ella y su esposo tenían los dones de la profundidad y del equilibrio. No quiero decir que otras personas no los tengan, pero seguro que hay quienes no actúan de esa manera.
Imitándola, en un día como hoy, en el que todos honran a las madres, me puse a reflexionar acerca del amor de madre.
La Ley mandaba amar al prójimo: 18 “‘No debes tomar venganza ni tener rencor contra los hijos de tu pueblo; y tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy Jehová.” – Levítico 19: 18, Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras.
Después de que Jesús clavó la Ley al madero con su muerte, en la Carta a los Romanos se explica: “8 No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley. 9 Porque el [código]: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar”, y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: “tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.” – Romanos 13: 8-10, Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras.
El hombre más grande de todos los tiempos, enseñó:
“34 Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. 35 En esto todos conocerán que son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. – Juan 13: 34-35, Traducción del Nuevo de las Santas Escrituras.
“12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos”. – Juan 15: 12-13, Reina-Valera, revisión de 1960)
Para mí es un hecho muy notable que todos los seres humanos tengamos que aprender y esforzarnos por tener un amor capaz de dar la vida por otro (por eso es un mandamiento), pero que la abrumadora mayoría de las madres lo practiquen “naturalmente” con sus hijos.
Muchas veces un dechado como Cristo nos resulta una cima muy difícil de alcanzar; hay que subir paso a paso, de a poco, en la medida de nuestro paso. Si es su caso –y no hay por qué avergonzarse-, si necesita un modelo de amor abnegado, “más a su alcance”, observe a su madre.
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