domingo, 21 de junio de 2020

¿Existe el infierno?


Razonemos un poco:
Si el Diablo es el enemigo de Dios, entonces el enemigo de su enemigo debería ser su aliado.
Si los pecadores ofenden a Dios, ¿por qué debería el Diablo torturarlos eternamente en un infierno de fuego?
En esa función, el Diablo parecería más un colaborador de Dios que un enemigo. Un verdugo que castiga a los que contristan a Dios. Y sería el colaborador de un Dios cruel y vengativo. ¿No le parece?
Eso es incompatible con un Dios que es amor. - Primera Carta de Juan 4: 8.
Es una poderosa razón para concluir que el infierno no existe, pero no es la única.

Tengo frente a mí una Biblia llamada "El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia", es la traducción realizada por los presbíteros Armando J. Levoratti y Alfredo B. Trusso, más ocho colaboradores. Este texto constituye la versión oficial de la Biblia para la Iglesia Católica en la República Argentina y fue autorizada por Raúl Francisco Cardenal Primatesta.

La Iglesia Católica de cada país elige una versión que agrada a sus autoridades locales, pero hay una cantidad numerosa de otras Biblias católicas que pueden ser consultadas, siempre que tengan el imprimatur correspondiente. También es interesante e instructivo ver cómo las discrepancias entre los traductores arrojan luz al lector perspicaz.

En los párrafos que siguen veremos otras cosas sorprendentes para quienes no estudian la Biblia regularmente.

"4 Mientras uno está unido a todos los vivientes siempre hay esperanza, porque «más vale perro vivo que león muerto».
5 Los vivos, en efecto, saben que morirán, pero los muertos no saben nada: para ellos ya no hay retribución, porque su recuerdo cayó en el olvido.
6 Se han esfumado sus amores, sus odios y rivalidades, y nunca más podrán compartir todo lo que se hace bajo el sol." – Eclesiastés 9: 4-6, (Levoratti-Trusso)

Si "los muertos no saben nada" tampoco serían conscientes de que están siendo castigados eternamente en un infierno.
Si sus odios, amores y rivalidades se esfumaron, tampoco podrían beneficiar o perjudicar a los seres que continúan vivos. Los millones de personas con creencias animistas que apaciguan a los muertos pierden tiempo y recursos en supersticiones vacías.

La Biblia fue escrita en tres lenguas: hebreo antiguo, arameo (una forma emparentada con el siríaco antiguo) y griego corriente de hace dos mil años.
Nosotros estudiamos la Biblia investigando una palabra o concepto en toda la Escritura; o sea, cada vez que aparece un mismo concepto se analiza el contexto y el significado de lo leído. Si surge alguna discrepancia, se busca armonizar o conciliar los significados aparentemente contradictorios estudiando el contexto histórico, las costumbres y usos, de manera de comprender qué se quiso decir.
No es posible comprender la Biblia si no se entiende qué significa bíblicamente la palabra "alma".

¿Qué significa “alma” en la Biblia?
En la Biblia, el vocablo "alma" se vierte como traducción de la palabra hebrea NE'PHESH y de la palabra griega PSY-KHÉ. Ambas expresiones son una transliteración a nuestra lengua, deberían ser escritas con caracteres diferentes.
El término ne'phesh significa "lo que respira" o "un respirador" y se refiere al ser vivo que respira con aliento.
De esta forma, son ne'phesh los seres humanos, los gatos, los perros, los delfines, las ballenas, las jirafas, para nombrar tan solo a unos pocos. Como ejemplos de seres que no son ne'phesh, pues no respiran con aliento, podemos nombrar a los peces y los insectos. 
Lo primero que vemos es que la creencia común de que el hombre TIENE un alma inmortal y que los animales no, discrepa con el uso y significado de la palabra hebrea que se traduce como "alma". Ni siquiera se aproxima a lo que la gente entiende.
En hebreo el hombre y los animales superiores son "almas" (ne'phesh = respira con aliento; ¿Por qué lo tradujeron "alma"?); no tienen alma, son almas.
Ese uso antiguo del concepto se ve en expresiones actuales como: "Población: 5.000 almas", o en la llamada internacional de auxilio "SOS" (Save Our Souls, Salven nuestras almas), que se usa cuando la situación es desesperante.
El sentido que da es "salven nuestras vidas", "alma" como vida es uno de los cuatro usos que da la Biblia a la palabra.
Pero, en la cristiandad, casi nadie piensa que los equipos de rescate no pueden salvar almas inmortales, si existieran, solo Cristo o su Padre. Los hombres únicamente pueden salvar de la muerte al que está en un peligro inminente, como un naufragio.
 Vean lo que dice la Biblia oficial de la Iglesia Católica de Argentina (la misma traducción citada antes):

"19 Porque los hombres y los animales tienen todos la misma suerte: como mueren unos, mueren también los otros. Todos tienen  el mismo aliento vital y el hombre no es superior a las bestias, porque todo es vanidad. 20 Todos van hacia el mismo lugar: todo viene del polvo y todo retorna al polvo. 21 ¿Quién sabe si el aliento del hombre sube hacia lo alto, y si el aliento del animal baja a lo profundo de la tierra?" – Eclesiastés 3: 19-21

La palabra hebrea que se traduce "aliento" es "RU'ACH" o "RÚ-AJ". También es correcto traducirla como "soplo" o "espíritu".
En otros pasajes de la Biblia, cuando aparece la palabra "rú-aj", algunos traductores vierten "espíritu" y otros "viento". ¿Por qué?

"2 La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo [rú-aj] de Dios se cernía sobre las aguas." (Génesis 1: 2, versión Levoratti-Trusso, católica)

"2 Ahora bien, la tierra resultó sin forma y desierta y había oscuridad sobre la superficie de la profundidad acuosa; y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios [rú-aj Eloquim] se movía sobre la haz de las aguas." (Reina-Valera, 1909, protestante, la versión revisada de 1960 cambia haz por faz)

"2 La tierra era una masa caótica y las tinieblas cubrían el abismo, mientras un viento [rú-aj] impetuoso sacudía la superficie de las aguas." (La Biblia Latinoamericana, Traducción Interconfesional)

Originalmente, "rú-aj" significa viento, pero en sentido figurado se usa como "espíritu"; además, admite "respiración", "aliento" y "soplo". Esto es porque espíritu es algo invisible, pero cuyos efectos se perciben, tal como sucede con el viento.
Espíritu y alma no significan lo mismo.

¿Son los Testigos de Jehová los únicos que dicen esto?
"No hay dicotomía de cuerpo y alma en el A[ntiguo] T[estamento]. El israelita veía las cosas concretamente, en su totalidad, y por eso consideraba a los hombres como personas y no como compuestos. El término NEPES [NE'PHESH], aunque traducido mediante nuestra palabra alma, nunca significa alma a diferencia del cuerpo o de la persona particular. [....] El término [PSY-KHE'] es la palabra del N[uevo] T[estamento] que corresponde a NEPES. Puede significar el principio vital, la vida misma, o el ser viviente."
(New Catholic Encyclopedia (Nueva Enciclopedia Católica), 1967, tomo XIII, páginas 449, 450).

"Moisés usó el término hebreo para «alma» (NEFESH, lo que respira) [...], que significa un «ser animado» y es aplicable igualmente a seres no humanos. [...] El uso que se dio en el Nuevo Testamento a PSYCHÉ («alma») fue comparable al de NEFESH." (The New Enciclopoedia Britannica (La Nueva Enciclopedia Británica), 1976, MACROPAEDIA, tomo XV, página 152).

"La creencia de que el alma continúa su existencia después de la disolución del cuerpo es un asunto de teorizar filosófico o teológico, más bien que de simple fe, y por ende no se enseña expresamente en ninguna parte de la Santa Escritura." (The Jewish Encyclopedia (La Enciclopedia Judía), 1910, tomo VI, página 564).

"La palabra hebrea en cuestión aquí es «NEFESH»... La Biblia no dice que tenemos un alma. «NEFESH» es la persona misma, su necesidad de alimento, la misma sangre de sus venas, su cuerpo." (Reportaje al Dr. Enrique M. Orlinsky con motivo de la edición de "La Tora - Los Cinco Libros de Moisés", con prefacio fechado el 28 de septiembre de 1962, realizado en Filadelfia, Pensilvania, en el que el traductor explica el motivo de la exclusión de la palabra "alma". (Times de Nueva York, 12 de octubre de 1962).

Según el Léxico Hebreo-Inglés "Lexicon on the Old Testament Books" (Léxico sobre los Libros del Antiguo Testamento), por L. Koehler y W. Baumgartner, tomo II, 1953, página 627, bajo el encabezamiento NEPHESH, hallará que:

- "Mi néphesh" significa "yo" (Génesis 27: 4, 25; Isaías 1: 14);
- "Tu néphesh" significa "tu" (Génesis 27: 19,31, Isaías 43:4; 51: 23);
- "La néphesh de él" significa "él, él mismo" (Números 30: 2; Isaías 53: 10);
- "La néphesh de ella" significa "ella, ella misma" (Números 30: 5, 12);
- "Nuestra néphesh" significa "nosotros, nosotros mismos" (Salmo 124: 7);
- "Vuestra néphesh" significa "vosotros" (Levítico 26: 15);
- "La néphesh de ellos" significa "ellos, ellos mismos" (Isaías 46: 2; 47: 14);
- "Toda néphesh" significa "todo hombre" (Éxodo 12: 16);
- "Toda néphesh que" significa "quienquiera" (Levítico 7: 27; 17: 15; 23: 29);
- "La néphesh que" significa "quien, el hombre que" (Levítico 7: 20, 27; Números 15: 30);
- También, néphesh significa "vida" (282 veces); "néphesh del hombre" significa "la vida del hombre" (Génesis 9: 15);
En cuanto a néphesh en Génesis 9: 4-5; Levítico 17: 11, dice: "El alma (estrictamente distinta de la noción griega del alma) el asiento de la cual está en la sangre."
En lo que respecta a néphesh en Génesis 1: 20, dice: "La sustancia de respiración que hace de hombres y animales seres vivientes."


"Entonces, ¿somos todos herejes?". Esta es la pregunta que se planteó en una carta publicada en el "Daily Telegraph" de Londres. El escritor de la carta acababa de señalar a un "rompecabezas teológico" que resultó de las palabras de uno de los primeros eclesiásticos cristianos, Justino el mártir: "Si usted se ha topado con algunos que afirman ser cristianos... y dicen que, cuando mueran su alma irá al cielo, NO SE IMAGINE QUE SON CRISTIANOS". En respuesta a este "rompecabezas", el periódico publicó la siguiente carta de John Dummet, profesor superior de teología en Newbold College:
"Puesto que los primeros padres de la Iglesia basaban sus creencias y enseñanzas en las Sagradas Escrituras,... ellos no estaban bajo ilusión alguna respecto a lo que experimenta el hombre, aun el cristiano, al morir. Consideraban la muerte como un estado de inconsciencia, un "sueño", del cual con el tiempo uno resucitaría. Repetidas veces se dijo acerca de reyes del Antiguo Testamento que fueron a descansar con sus antepasados. El salmista describió la muerte como sigue: "Respira por última vez, se vuelve al polvo; y en esa misma hora se acaba todo su pensar." - Salmo 146: 4 (New English Bible)."
Después de citar otros ejemplos de la "firme enseñanza bíblica" de una resurrección que sigue al sueño de la muerte, el teólogo hizo el siguiente comentario: "Por lo tanto no solo Justino el mártir e Ireneo, sino también Ignacio, Policarpo, Lactancio y otros entre los primeros padres no podían sostener la enseñanza de que las almas cristianas van al cielo después de morir". Entonces, ¿cómo llegó a existir esta enseñanza no bíblica en la Iglesia? El profesor Dummet responde: "Fue bajo la influencia de la filosofía platónica... que el concepto de la inmortalidad del alma llegó a infiltrarse mayormente en la Iglesia Cristiana e hizo aceptable la idea de que las almas van al cielo después de la muerte; pero esta sigue siendo una creencia no bíblica." Por eso, puede decirse que la mayor parte de las personas que hoy dicen ser cristianos son "herejes" desde el punto de vista bíblico - Ezequiel 18: 4, 20.

"El concepto cristiano de un alma espiritual creada por Dios e infundida en el cuerpo al tiempo de la concepción para hacer al hombre un conjunto viviente es el fruto de un largo desarrollo en la filosofía cristiana. Solo con Orígenes [murió cerca del año 254 de nuestra era común] en Oriente y San Agustín [murió en 430 de la era común] en Occidente quedó establecida el alma como sustancia espiritual y se formó el concepto filosófico sobre su naturaleza. [...] Su doctrina [la de Agustín] [...] debió mucho (incluso algunos defectos) al neoplatonismo." (New Catholic Encyclopedia (Nueva Enciclopedia Católica), 1967, tomo XIII, páginas 452-454).
Es notable que la noción de alma inmortal haya sido introducida en la cristiandad por lo menos unos dos siglos después de la muerte de Cristo y de mano de un par de partidarios de un filósofo pagano.

"El concepto de la inmortalidad es un producto del pensamiento griego, mientras que la esperanza de una resurrección pertenece al pensamiento judío [...] Después de las conquistas de Alejandro, el judaísmo fue absorbiendo gradualmente conceptos griegos." (Dictionnaire Enciclopédique de la Bible (Diccionario Enciclopédico de la Biblia), Valence, Francia, 1935, edición preparada por Alexandre Westphal, tomo II, página 557).

Los judíos no solo absorbieron conceptos griegos, sino también babilónicos, cuando fueron llevados cautivos tras la primera destrucción de Jerusalén. De allí proviene, por ejemplo, la Cábala. Las nociones paganas y ocultistas recibidas de los babilonios y griegos subvirtieron la fe bíblica de los judíos y fueron abonando el terreno para los apóstatas. Por eso es saludable distinguir entre cristianismo y cristiandad. La cristiandad está llena de creencias, títulos y costumbres paganas.

El título "Sumo Pontífice", que se aplica al Papa, tiene su origen en el pagano Imperio Romano y significa "Sacerdote Máximo de todos los dioses". Es posible que se diga que el título se usa para indicar que sirve al Dios de dioses y Señor de señores pero si ejerciera su sacerdocio como indica el título y se practicaba en el Imperio se convertiría en un idólatra. Por lo menos, es un título poco feliz para un cristiano. La mitra proviene directamente del culto del mismo dios pagano Mitra, el toro, y así por el estilo.

"La inmortalidad del alma es una idea griega formada en cultos misteriosos antiguos y elaborada por el filósofo Platón." (Revista Presbyterian Life, 1º de mayo de 1970, página 35).

"¿Creemos que haya tal cosa como la muerte? [...] ¿No es la separación del alma y el cuerpo? Y el estar muerto es la consumación de esto; cuando el alma existe en sí, y es liberada del cuerpo y el cuerpo es liberado del alma, ¿qué es esto sino la muerte? [...] ¿Y admite el alma la muerte? No. Entonces, ¿es inmortal el alma? Sí." (Phaedo (Fedón) de Platón, secciones 64, 105, según se publicó en Great Books of the Western World, 1952, edición preparada por R. M. Hutchins, tomo VII, páginas 223, 245 y 246).

La Biblia, a diferencia del filósofo pagano Platón, no dice que al hombre se le dio un alma, sino que vino a ser un alma (en realidad, un néfesh, un ser que respira).
A continuación, veamos la Traducción del Nuevo Mundo, en su versión original, y de la traducción "La Santa Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento", según la antigua versión de Casiodoro de Reina (1569), revisada por Cipriano de Valera (1602), editada en 1968 por Sociedades Bíblicas en América Latina, de acuerdo a la revisión de 1960.

Nuevo Mundo: "Y procedió Jehová Dios a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente." (Génesis 2: 7)

Reina-Valera: "Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente. c"

La Traducción del Nuevo Mundo dice "alma viviente", mientras que la versión Reina-Valera menciona "ser viviente". ¿Quién tiene la razón? Ambas traducciones.
En la versión Reina-Valera hay una referencia "c" y, al pie de página, esa llamada remite al lector a la Primera Carta a los Corintios, capítulo 15, versículo 45, que dice:
"Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente, j ...". La referencia "j" cita Génesis 2: 15.

Es evidente que si hubieran dejado la palabra néfesh como estaba, o si la hubiesen traducido literalmente "un respirador" o "un ser que respira", el resultado habría sido evitar un montón de confusiones.
La versión Levoratti-Trusso dice "ser", pero "Sagrada Biblia" (1925), Félix Torres Amat (católica) vierte "alma".
En cuanto a 1 Corintios 15: 45, que dice: "Así también está escrito: «El primer hombre Adán vino a ser alma viviente». El último Adán vino a ser un espíritu dador de vida"; muestra que las Escrituras Griegas Cristianas concuerdan con las Escrituras Hebreas en cuanto a lo que el alma es.

"El problema de la inmortalidad -como hemos visto- ocupó la atención seria de los teólogos babilonios. [...] Ni el pueblo ni los líderes del pensar religioso se encararon jamás a la posibilidad de la aniquilación total de lo que en un tiempo había recibido existencia. La muerte era un pasaje a otra clase de vida." (The Religion of Babylonia and Assyria, Boston (La Religión de Babilonia y Asiria), 1898, M. Jastrow hijo, página 556).

La creencia de un alma inmortal que sobrevive a la desaparición del cuerpo, que fue introducida en la cristiandad por teólogos apóstatas como Agustín (354 E.C. - 430) y Tomás de Aquino (1225 E.C. - 1274), sostuvo, con el tiempo, la bienaventuranza eterna en un paraíso celestial para los que hacen la voluntad de Dios o una tortura eterna para los pecadores en un infierno de fuego. Tortura eterna porque inmortal significa que no puede morir y, por lo tanto, que no puede ser destruida, sí atormentada.
La palabra "infierno" es latina y la Biblia no fue escrita originalmente en latín. No figura ni una vez en las Sagradas Escrituras del canon aceptado (primer canon para los católicos). En versiones latinas, o en traducciones en lenguajes emparentados con el latín que usaron la Vulgata Latina como texto de referencia, a veces aparece como traducción de la palabra hebrea SHeOL (tumba) o de la palabra griega HADES, que literalmente significa "el reino de los muertos", tomado del uso pagano griego, pero con el sentido cristiano de "la condición común de los muertos", "estado mortuorio" o "tumba común de la humanidad".
La palabra Seol, corresponde al hebreo SHeOL, que aparece sesenta y cinco veces en las Escrituras Hebreas. De éstas, en la versión Valera Revisada (1960), sesenta y tres son traducidas “Seol” y dos veces “sepulcro”. Pero en la popular versión Valera de 1934, SHEOL se traduce “sepulcro”, 31 veces; “sepultura”, 13; “infierno”, 11; “abismo”, 3; “profundo”, 3; “huesa”, 2; “hoyo profundo”, una vez, y “fosa”, una vez. La versión Torres Amat (1925), católica, traduce SHEOL “sepulcro”, 16 veces; “infierno”, 34; “infiernos”, 3; “infierno o sepulcro”, 2; “muerte”, 2, y “muera”, “sepultura”, “fajas mortuorias”, “infierno o muerte”, “infiernos o sepulcro”, “profundo”, “a punto de morir” y “abismo”, una vez cada una.

Entonces, ¿es inmortal el alma?
(Traducción del Nuevo Mundo)MATEO 10: 28: "Y no se hagan temerosos de los que matan el cuerpo mas no pueden matar el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena."

(Valera-Revisada): "28 y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno."

(Levoratti-Trusso): “28 No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.”

¿Gehena es el infierno?
En las Escrituras Griegas Cristianas se hace referencia a Gehena 12 veces. En cinco ocasiones la palabra está relacionada con fuego. Los traductores han vertido la expresión griega GE'EN-NAN TOU PY-ROS' "fuego del infierno" [Versión Valera 1904, Versión Moderna, Versión Popular y Torres Amat], "fuego infernal" [Bouer-Cantera, Pablo Besson y Felipe Scío de San Miguel], "infierno de fuego" [Franquesa Solé y Valera 1977], "llamas del infierno" [La Biblia al Día, Living Bibles International], "fuego del quemadero" [Nueva Biblia española], "gehena de fuego" [Biblia de Jerusalén, Nácar-Colugna (1970 - 1972) y Sagrada Biblia (1958) de Juan Straubinger] y "fuego de la gehena" [La Santa Biblia (1980), Evaristo Martín Nieto].

Antecedentes Históricos: El valle del Hinón, en hebreo GEI HINNOM, helenizado GEHENA, estaba fuera de los muros de Jerusalén. Por un tiempo fue un lugar de adoración idolátrica, incluso de sacrificio de niños. En el primer siglo el Gehena se utilizaba como el incinerador para la basura y la inmundicia de Jerusalén. Al valle se arrojaban cadáveres de animales para que se consumieran en las llamas, a las cuales se añadía azufre para ayudar a la combustión. También se echaban al Gehena cuerpos de criminales ejecutados, a quienes se consideraba indignos de ser enterrados en una tumba conmemorativa. Por eso en Mateo 5: 29,30, Jesús habló de que "todo el cuerpo" de uno fuera arrojado al Gehena. Si el cuerpo caía en el fuego que ardía constantemente, era consumido, pero si caía en un rellano del profundo barranco, su carne putrescente era infestada de los gusanos o las cresas siempre presentes (Marcos 9: 47,48). No se lanzaba a humanos vivos en el Gehena; así que no era un lugar de tormento consciente.

En Mateo 10: 28 Jesús aconsejó a sus oyentes que "[Temieran] al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena". ¿Qué quieren decir estas palabras? Note que ahí no hay ninguna mención de tormento en las llamas del Gehena; más bien, él dice que "temamos al que puede destruir en el Gehena". Al referirse por separado al "alma", Jesús enfatiza ahí que Dios puede destruir todas las perspectivas de vida de una persona; de modo que no hay esperanza de resurrección para ella. Entonces, las referencias al "Gehena ardiente" tienen el mismo significado que "el lago de fuego" de Revelación (Apocalipsis) 21: 8, a saber, destrucción, "muerte segunda". El término "muerte segunda" tiene el significado de destrucción total y definitiva, aniquilación, desaparición, inexistencia; se aplica a aquellos que, resucitados, no adaptan sus comportamientos a las normas justas de Dios en el Reino venidero y son ejecutados, muertos por segunda vez, para siempre. La esperanza de resurrección consiste en la convicción de que Dios puede implantar en un nuevo cuerpo físico los recuerdos y la personalidad de una persona muerta. Si Dios considera tan execrable a una persona que no merece su recuerdo, de hecho Él no la resucitará; "quemará su recuerdo", lo "tirará al basurero", tal como los israelitas tiraban la basura de Jerusalén al Gehena. Es el caso de todos los condenados expresamente por Dios o Jesucristo como, por ejemplo, los habitantes de Sodoma y Gomorra, los que perecieron en el Diluvio, los fariseos (como clase), etc.
Los textos considerados más arriba dicen que el "alma" puede ser destruida, pero no hablan del objeto "alma", sino de un uso figurado de esa palabra, queriendo significar la posibilidad de volver a vivir en el futuro o esperanza de resurrección.
"[...] teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena." significa:
"teman al que puede destruir tanto la posibilidad de vida futura como el cuerpo en la quema de basura de Jerusalén".
Cuando uno arroja un objeto al fuego, éste se destruye. Un cuerpo cremado se reduce a cenizas. Figurativamente, el recuerdo de una persona en la "mente" de Dios podría ser "quemado", destruido por Dios, si Él considerara a esa persona indigna de vivir. Jesús advirtió a sus oyentes que temieran al que puede hacer eso antes que a los que solo pueden quitar la vida al cuerpo, pero no pueden impedir que Dios recuerde a la persona y la resucite.


Pero la Biblia sí dice que el alma puede morir.
Ezequiel 18: 4, Traducción del Nuevo Mundo: "¡Miren! Todas las almas... a mí me pertenecen. Como el alma del padre así igualmente el alma del hijo... a mí me pertenecen. El alma que esté pecando... ella misma morirá".
Mismo pasaje, versión Reina-Valera Revisada: "He aquí todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá".
Es muy conveniente e instructivo ver cómo vierten otros intérpretes la palabra hebrea que se traduce "alma":
"ALMA": versión Moderna, Bartina Roquer, Reina-Valera (1977), Torres Amat y Nácar-Colugna, ambas católicas.
"PERSONA": Cantera Burgos-Iglesias Gonzáles, Levoratti-Trusso (católica) y La Biblia (1964, 1976), de Editorial Herder.
"HOMBRE": La Biblia al Día (1973, 1979) The Living Bibles International.

Esto no hace más que volver a confirmar que las Escrituras Hebreo-arameas no dicen que tenemos un alma, sino que somos un alma, que no hay nada que sobreviva a la muerte en el ser humano.

¿Y las Escrituras Griegas?
Santiago 5: 20: "Sepan que el que hace volver a un pecador del error de su camino salvará su alma de la muerte y cubrirá una multitud de pecados". (Nuevo Mundo)
Reina-Valera Revisada: "Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados". Aquí, la palabra griega que se traduce "alma" significa literalmente eso mismo.
Pero no "un alma" según el sentido pagano que le daban los griegos (porque así no podría morir), sino de acuerdo con el mismo significado que le daban las Escrituras hebreo-arameas.
Si no existe un alma inmortal, tampoco hay un infierno de fuego en el que castigarla eternamente.


Un argumento más.
Se supone que el infierno es un lugar de tormento en donde el alma es torturada para expurgar sus pecados, sin embargo, la Biblia no apoya esto:
Veamos dos pasajes de la Carta a los Romanos en la Traducción del Nuevo Mundo:

"7 Porque el que ha muerto ha sido absuelto de [su] pecado." (Romanos 6: 7)

"23 Porque el salario que el pecado paga es muerte, [...]" (Romanos 6: 23)

Esto, que es tan simple y concuerda con lo que cabría esperar de un Dios que es Amor, muestra que el infierno no tiene razón de ser. ¿Qué pecado que pueda cometer el hombre alcanza para justificar una tortura eterna?
Ya sea que haya matado a una persona o a seis millones de judíos, ¿qué haría un Dios que es Amor y Todopoderoso y que puede reparar cualquier mal que se haya cometido?
A su debido tiempo Él puede resucitar a todos esos muertos, por ejemplo. Entonces, resultaría más amoroso esperar un tiempo para verificar si el pecador se arrepiente y, si resulta impenitente, quitarle la vida por amor a los demás.
Esto es coherente con lo que registra Génesis 2: 16-17: “Y también impuso Jehová Dios este mandato al hombre: «De todo árbol del jardín puedes comer hasta quedar satisfecho. 17 Pero en cuanto al árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo, no debes comer de él, porque en el día que comas de él, positivamente morirás».” (Traducción del Nuevo Mundo)

Comparemos con la versión Levoratti-Trusso, católica: “16 Y le dio esta orden: «Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, 17 exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte».”

Está claro que el pecado le acarreó la muerte a Adán. Jehová le sopló el aliento de vida en su nariz y con eso él llegó a ser alguien que respira, sosteniendo su vida con el acto de respirar. Jehová era su Creador  y también su fuente de vida. Si Adán no hubiese desobedecido a su Padre hoy estaría vivo y con el aspecto y salud de un hombre de treinta años. ¿Cómo sería posible eso?  De forma análoga a lo que sucedería si yo tuviera conectado constantemente mi celular a su cargador. La batería nunca se agotaría mientras estuviera conectada a su fuente. Al pecar por rebeldía y desagradecimiento se “desconectó” de su fuente de vida y su “batería” agotó su carga sin reposición. Eso es la muerte.
¿Y por qué morimos nosotros? Porque cuando Adán pecó todavía no había tenido hijos. Todo lo que Adán era fue condenado a muerte con su desobediencia, incluida su simiente. Como dice la Biblia, toda la humanidad “estaba en los lomos de Adán”. Fuimos concebidos con “material condenado a muerte”. Pero Jehová, amorosamente, dio la vida de su Hijo, su único, para poder comprar la vida que Adán nos negó: “Ojo por ojo y diente por diente”, hombre perfecto por hombre perfecto.
Veamos, por favor, dos versiones más de la Carta a los Romanos, para confirmar que dicen lo mismo con distinto lenguaje:

Reina-Valera revisada: “7 Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.”
“23 Porque la paga del pecado es muerte, […]”

Levoratti-Trusso: “7 Porque el que está muerto, no debe nada al pecado.”
“23 Porque el salario del pecado es muerte, […]”

Hemos visto que la Biblia no solo no apoya la existencia de un alma inmortal y del infierno, sino que la contradice.
¿De quién podría ser la idea de un alma inmortal separada del cuerpo? ¿Quién se beneficiaría con esa falsa idea y por qué?

“2 La mujer le respondió: «Podemos comer del fruto de los árboles del jardín. 3 Pero del fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios dijo: ‘No deben comer de él; no, no deben tocarlo. Si lo hacen morirán’». 4 Ante esto, la serpiente le dijo a la mujer: «De ningún modo morirán».” (Génesis 3: 2-4 – Traducción del Nuevo Mundo, última versión)
Pero sí murieron: “4 Después de tener a Set, Adán vivió 800 años más. Y fue padre de hijos e hijas. 5 Así que Adán vivió 930 años en total. Entonces murió.” (Génesis 5: 4-5, Traducción del Nuevo Mundo, última versión)
Entonces, quedaba en evidencia que la serpiente había mentido…

¿Cómo perpetuar la mentira?
Introduciendo la idea de que algo invisible estaba dentro del hombre y que era liberado con la muerte, continuando su existencia en otro ámbito. Que ésta era la verdadera existencia del hombre y que la vida en un cuerpo carnal solo era “de paso”.
La idea satánica del infierno de fuego pintaba a Dios en falsos colores, porque solo un Dios cruel y vengativo podía castigar eternamente de esa manera. Es una mentira insolente y una blasfemia contra el Dios de Amor.
La gente de aquellos tiempos creía y temía mucho ese castigo, a tal punto que era un instrumento de poder para el clero de la cristiandad. La Iglesia Católica vendía indulgencias en la Edad Media. Perdonaba pecados a cambio de dinero.
Los cátaros, numerosos en el Mediodía de Francia, tenían una cantidad de creencias gnósticas falsas, pero acertaban en enseñar que el infierno no existe. Como consecuencia de esto, el Papa ordenó una cruzada, que comenzó en 1207 y culminó hacia 1243, que masacró a los integrantes de esa secta hasta casi extinguirlos.
Posteriormente no pudieron contener la Reforma Protestante, que fue motivada mayormente por el escándalo de las indulgencias, pero ambas fracciones quedaron a mitad de camino. No corrigieron la falsa doctrina del infierno de fuego, solo dejaron de cobrar para perdonar pecados.
¿Porque no se dieron cuenta? ¿Porque les servía para “convertir” por miedo? (La verdadera conversión es por amor).  No lo sé. Sin embargo, la jerarquía de la Iglesia Católica dejó un testimonio escrito que cito:
Este documento es parte de un discurso de los Cardenales al Papa Julio III cuando fue elevado a papado en 1550. Está contenido en un documento histórico, del tiempo de la Reforma, conservado en la Biblioteca Nacional de París, en la hoja B, nº 1.088, vol. II, págs. 641 -650)

"De todo el consejo que podemos ofrecer a vuestra Santidad retuvimos lo más necesario hasta el fin.
Hay que abrir bien los ojos y usar toda la fuerza posible en la cuestión, a saber:
Debe permitirse lo menos posible la lectura del Evangelio especialmente en lengua nativa, en todos los países bajo la jurisdicción. Baste la pequeña parte del Evangelio leída usualmente en la misa, y no se permita que nadie lea más.
En tanto el pueblo esté contento con esa pequeña porción, florecerán los intereses de vuestra Santidad, pero cuando el pueblo quiera leer más, sus intereses comenzarán a sufrir.
La Biblia es un libro que, más que cualquier otro, ha levantado contra nosotros los alborotos y tempestades, por los cuales casi perecemos.
De hecho, si alguien examina de cerca y compara las enseñanzas de la Biblia, con lo que ocurre en nuestras iglesias, entonces encontrará enseguida las contradicciones y comprenderá que nuestra enseñanza es muchas veces diferente a la Biblia y a menudo en oposición a esta.
Si el pueblo se da cuenta de esto nunca cesará de desafiarnos hasta que todo sea expuesto y entonces nos volveremos objeto de burlas y odios universales.
Por tanto, es necesario retirar la Biblia de la vista del pueblo, pero con cuidado, a fin de no causar tumultos”

Nuevamente: los que enseñan y se aprovechan de esa mentira, ¿a quién sirven?

Jehová escribió él mismo “no mentirás” en las tablas de la ley. De Cristo no podemos dudar de que odia la mentira y que ésta no se halló en él.

Si enseñamos una mentira, ¿con quién estamos? Hay dos opciones posibles:
·        Jehová, el Dios veraz. (Salmos 31: 5)
·        Satanás el Diablo, el padre de la mentira y un asesino desde el comienzo. (Juan 8: 44)
Es evidente que Jehová y su Hijo Unigénito no tienen nada que ver con la mentira, ya sabemos quién queda. También deberíamos tener presente lo que dijo Jesús:

El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama.” (Mateo 12: 30, Reina-Valera, revisión de 1960)





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