Dentro de lo que es la doctrina
de los testigos de Jehová, la cuestión de no aceptar transfusiones de sangre es
la que más irrita a la gente. Aunque, cuando es un mayor de edad, suelen decir:
“Allá él, es grande, sabe lo que hace”. Sin embargo, cuando es un menor de
edad, les produce un rechazo supremo. Muchos nos enrostran que no queremos a
nuestros hijos.
Para ellos seríamos unos seres
monstruosos capaces de dejar morir a un hijo sin sentir una pizca de dolor o
compasión. ¿Le parece que es así?
No dejamos morir a nuestros hijos
ni nos dejamos morir nosotros mismos. Solicitamos todos los tratamientos
médicos que sean pertinentes y que no usen a la sangre como medio de curación o
de sostén. De hecho, las técnicas quirúrgicas y los protocolos de uso de la sangre
han progresado muchísimo gracias, en buena parte, a nuestra firmeza en el
rechazo a esos tratamientos y, por otro lado, a la buena voluntad de los
médicos que no solo aceptan el desafío de intentar salvar la vida de una
persona, sino que quieren respetar la conciencia del paciente.
Supongamos que los testigos somos
ignorantes y supersticiosos, que nuestro rechazo a la sangre es irracional. Si
un médico o un juez nos obligaran a aceptar algo que ponga nuestra conciencia
en un estado de desaprobación frente a Dios, aunque eso nos salvara la vida,
¿qué vida nos estarían salvando? Violentar la conciencia de un ser humano es
más grave que una violación física y una muerte en vida peor que la muerte
física.
Los testigos de Jehová aceptan
los mandatos divinos porque conocen a Dios, lo aman, entienden la Biblia y
saben que Dios no pide nada por capricho ni para nuestro mal. Explicar esto a
una persona que no ama a Jehová raya en lo imposible, porque las experiencias
sensibles no son transmisibles, no basta con explicarlo. Una persona que llega
a entender la Biblia (y un curso básico lleva como seis meses, a razón de una
hora y media de estudio por semana), puede no desarrollar amor por Dios y
entonces, aunque crea comprender nuestros motivos, esa comprensión es incompleta
y no puede tener una idea cabal de qué se trata.
Para un testigo, la cuestión de
la sangre es fundamentalmente un asunto moral.
Nuestras acciones no están originadas en argumentos científicos, sino en
un amor profundo por Dios y sus principios morales. Aunque la Biblia no es un
libro científico, lo que el Creador pide no puede estar en contra de las leyes
que él mismo instituyó para que lo que se propuso llegara a ser. La ciencia
humana trata de comprender lo que existe, pero el Creador sabe lo que hizo; lo
que es, es por él. Consecuentemente, lo que la ciencia está descubriendo
debería estar cada vez más de acuerdo con lo que Dios sabe desde un principio.
Primero veremos lo que la Biblia
dice respecto a la sangre:
“28 Porque al
espíritu santo y a nosotros nos ha parecido bien no imponerles más
cargas aparte de estas cosas necesarias: 29 que
se abstengan de cosas sacrificadas a ídolos, de sangre, de animales
estrangulados y de inmoralidad sexual. Si evitan por completo estas
cosas, les irá bien. ¡Que tengan buena salud!”. –Hechos 15: 28-29, Traducción
del Nuevo Mundo.
Hechos 15:29
que se abstengan. O
“que se mantengan apartados”. El verbo usado aquí se aplica a todas las
prácticas que se mencionan a continuación. Los cristianos tenían que evitar la
idolatría, la inmoralidad sexual y el consumo de carne de animales
estrangulados, porque no habían sido bien desangrados. En lo relacionado con la
sangre, este verbo tiene un significado más amplio que simplemente no consumir
sangre. Implica evitar todo uso inapropiado de la sangre debido a su carácter
sagrado (Levítico 17:11, 14; Deuteronomio 12:23).
que se abstengan [...] de
sangre. Este decreto se basa, en último término, en el mandato de Dios
de no comer sangre. Jehová les dio este mandato a Noé, a sus hijos y, en
conclusión, a toda la humanidad (Génesis 9:4-6). Ocho siglos después, lo
incluyó en la Ley que les dio a los israelitas (Levítico 17:13-16). Y 15 siglos
más tarde, como se indica en este versículo, confirmó que seguía en vigor para
la congregación cristiana. Para Dios, abstenerse de sangre es tan importante
como evitar la idolatría y la inmoralidad sexual.
Ahora, lo que la ciencia va
descubriendo, ¿tiende a confirmar lo prudente de obedecer los mandatos divinos?
* En primer lugar, se sabe desde
hace mucho que la medicina no es una ciencia exacta. Ningún médico puede
garantizar que un paciente sanará y tampoco que morirá por no recibir un
tratamiento.
* La sangre es un tejido
extremadamente complejo y personal. Así como no hay una persona igual a otra,
tampoco sus fluidos lo son.
Hay un factor RH que puede estar
o no (RH+ y RH-). Sin embargo existen por lo menos 300 análisis para
diferenciar RH. (God, Blood and Society (1972), por
A. D. Farr, pág. 32)
El hecho de que la sangre sea un
tejido extremadamente complejo que difiera de una persona a otra tiene
importante significación con referencia a la transfusión de sangre. Esto lo
hizo notar el Dr. Herbert Silver, de la División del Banco de Sangre e Inmunohematología
del Hospital de Hartford (Connecticut, E.U.A.). Él escribió que, considerando
solo los factores sanguíneos para los cuales se pueden hacer análisis, “hay
menos de una probabilidad en 100.000 de dar a una persona sangre que sea
exactamente como la de ella.”(1)
Por consiguiente, muchas
personas, fuera que tuvieran objeciones religiosas a las transfusiones de
sangre o no, pudieran rehusar transfusiones de sangre sencillamente debido a
que se trata esencialmente de un trasplante orgánico que en el mejor de los
casos es solo parcialmente compatible con su propia sangre.
“La sangre debe considerarse
medicina peligrosa, y debe usarse con la misma cautela que, por ejemplo, la
morfina.”(2) Así, el profesor H. Busch, un director de medicina
de transfusión, terminó un informe a una asamblea de cirujanos de Alemania del
Norte. En el informe él mencionó un dilema en cuanto a las transfusiones de
sangre. Dijo que para su óptimo valor biológico la sangre donada debería de
transfundirse dentro de veinticuatro horas; después de eso los riesgos
metabólicos aumentan debido a los cambios que ocurren en la sangre almacenada.
Por otra parte, la sangre tiene que ser almacenada por lo menos por setenta y
dos horas, porque si no, puede pasar la sífilis. Y hasta análisis hechos para
identificar la sangre sifilítica no son salvaguarda, porque
no detectan la sífilis en sus primeras etapas. No hay que describir
aquí el perjuicio que le puede venir a la persona que recibe sangre infectada
de sífilis, además del perjuicio que le viene a su familia.
El informe alemán también dio
énfasis al peligro de las transfusiones de sangre que esparcen infecciones citomegalovirales
y paludismo. Se sabe que el citomegalovirus (3) es especialmente
peligroso para los menores. Con buena razón, pues, se les advirtió a los
doctores alemanes acerca de los “muy serios resultados, hasta fatales,” que
pueden tener las transfusiones de sangre. Y la Asociación Médica Americana
avisó que “con el aumento en el viaje internacional en el mundo y el regreso de
soldados desde zonas endémicas, ha aumentado la incidencia del paludismo entre
los que han recibido transfusiones de sangre.” (4)
En las zonas tropicales hay
varias otras enfermedades que se pueden transmitir por las transfusiones de
sangre, como la enfermedad de Chagas (que tiene una proporción de fatalidades
de una por cada diez casos), la tripanosomiasis africana (la enfermedad del
sueño africana), la frambesia y la filariasis. (5)
* La sangre transfundida no
funciona como tal hasta 24 horas después de transfundida.
Un artículo de fondo en Anaesthesia
(Anestesia) hizo esta significativa declaración: “Vale la pena
recordar también que la hemoglobina de
glóbulos rojos almacenados, citratados, no está
plenamente disponible para la transferencia de
oxígeno a los tejidos por unas 24 horas
después de la transfusión . . .;
por lo tanto la transfusión rápida de
sangre debe considerarse principalmente como
simplemente un medio de expandir el volumen
de la sangre en las etapas iniciales.”(6)
Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (E.U.A.) hallaron que esto se
debía a que en la sangre almacenada ocurren cambios químicos. Su investigación
mostró que la sangre que ha estado almacenada por más de diez días “no mejora
la entrega de oxígeno inmediatamente después
de la transfusión, y hasta pudiera empeorarla.”
Y descubrieron que la entrega de oxígeno todavía estaba por debajo de lo normal
veinticuatro horas después. (7)
Es ineludible, entonces, que
cualquier expansor no sanguíneo, aunque no carezca de contraindicaciones, es
ventajoso con respecto a los riesgos de infección, insuficiencia cardíaca,
reacciones alérgicas severas, cáncer e inmunomodulación, inmunodepresión o
inmunosupresión que se presentan con la sangre almacenada.
* La transfusión de sangre
completa o de glóbulos rojos aumenta las infecciones que el paciente de UTI
(unidad de terapia intensiva) puede sufrir.
“La tasa de infección en el
universo de pacientes fue de 6%. Pero, al comparar a los que recibieron
transfusiones de glóbulos rojos con los que no las recibieron, se observó que
la tasa era mucho más alta en los transfundidos que en los no transfundidos (15
y 3% respectivamente). Por lo tanto, la administración de transfusiones de
sangre en las UTI incrementaba el riesgo de infecciones nosocomiales por un
factor de 5.”
“En esta investigación, además, se comprobó que la transfusión de sangre estaba
asociada con un alto nivel de mortalidad, ya que el valor de este parámetro,
que era de 14% para todos los pacientes, aumentó a 24% en el grupo que recibió
transfusiones, en comparación con 10% del grupo de pacientes no transfundidos.
En consecuencia, la transfusión duplicaba el riesgo de morir en este tipo de
pacientes.”
“Otro estudio, en la literatura médica, también describe menores niveles de
infección y de mortalidad en los pacientes que no reciben transfusiones. Dicho
de otro modo, un paciente al que se le hace una transfusión en la UTI, tiene
más probabilidades de contraer una infección y, por lo tanto, mayor riesgo de
morir.”
“En esta misma investigación se encontró también una relación, según la cual,
cuanto más alto el número de transfusiones que el paciente recibía, tanto mayor
sería la probabilidad de que el paciente tuviera una infección o muriera
durante su estadía en la UTI.”
“En un estudio realizado en pacientes con cáncer colorrectal, se encontró que
la sobrevida de los pacientes no transfundidos era de 73%, significativamente
mayor que la sobrevida de los transfundidos (60%). Aquí quedó demostrado que en
este grupo de pacientes la transfusión se asocia significativamente con un
mayor riesgo de muerte.” (Publicado en MEDWave, Revista revisada por pares,
Congresos, Publicado el 1 de julio de 2004 | http://doi.org/10.5867/medwave.2004.06.962.
También se han registrado infecciones y muertes entre mujeres que querían ser madres y niños con atrofia de crecimiento. Se les suministraba una hormona de crecimiento y esta sustancia resultó estar infectada con virus de ECJ (Enfermedad de Creutsfeldt-Jacob). La hormona se extraía de pituitarias humanas y ciertas personas estaban infectadas con esos virus; inclusive, algunas mujeres tratadas con la hormona dieron sangre y contagiaron a otras mujeres que no tenían el mismo problema. Se teme que haya sangre infectada en los bancos, pues no existe prueba para detectar el virus
* Inmunomodulación, inmunodepresión
o inmunosupresión producida por transfusiones de sangre.
La inmunomodulación por
transfusión (IMPT) consiste en los cambios inmunológicos que produce la sangre
alogénica en el receptor de la transfusión. En algunos casos esto es
beneficioso, por ejemplo, en un trasplante de riñón. La transfusión ayuda a que
el riñón extraño no sea rechazado. Se desconoce el mecanismo por el que esto
ocurre. Sin embargo, con la cantidad de infecciones intrahospitalarias esto
resulta simultáneamente riesgoso, porque el paciente podría adquirir
enfermedades graves que pusieran en riesgo su vida.
* La sangre almacenada puede
producir hemorragias internas
Para poder conservar una unidad
de sangre se agrega un anticoagulante. En pacientes en los que se realizan
varias transfusiones suelen ocurrir hemorragias internas debido a la presencia
de estas sustancias.
* Los glóbulos rojos de la sangre
almacenada cambian de forma con el paso del tiempo.
El primer día los glóbulos lucen
lisos y con su forma normal. Veinte días después tienen bordes dentados y
disminuye notablemente su capacidad de transportar oxígeno. A los 31 días están
tan deformados que, si usted pudiera verlos, no aceptaría que le suministraran
esa sangre.
Esto es nada más que un
sobrevuelo rápido por los problemas y riesgos que tienen las transfusiones de
sangre. El ejército de Estados Unidos de América, el más poderoso del mundo,
movilizó 500 mil hombres (8) en la Guerra del Golfo. No utilizó unidades
sanguíneas, sino Dextrán hierro (9) para atender a los heridos. Es el mismo
tratamiento que suelen pedir los testigos, aunque se agrega eritropoyetina, para
acrecentar aún más la renovación de glóbulos rojos o eritrocitos.
1) The Journal of the American Medical Association (Diario de la Asociación Médica Americana), 12 de abril de 1976, pág. 1611.
2) Die Welt, 9 de diciembre de 1974.
3) El papa Juan Pablo II contrajo citomegalovirus en 1981, como consecuencia de las transfusiones de sangre que recibió después del atentado. (Considere que se le concede rango de jefe de estado)
4) General Principles of Blood Transfusion (1973), pág. 15.
5) Tropical Diseases Bulletin, septiembre de 1972, págs. 828, 848.
6) Anaesthesia, marzo de 1975, pág. 150.
7) The Dispatch de Columbus, Ohio, 31 de agosto de 1972, pág. 1B.
(8) En el campo de batalla
pelearon unos 4 mil hombres, la movilización total incluye guerra electrónica,
informática, drones e inteligencia, que pudieron hacerse desde EEUU u otros lugares
fuera de la zona de combate.
(9) Expansor no sanguíneo
coloidal con agregado de hierro para aumentar la producción de glóbulos rojos. El uso de este expansor está desaconsejado para diabéticos.