El Evangelio según Juan, en el capítulo 5, dice: 25 “Muy verdaderamente les digo: La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivirán. 26 Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha concedido también al Hijo el tener vida en sí mismo. 27 Y le ha dado autoridad para hacer juicio, por cuanto es Hijo del hombre. “28 No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz 29 y saldrán, los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles a una resurrección de juicio.” – Traducción del Nuevo Mundo.
Muchos pastores de la cristiandad interpretan que esto significa que las personas serán juzgadas por los pecados cometidos antes de su muerte, pero esto va en contra de lo que las Escrituras dicen.
Para empezar, la Biblia dice: “23 Porque el salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.” – Romanos 6: 23, Traducción del Nuevo Mundo.
“23 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” – Reina-Valera, revisión de 1960.
“23 Porque el salario del pecado es la muerte,
mientras que el don gratuito de Dios es la vida eterna, en Cristo Jesús,
nuestro Señor.” – El Libro del Pueblo de Dios. La Biblia. Traducción
Levoratti-Trusso y ocho colaboradores, católica.
En la misma carta apostólica (Romanos 6: 7) dice:
“Porque el que ha muerto ha sido
absuelto de [su] pecado.” – Traducción del Nuevo Mundo.
“Porque el que
ha muerto, ha sido justificado del pecado.” – Reina-Valera (1960).
“Porque el que
está muerto, no debe nada al pecado.” – Levoratti-Trusso.
Si la muerte
cancela la deuda que el pecado provoca con Dios, es evidente que la
resurrección de juicio es para responder por los actos que se cometan a partir
de ella.
Esto concuerda
muy bien con las afirmaciones de 1ª de Juan 4: 8, 16 (Dios es amor) y de 1ª a
los Corintios 13: 4-5:
“4 El amor es
sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, 5 no
se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente
provocado. No lleva cuenta del daño.”
– Traducción del Nuevo Mundo.
“4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no
tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no
hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;” –
Reina-Valera 1960.
“4 El amor es paciente,
es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, 5
no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en
cuenta el mal recibido,” – Levoratti-Trusso.
En Edén Jehová le dijo a Adán que el día que comiese del fruto moriría. Enunció el castigo que tenía la desobediencia: muerte. Si por los textos antecitados vemos que el castigo por el pecado es la muerte, no tiene sentido que Dios resucite a una persona que murió para que muera de nuevo (El pecado no le debe nada a la muerte; no se juzga dos veces el mismo delito). Además, un Dios que llevara la cuenta de todas las faltas de un individuo para enrostrárselas el día en que lo resucite, sería un Dios rencoroso y vengativo, cruel y despiadado. Un Dios “muy poco amor”. ¿No le parece?
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