El reconocido biólogo Richard Dawkins,
además un divulgador científico, realizó una cuenta de cuántos muertos son atribuibles a Jehová y cuántos a
Satanás, según lo que él interpreta de lo registrado en la Biblia. En su
libro El espejismo de Dios (The God Delusion), dice que Jehová mató a más de dos millones de
personas (Diluvio, plagas, Sodoma y Gomorra, etc.) y le asigna a Satanás solo
diez muertes, los diez hijos de Job. Evidentemente, este hombre no pudo haber
leído toda la Biblia tan exhaustivamente como para tener una comprensión
razonable de lo que dice; leer la Biblia, no siendo la única ocupación de una
persona, lleva todo un año y nadie que no tenga fe o un deseo honesto y desprejuiciado de saber puede hacerlo. Este hombre
es alguien que no quiere creer y que pretende que los demás rechacen lo que él
desprecia; en esas condiciones no puede tener la paciencia para encarar un
estudio completo e imparcial, sin prejuicios. La Biblia no menciona cuántos
seres humanos murieron en el Diluvio, por dar un ejemplo, él reconoce esto y
hace una estimación. No obstante demuestra una ignorancia bíblica
descomunal, falta de razonamiento racional (1) e incomprensión de textos. Esto
no me sorprende: “3 Si
las buenas noticias que anunciamos están ocultas con un velo, están ocultas
para los que van rumbo a la destrucción, 4 para
los no creyentes, a quienes el dios de este sistema les ha cegado la
mente, a fin de que no brille sobre ellos la luz de las gloriosas
buenas noticias acerca del Cristo, que es la imagen de Dios.” – 2 Corintios 4:
3-4, Traducción del Nuevo Mundo. Por favor, compare con otras versiones.
El trabajo de Dawkins se utiliza para
cuestionar la moralidad bíblica y los colores en que se pintan las
personalidades de Dios, Satanás y los demonios.
Veamos cuál es la realidad:
Jehová Dios le dijo a Adán que no
comiera del fruto de un árbol en el centro del jardín de Edén, porque el día
que lo probara moriría. Sin embargo, esto no significaba en sí mismo una
tentación, porque podían alimentarse hasta saciarse de los numerosos árboles
que había en el jardín. El mandato no generaba carencias.
Sabemos que Adán comió del fruto. ¿Lo
mató Dios? No, no lo mató, lo condenó a lo que le había advertido amorosamente
desde el principio. No hagas esto, porque te irá mal (Si lo haces, tú invocaste
el mal sobre ti, yo no quería que te sucediera; de lo contrario, no te hubiera
advertido – Génesis 3: 17). Para dejar más claro el asunto: yo sé que si no
tengo bajo mis pies algo que me sostenga caeré hasta una cosa que detenga mi
movimiento más abajo. Si estoy parado al borde de un precipicio y doy un paso
al frente, no es Dios que me condena y ejecuta, es mi tontedad la que me quita
la vida. Dios es claro y nos lee “la letra chica” antes de poner en vigencia
algo, Él quiere que nos vaya bien (”Ahora, oh, Israel,
¿qué te está pidiendo Jehová tu Dios? Solo te pide que temas a Jehová tu
Dios, que andes en todos sus caminos, que lo ames, que sirvas a Jehová tu
Dios con todo tu corazón y con toda tu alma 13 y
que obedezcas los mandamientos y estatutos de Jehová que te estoy mandando hoy
por tu bien. – Deuteronomio 10: 12-13, Traducción del Nuevo Mundo).
Satanás le hizo una pregunta a Eva: “¿De veras les dijo Dios que no pueden
comer de todos los árboles del jardín?”. 2 La mujer le respondió: “Podemos comer
del fruto de los árboles del jardín. 3 Pero,
del fruto del árbol que está en medio del jardín, Dios dijo: ‘No deben
comer de él; no, no deben tocarlo. Si lo hacen, morirán’”. 4 Ante esto, la serpiente le dijo a la
mujer: “De ningún modo morirán. 5 De hecho, Dios sabe
que el mismo día en que coman de él se les abrirán los ojos y serán como Dios:
conocerán lo bueno y lo malo”. – Génesis 3: 1-5
En el versículo 4 Satanás acusa a Dios de mentiroso. En el 5
no dice nada que no se supiera, pero movilizó a Eva a que quizás pensara en el
motivo por el que Dios los privaba del fruto. En el pensamiento de Eva que
siguió a la mentira del Diablo (significa Calumniador) parece que pudo haber
puesto en tela de juicio la buena intención de Jehová y hasta hacer que
sospechara de que lo hacía por egoísmo, que los estaba privando de algo que
ellos podían disfrutar. Dios no niega al hombre el discernimiento moral, lo que
sucede es que la mente humana no tiene capacidad para conocer el resultado
final de una acción y, por eso, no puede tener una visión inequívoca de lo que
es bueno o malo para todos, para el bien de todos. Seguir los amorosos consejos
de Dios es siempre lo más sabio. Tenemos libre albedrío, pero limitado por
nuestras capacidades, que no son suficientes como para tener autonomía moral.
Ahora bien, la primera pareja humana no había tenido
hijos y si ellos morían en un día
literal no se hubiera cumplido el propósito de Dios enunciado en Génesis 1: 28:
que tuvieran hijos y supervisaran la tierra y lo que había en ella.
La palabra de Dios es
inefable, se cumple siempre, no hay nada que pueda evitarlo (Isaías 55: 11).
Por eso Dios los dejó vivir el tiempo suficiente para que tuvieran descendencia
y cumplieran con el propósito que Jehová les había manifestado. Por la misma razón, la muerte en Adán
era algo ineludible. La expresión hebrea que usa el Texto significa “muriendo
morirás”.
Toda la prole de Adán nació con la muerte dentro de sí,
porque la simiente de Adán tenía la misma condena que su dueño. Por eso
morimos, por el pecado de nuestro padre Adán (2).
Consecuentemente, Satanás, al matar a la primera pareja humana con su
mentira (3), asesinó a toda la humanidad (4); es el asesino serial más importante de
toda la eternidad. Nadie, ni Hitler, ni Stalin, ni Atila, es imposible
superarlo, el arquetipo del odio, la crueldad y la bajeza.
Dios es la fuente de vida. Si el hombre no se hubiera alejado
de Él, si no hubiera renunciado a su guía, nadie tendría que haber muerto, ni
envejecido, ni enfermado. Toda la humanidad está muerta en Adán. Pero puede
vivir si ejerce fe en Jehová y en su Hijo, un espíritu dador de vida. Dios
proveyó la solución a este problema. Pero depende de su elección. Recuerde que
la palabra de Dios es inefable y le dio libre albedrío.
Se estima que la cantidad
de muertos desde Adán y Eva es un número similar al de la gente “viva”
actualmente: unos 8mil millones de personas.
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