sábado, 12 de marzo de 2022

¿Por qué predican los testigos de Jehová?


 

¿Por qué los Testigos de Jehová tratan de convencer a otras personas de que cambien de religión?

 

¿Por qué predican los testigos?

 

Nosotros sabemos que no podemos convencer a nadie. No importa lo hábiles y persuasivos que seamos, las personas no cambian de religión porque los convenzamos. Jesús explicó qué pasa cuando una persona deja la religión de sus padres (o su escepticismo) al recibir el mensaje que portamos:

El mensaje puro de la Biblia tiene poder, y Jesús dijo que las personas mansas como ovejas conocen la voz del Pastor verdadero cuando la oyen. Por lo tanto, nuestra tarea se limita a transmitir el mensaje del Pastor Excelente, Jesús (1), tan claramente como nos sea posible (Juan 10:4, 14).

La persona con cualidades de oveja reconoce la voz de su Pastor y sale a su encuentro. El que no es de Dios, no reconoce al Hijo y se queda en su reducto, escondido de la salvación. No hay forma de convencerle. Aunque Dios es Todopoderoso, él respeta a sus creaciones y se respeta a sí mismo. Le dio libre albedrío al hombre y lo deja elegir. La salvación está disponible para todos y Dios desea que todos la alcancen, pero también sabe que no todos aprovecharán la oportunidad. Como en los días de Noé. (2)

 

¿Por qué predicamos? Es un mandato divino (3) y una señal del fin de los tiempos para este sistema: “[“…] Vayan, por lo tanto, y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del espíritu santo, 20 enseñándoles a observar todas las cosas que yo les he mandado. Y, ¡miren!, estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas””. – Mateo 28: 19-20

14 Y estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” – Mateo 24:14

Nosotros predicamos por Amor a Jehová, a su Hijo y al prójimo. También lo hacemos por agradecimiento y porque es un mandato. Los que no nacimos de Padres con la fe que profesamos, alguna vez oímos golpear la puerta de nuestra casa y aquí estamos. Al igual que Dios, queremos que todo hombre se salve, aunque no ignoramos que no será para todos. Nuestra misión NO ES elegir a la gente que pasará con vida a la nueva tierra, sino llevar un mensaje de parte de Dios, ni más, ni menos.


(1) El Pastor Excelente es Jehová Dios. Pero Jehová le dio el poder y el pastorazgo a su Hijo, su Único, porque la santidad de Dios no puede perderse. Nosotros estamos sucios por el pecado. Si Dios se ensuciara por acercarse a nosotros, si perdiera su santidad, no hay nadie mayor que Él para que pueda limpiarle (los poderes no pueden ser usados para beneficio propio; vea, por favor, la primera tentación de Jesús por el Diablo, en el capítulo 4 del Evangelio según Lucas). Jehová nombró a su Hijo rey, sobre la humanidad y el planeta, para que restaurara todas las cosas, incluida la sociedad humana, que será devuelta al Padre cuando alcance la perfección. 

(2) 36 ”Respecto a aquel día y hora nadie sabe, ni los ángeles de los cielos, ni el Hijo, sino solo el Padre. 37 Porque así como eran los días de Noé, así será la presencia del Hijo del hombre. 38 Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres siendo dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; 39 y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre. 40 Entonces dos hombres estarán en el campo: uno será llevado, y el otro será abandonado; 41 dos mujeres estarán moliendo en el molino de mano: una será llevada, y la otra será abandonada. 42 Manténganse alerta, pues, porque no saben en qué día viene su Señor.


(3) 17“Hijo del hombre, te he nombrado centinela para la casa de Israel; y, cuando oigas una palabra de mi boca, los advertirás de mi parte. 18 Si a alguien malvado yo le digo ‘Sin falta morirás’ pero tú no se lo adviertes ni hablas con el malvado para advertirle que deje su mal camino y siga viviendo, él, como es malvado, morirá por su error, pero su sangre te la exigiré a ti. 19 En cambio, si tú le adviertes al malvado y él no deja su maldad ni su mal camino, morirá por su error, pero tú sin falta salvarás tu propia vida. (Ezequiel 3: 17-19, Traducción del Nuevo Mundo en lenguaje simplificado) Este texto menciona específicamente al pueblo de Israel, por las circunstancias del pueblo del Israel antiguo, pero aplica también a la situación actual. Están por cumplirse los ciento cincuenta años de predicación que anunció Jesús en Mateo 24: 14. Este texto se escribió para los que estaban bajo ley, en el Israel antiguo, pero da también para ilustrar lo urgente, la urgencia de los tiempos, lo necesario que es que la gente sepa la verdad.


La resurrección de los muertos

 

Tener una salud perfecta y recuperar la juventud por tiempo indefinido, aún para siempre, es una perspectiva muy alentadora, que solo se ve empañada por la muerte. ¿Quién no ha perdido un ser querido? ¿Quién no extraña la presencia de alguien? La frutilla de la torta sería que la muerte fuera eliminada, tanto en el pasado como en el futuro. La Biblia promete eso:

15 y tengo esperanza en cuanto a Dios, esperanza que estos mismos también abrigan, de que va a haber resurrección así de justos como de injustos.” (Hechos 24: 15, Traducción del Nuevo Mundo, versión original de estudio)

 

Pero, ¿qué es la resurrección? Resucitar a una persona es volverla a la vida, pero muchos malentienden esto. Algunos piensan que Dios resucita la carne, pero es la persona y no su carne la que vuelve a vivir. El Creador hizo al hombre y conoce su personalidad hasta en los detalles más recónditos. Él sabe hasta lo que ignoramos de nosotros mismos (tenemos un inconsciente). Conoce los mecanismos de nuestros más mínimos actos, gestos y susurros, Él sabe por qué, cuándo, cómo y dónde; establece una relación de causa-efecto entre todos los componentes de un ser humano y sus interacciones. Además, su memoria es perfecta e ilimitada, y puede así recrear a una persona tal como era cuando murió. Entonces, cuando Dios resucita a una persona crea un cuerpo nuevo e introduce en su mente todos los recuerdos y rasgos de personalidad, de modo que viene a ser la misma persona en un cuerpo nuevo y completo.

Cuando Jesús resucitó permaneció en la tierra por cuarenta días, para cumplir con el período de purificación antes de presentarse ante el Padre. Durante ese lapso se presentó frente a sus discípulos con diferentes cuerpos visibles. Esto crea algunas dudas y confusiones respecto al aspecto que tendrán los resucitados. La certidumbre vendrá cuando estas cosas acontezcan, pero podemos razonar e imaginar. La resurrección sucederá en tres grandes pasos:

La primera resurrección es la de los que van a gobernar con Cristo en el cielo. Ese gobierno está constituido por el rey y 144 mil cogobernantes elegidos de entre la humanidad. Los apóstoles y los primeros discípulos están entre ellos. Al cielo no se puede ir en la carne, sino en espíritu (1ª a los Corintios 15: 50-51).

La segunda resurrección es en la tierra y consiste en los hombres fieles a Dios de todos los tiempos, que vendrán en la carne, como humanos terrestres.

La tercera consiste en la resurrección de los que no conocieron a Dios, que también es en la carne y que podría suceder paralelamente a la segunda, por un tiempo. (Podrían traslaparse)

 

En cuanto al hecho de que Jesús usó diferentes cuerpos para presentarse ante sus discípulos, es notable que esa vida iba a ser celestial y forzosamente en espíritu; ellos, con el tiempo, serían seres espirituales (sin cuerpos) tal como su Hermano Mayor, Sumo Sacerdote, Rey y Maestro. Por lo tanto, no era relevante cómo lo vieran, porque todos iban a ser de una naturaleza diferente. Sin embargo, con los que resuciten en la carne podría ser diferente. Además, hay otro motivo: el hombre perfecto Jesús fue sacrificado para recomprar la vida de Adán en su prole. Jesús murió para desbaratar la muerte de Adán en nosotros y, si él hubiese sido resucitado, de esa forma el sacrificio perdía entidad. Quien se presentó transitoriamente como hombre ante los discípulos fue el Hijo Unigénito de Dios, que volvió a su existencia anterior antes de que dejara de ser y su energía de vida fecundara a María, para que naciera un nuevo hombre perfecto capaz de pagar el precio por la vida de otro hombre perfecto. Me pongo como ejemplo: mi padre y mi madre se durmieron en la muerte. Si pudiera elegir, preferiría que volviesen tal como fueron; sanos y rejuvenecidos, pero ellos. Seguramente podría acostumbrarme a verlos de diferente manera y los reconocería por sus conductas y rasgos de personalidad, tal como hicieron los apóstoles y discípulos de Jesús cuando comenzaron a comunicarse con él, pero me gustaría más verlos tal cual fueron. De otra forma parecería que actores muy virtuosos estudiaron sus personalidades y acciones meticulosamente; uno quiere ver a los que dejó de contemplar. Pienso que un Dios de amor nos concedería con gusto el deseo. Habrá que esperar a que suceda.

 

Otro mal entendido ocurre respecto al siguiente texto bíblico:

“ «Muy verdaderamente les digo: La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivirán. 26 Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha concedido también al Hijo el tener vida en sí mismo. 27 Y le ha dado autoridad para hacer juicio, por cuanto es Hijo del hombre. 28 No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.                              […]” (Juan 5: 25-29)

Muchos creen que los que practicaron cosas viles serán resucitados para ser condenados, después de un juicio, conforme a sus hechos pasados. Esto está en grosera contradicción con lo que afirma la Biblia en Romanos 6: 7:

Porque el que ha muerto ha sido absuelto de [su] pecado.” (Traducción del Nuevo Mundo)

Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.” (Reina-Valera, revisión de 1960, muy utilizada en confesiones protestantes).

Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.” (Levoratti-Trusso, católica)

El significado del texto de Juan es así: los que resucitan a la vida son aquellos que fueron elegidos para gobernar la tierra con Cristo, en el cielo. Los que resucitan para juicio, será para ser juzgados por sus obras a partir de la resurrección. ¿Cómo funciona esto? A las personas que conocieron a Dios, lo amaron, y trataron de mejorar sus personalidades de acuerdo con las justas normas de Dios, les será más fácil seguir progresando hacia la perfección moral. En cambio, los que resuciten habiendo practicado cosas viles en su vida anterior tendrán más dificultades para adaptarse. Un ejemplo: si se levantara Napoleón, tendría que resignar sus ansias de poder y gloria, humillarse ante el rey y comenzar a modelar su nueva personalidad. Los resucitados serán miles de millones y viene una obra mundial educativa cuya magnitud no tiene ni tendrá igual nunca. Con paciencia y misericordia serán ayudados a lograr los cambios necesarios. Si alguno se resiste hasta el punto de poner en riesgo la paz del reino, será destruido para siempre.

¿Resucitan todos los muertos? No. Los que fueron condenados por Dios no vuelven a vivir. Por ejemplo, los muertos en el Diluvio, los habitantes de Sodoma y Gomorra y los que fallezcan en el Armagedón. Hay que distinguir entre la grande tribulación, que está por venir, y el Armagedón, que le sucede. Algunos de los muertos en la grande tribulación no serán condenados por Dios y podrán resucitar. Últimamente, el Cuerpo Gobernante ha llegado a la conclusión de que es posible que algunas personas que murieron en el Diluvio o en Sodoma y Gomorra puedan ser resucitados por Jehová Dios, conforme a su justicia y misericordia.

La gran mayoría de la humanidad recuperará a sus seres queridos dormidos en la muerte. Así, la felicidad será completa:

Con eso, oí una voz fuerte desde el trono decir: “¡Mira! La tienda de Dios está con la humanidad, y él residirá con ellos, y ellos serán sus pueblos. Y Dios mismo estará con ellos. 4 Y limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado”. (Apocalipsis 21: 3-4)

 

Todavía vivimos en el día de buena voluntad de Dios. Queda poco tiempo, pero el suficiente como para que aprenda lo que va a suceder y qué espera Dios de usted para que no perezca con este mundo. Si le gustaría vivir en un mundo de paz, abundancia y justicia, trate de aprovechar el tiempo que queda, antes de que la puerta se cierre. Dios quiere que esté con él y se salve. Usted tiene libre albedrío y puede elegir, nadie puede obligarle. Depende de usted.


La salud en el reino de Dios

 

La salud en el Reino de Dios

 

El Reino es una manifestación del amor de Dios a la humanidad. Este gobierno encabezado por Cristo tiene por objetivo volver todas las cosas a que sean como fueron creadas en el principio. Esto incluye la plenitud física y mental para los seres humanos.

 

Y ningún residente dirá: “Estoy enfermo”. La gente que more en [la tierra] constará de los que habrán sido perdonados por su error. (Isaías 33: 24)

 

Las profecías bíblicas tienen un cumplimiento próximo y menor y uno a largo plazo y de mayor importancia. Suele haber un paralelo entre ambos cumplimientos. A veces el primer cumplimiento es literal y el segundo figurado. Por ejemplo, en Egipto, las plagas fueron diez, un número que representa a lo completo en la tierra, pero en Apocalipsis las plagas son siete, lo completo en el cielo. El alfabeto hebreo consiste en veintidós letras que están asociadas a un sonido, a un número y a una forma geométrica regular. Áleph es el número uno y un triángulo equilátero, beth es el número dos y el cuadrado y así sucesivamente; las unidades, desde el uno al nueve, las decenas y las cuatro primeras centenas. El número aritmético que se hace corresponder a cada letra tiene un significado espiritual (por lo tanto, inaccesible a los sentidos), celestial, figurado, simbólico. El número de lados de la figura geométrica regular que corresponde a cada letra tiene un sentido literal, terrenal, concreto, y se refiere a objetos y circunstancias apreciables por los sentidos. De esta forma, tanto el número siete como el diez están asociados a la letra zain, que es la séptima en el alfabeto y aclaran al lector cómo deben ser entendidas las plagas del Éxodo y del Apocalipsis. En el primer caso, que sean diez indica que fueron literales, concretas, y que debe aceptar que acontecieron tal como están descriptas. En el Apocalipsis son siete y esto significa que son sucesos reales, pero la descripción es figurada, alegórica. Doy un ejemplo vulgar para que se entienda bien: una persona recibe invitados y sirve comida. Cuando éstos se van, no quedan ni las migajas; entonces, le dice a otro integrante de su grupo familiar: “pasó la langosta”. No fueron las langostas, pero sucedió como si fueran. ¿Por qué escribo esto? Porque en el libro de Isaías se profetizan cosas que tienen que ver con la vuelta de los judíos a Jerusalén (cumplimiento próximo) y otras que sirven tanto para ese acontecimiento como para cosas por venir más alejadas. Al leer el entorno alguien podría decir: “está sacado de contexto”; pero un análisis más profundo y un conocimiento más completo de la Biblia nos llevarían a entender que aplica a situaciones que no fueron, que todavía no son y se cumplirán en el futuro.

En el caso de la salud física, los judíos que volvieron a Jerusalén siguieron envejeciendo y enfermando hasta morir, como es que sucedió con Adán y todos sus descendientes hasta hoy.

Aquí menciona que las enfermedades van a desaparecer: “ningún residente dirá: «Estoy enfermo»”. También todas las personas serán llevadas a la plenitud física y la conservarán a pesar del paso del tiempo. Para el Israel antiguo la plenitud física se alcanzaba a los treinta años, algo con lo que podríamos conciliar perfectamente el conocimiento científico actual. Hay un texto bíblico que enuncia que los residentes del Reino de Dios serán rejuvenecidos, pero, por lo escrito precedentemente, citar ese texto podría confundir al lector inexperto en la lectura bíblica.

 

Ahora, ¿qué pasará con “los que ya se fueron”?

 

Esto se responderá en una próxima entrega.


¿Hay contradicciones en la Biblia?

 

La Biblia actualmente tiene el formato de un libro, pero, en realidad, es una biblioteca sagrada. Según la cronología bíblica, comenzó a ser escrita mil seiscientos diez años antes de nuestra era, hasta más o menos unos 100 años dentro de nuestra era común. Los libros se fueron agregando a medida que fueron necesarios y Dios utilizó unos cuarenta secretarios para escribirlos. Estas personas fueron de las más variadas clases sociales, algunos doctos y otros iletrados y del vulgo. Cuando uno estudia con seriedad y de forma profunda las Escrituras, maravilla que algo que fue desarrollado en tanto tiempo y por tan diferentes personalidades tenga la coherencia, la honestidad y la candidez que derrocha esta obra, que supera astronómicamente en todos los aspectos imaginables a cualquier otro libro creado desde que el hombre existe.

La Biblia fue escrita en hebreo antiguo, algunos fragmentos en arameo (que está emparentado con el siríaco antiguo) y griego corriente de hace dos mil años. La parte griega se escribió cuando el griego era una lengua de uso comercial en toda la cuenca del Mediterráneo, conocida por muchas personas; algo así como el inglés en nuestros días. Además, había una diáspora judía de habla griega que también debía recibir el mensaje. Asimismo, la predicación a los gentiles se vio favorecida por el uso de una lengua tan familiar a la mayoría de las personas.

El canon de la Biblia está formado por sesenta y seis libros aceptados por todas las confesiones que se dicen cristianas y treinta y nueve para el judaísmo. La Iglesia Católica, Apostólica y Romana tiene la Biblia compuesta por setenta y cuatro libros, porque incluye algunos textos apócrifos, que ellos denominan del segundo canon o deuterocanónicos (Apócrifos: de una expresión griega que significa oculto, secreto, cuidadosamente escondido. Originalmente designaba a libros que no eran leídos públicamente, pero luego se cambió el significado a no canónico, espurio). Estos libros fueron agregados definitivamente a la Biblia católica en el Concilio de Trento, en 1546, aunque se leyeron  y discutieron siglos antes.  Las iglesias ortodoxas incluyen algunos libros más, que no acepta la iglesia de Roma.

Estos libros no canónicos agregados con posterioridad contradicen abiertamente al cuerpo principal y aceptado de la Biblia. También, los católicos admiten como doctrinas a las tradiciones orales, que aportan otras discrepancias con el texto de la Biblia. Las confesiones protestantes usan, todas, el primer canon y es notable la coincidencia que hay entre tantas traducciones: los textos que pueden generar alguna controversia están dentro de un dos por ciento o menos. Nos ocuparemos, entonces, solo del primer canon.

Entre las “contradicciones” que se atribuyen a la Biblia hay muchas que son aparentes, que no son verdaderas contradicciones. Doy un ejemplo a manera de ilustración:

Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas mencionan una curación milagrosa que tuvo lugar cerca de Jericó (Mateo 20:29-34; Marcos 10:46-52; Lucas 18:35-43). Marcos dice que Jesús hizo el milagro “cuando salían de Jericó”, y lo mismo especifica Mateo. Pero Lucas dice que Jesús hizo el milagro “al acercarse él a Jericó”.

En tiempos de Jesús, ¿había una sola ciudad llamada Jericó, o dos? El libro Bible Then & Now (La Biblia, ayer y hoy, o: La Biblia, entonces y ahora) responde así la pregunta: “En la época del Nuevo Testamento se había reconstruido la ciudad de Jericó alrededor de una milla (1,6 kilómetros) al sur de la antigua ciudad. Herodes el Grande tenía allí un palacio de invierno”. El libro Archaeology and Bible History (Arqueología e Historia Bíblica) confirma esta declaración con las siguientes palabras: “La Jericó del tiempo de Jesús era una ciudad doble. [...] La vieja ciudad judía estaba más o menos a una milla de la ciudad romana”.

De modo que Jesús tal vez realizó este milagro cuando salía de la ciudad judía y se acercaba a la ciudad romana, o viceversa. Es obvio que conocer las circunstancias de la época en que se escribió el relato ayuda a aclarar lo que pudiera parecer una contradicción.

Los jueces, abogados, fiscales, policías, psicólogos y el personal de inteligencia saben que diferentes testigos de un mismo hecho dan relatos distintos. Los detalles a los que una persona presta atención cambian con su personalidad. Que tres evangelistas hayan dado un testimonio en principio discrepante, es una prueba de autenticidad. Esto excluye razonablemente que se hayan puesto de acuerdo para decir lo mismo. Ninguno mintió y la contradicción es aparente, se resuelve al conocer el entorno en el que sucedieron los hechos.

Hay otras contradicciones que surgen de un error del traductor. Doy un ejemplo:

En el capítulo 23 del Evangelio según Lucas, Jesús se halla clavado al madero entre dos ladrones. Uno se burla de él y el otro reprende al agresor de Jesús y le pide al Maestro que se acuerde de él cuando venga a establecer su reino. Jesús le responde:

 “En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:42-43, La Biblia de las Américas)

La edición de estudio de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras dice:

43 Y él le dijo: “Verdaderamente te digo hoy: Estarás conmigo en el Paraíso.”

Evidentemente, hay una contradicción entre ambas versiones. El cambio de ubicación de los dos puntos modifica completamente los sentidos de ambas expresiones. La primera dice que ese mismo día estarían ambos en el Paraíso y, la segunda, pone el hecho en un futuro indefinido. ¿Por qué la discrepancia?

Los textos en la lengua original no tienen puntuación. El lector o el traductor deben ponerla. Entonces, ¿cuál es la puntuación correcta? La que no produzca contradicción en el propio cuerpo de esa traducción de la Biblia.

 

En el Evangelio según Juan, capítulo 20, versículos 11 al 18, la Traducción del Nuevo Mundo dice:

11 María, sin embargo, se quedó de pie fuera, junto a la tumba conmemorativa, llorando. Entonces, mientras lloraba, se agachó para mirar dentro de la tumba conmemorativa 12 y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabeza y uno a los pies donde había yacido el cuerpo de Jesús. 13 Y le dijeron: “Mujer, ¿por qué lloras?”. Les dijo: “Han quitado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”. 14 Después de decir estas cosas, ella se volvió atrás y vio a Jesús de pie, pero no discernió que era Jesús. 15 Jesús le dijo: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?”. Ella, imaginándose que era el hortelano, le dijo: “Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo quitaré”. 16 Jesús le dijo: “¡María!”. Al volverse, le dijo ella en hebreo: “¡Rabboni!” (que significa: “¡Maestro!”). 17 Jesús le dijo: “Deja de colgarte de mí. Porque todavía no he ascendido al Padre. Pero ponte en camino a mis hermanos y diles: ‘Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes’”. 18 María Magdalena fue y llevó las nuevas a los discípulos: “¡He visto al Señor!”, y que él le había dicho estas cosas.

Podría haber usado cualquier Biblia para buscar este texto.

Mucha gente entiende que los “buenos van al cielo”, a la bienaventuranza en la presencia de Dios. Esta creencia no es correcta, pero no la discutiremos ahora. El Paraíso original había sido barrido por el Diluvio y no existía en ningún lugar de la tierra. Otra vez, muchos entienden que el ladrón se refirió al Paraíso celestial, en la presencia de Dios.

Pero, en Juan 20: 17, Jesús le dice a María que todavía no había ascendido al Padre. Los dos ladrones y Jesús murieron por la tarde de un día viernes, y Jesús resucitó la mañana del día domingo inmediatamente siguiente al viernes. Esa misma mañana le dijo a María que todavía no había ascendido al Padre. Si el Paraíso estaba en la presencia de Dios, Jesús y el ladrón todavía no habían ido a la presencia del Padre el domingo por la mañana, si hubiera sido el caso. Es más: Jesús no ascendió a su Padre hasta cuarenta días después de su resurrección, para cumplir con el período de purificación. Por lo tanto, el “buen” ladrón no podía estar en el Paraíso junto a Jesús el mismo día en que murió. De esta forma, el lugar correcto para los dos puntos es el que figura en la Traducción del Nuevo Mundo. En este caso, la contradicción no se halló en el texto en la lengua original en la que fue escrito, sino entre una traducción errónea de un pasaje y otra que es correcta. También, el error en la traducción incorrecta volvió a toda esa versión contradictoria, pero no a la Biblia como Dios inspiró a los que la escribieron. Digamos, también, que el ladrón todavía no resucitó hasta hoy. Estará con Jesús cuando vuelva a gobernar la tierra y la transforme en un paraíso, dentro de poco. Porque paraíso proviene de una palabra griega que significa un jardín cultivado. Las plantas y los árboles crecen en la tierra.

 

Entonces, ¿hay alguna contradicción en la Biblia? En treinta y seis años de estudio de las Escrituras, todavía no he encontrado una que fuera realmente un contrasentido.


Amor abnegado


 

Una amiga mía -de esas que no se encuentran todos los días- no festeja los cumpleaños. Muchos otros hacen lo mismo que ella y pueden dar argumentos bíblicos que expliquen, a los que no hacen así, el por qué de sus conductas. Sin embargo, un día me contó que ella y su esposo oraban juntos a Dios para dar gracias por la vida cada vez que llegaba un aniversario de sus nacimientos, y me dijo: “Es un día muy importante, un día de balance”. No puedo citar entre comillas, pero agregó que era un día para hacer una revisión de sus vidas, para ver qué falta hacer o mejorar, y para pedir al Altísimo ayuda y sabiduría para ser mejores en el año que se inicia. Ella y su esposo tenían los dones de la profundidad y del equilibrio. No quiero decir que otras personas no los tengan, pero seguro que hay quienes no actúan de esa manera.

Imitándola, en un día como hoy, en el que todos honran a las madres, me puse a reflexionar acerca del amor de madre.

La Ley mandaba amar al prójimo: 18 “‘No debes tomar venganza ni tener rencor contra los hijos de tu pueblo; y tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy Jehová.” – Levítico 19: 18, Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras.

Después de que Jesús clavó la Ley al madero con su muerte, en la Carta a los Romanos se explica: “8 No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley. 9 Porque el [código]: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar”, y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: “tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.” – Romanos 13: 8-10, Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras.

El hombre más grande de todos los tiempos, enseñó:

“34 Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. 35 En esto todos conocerán que son mis discípulos, si tienen amor entre sí”. – Juan 13: 34-35, Traducción del Nuevo de las Santas Escrituras.

“12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este,  que uno ponga su vida por sus amigos”. – Juan 15: 12-13, Reina-Valera, revisión de 1960)

Para mí es un hecho muy notable que todos los seres humanos tengamos que aprender y esforzarnos por tener un amor capaz de dar la vida por otro (por eso es un mandamiento), pero que la abrumadora mayoría de las madres lo practiquen “naturalmente” con sus hijos.

Muchas veces un dechado como Cristo nos resulta una cima muy difícil de alcanzar; hay que subir paso a paso, de a poco, en la medida de nuestro paso. Si es su caso –y no hay por qué avergonzarse-, si necesita un modelo de amor abnegado, “más a su alcance”, observe a su madre.