A diferencia de otras lenguas, los griegos reconocían cinco tipos de amor, a saber:
Xenia: el amor hospitalario. En la Antigüedad, y especialmente entre los pueblos semitas y alguno de sus vecinos, la hospitalidad era una institución. El peregrino y el viajero recibían alojamiento en el hogar de cualquier residente.
Storgue: amor por los hijos.
Eros: el amor erótico.
Phileo o philioque: el amor filial, de amistad, de hermandad.
Agape: el amor basado en principios, no sostenido necesariamente por sentimientos.
Pero, con la Biblia, he llegado a la conclusión de que estas distinciones son más bien descriptivas y aclaratorias y que, en esencia, el amor es uno. Si gusta, por favor sígame en el desarrollo de la reflexión.
Leamos, por favor, Romanos 13: 8-l0: No deban nada a nadie excepto amarse unos a otros; porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley. 9 Porque los mandamientos –“no cometerás adulterio, no asesines, no robes, no codicies” y cualquier otro mandamiento que haya- se resumen en estas palabras: “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”. 10 El amor no hace nada malo al prójimo. Por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.
Tengamos presente el versículo 10. Ahora seguiremos otra línea que converge con esta en un punto.
La Primera Carta de Juan, en el capítulo 4, versículo 8, dice:
El que no ama no ha llegado a conocer a Dios, porque Dios es amor.
No dice que Dios tiene amor, sino que es amor. Si algo o alguien son idénticos a una cosa, ese algo o alguien es intercambiable con esa cosa. Veamos un ejemplo aritmético sencillo, como ilustración. Si yo digo: “4 es 2 + 2” ó “4 es 3 +1”, entonces da lo mismo que diga “4” ó “3 + 1”. Ahora, esto hay que aclararlo un poco. Si digo que el hombre es mortal, no significa que si es mortal es hombre, porque los animales y las plantas mueren. Pero, en el caso de “Dios es amor” hay identidad, tal como en los ejemplos aritméticos. Entonces, podemos intercambiar Dios y amor en donde aparezcan, sin inconvenientes. Veamos:
1 Corintios 13: 8: El amor nunca falla, luego: Dios nunca falla. La versión Reina-Valera, 1960, dice: el amor nunca deja de ser, luego: Dios nunca deja de ser. En efecto, es cierto, Dios es eterno, no tiene ni principio ni fin. Así, por el estilo.
Pero sigamos un poco más. El Salmo 83: 18 dice: Que la gente sepa que tu nombre es Jehová, que solo tú eres el Altísimo sobre toda la tierra. (En la versión católica Torres Amat figura en el Salmo 82; 19) Como Jehová es el nombre de Dios, también podemos intercambiar Jehová con amor sin caer en contradicciones.
Aquí viene la frutilla de la torta. En Deuteronomio 6: 4, leemos:
“Escucha, oh, Israel. Jehová nuestro Dios es un solo Jehová.” De aquí podemos inferir que el amor es un solo amor. Esto concuerda con el uso único de la palabra amor en lenguas como el inglés, francés, italiano y castellano.
Ahora retomemos lo que leímos en Romanos 13: 10. Dice que el amor no obra mal al prójimo y que por eso es el cumplimiento de la ley. La ley se conformaba con no hacer mal al semejante, pero Jesús enseñó a amar haciendo a otros lo que nos gusta que nos hagan; es más, hasta dejó el mandamiento de amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él (Juan 13: 34; Juan 15: 12-13). O sea, el amor no solo no hace daño, sino que se ocupa de hacer el bien al amado. Esto se ve de manera superlativa en el amor de los padres por sus hijos, especialmente en el amor de la madre. Muchos padres se postergan y hasta sacrifican por el bien de sus hijos. Porque hay una diferencia muy grande entre querer y amar: querer es para uno y amar es para el otro.
Con esto en mente, la distinción que hicieron los griegos no significa que existan cinco amores, sino cinco aspectos diferentes de un mismo amor. Según sea la persona que tenemos enfrente, si es objeto de nuestro amor, ese amor se podrá ejercer para bien poniendo en práctica algunos aspectos y prescindiendo de otros que serían perjudiciales para el ser amado.
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