domingo, 31 de octubre de 2021

Duración de la vida de los mamíferos

 

Los mamíferos son una clase de animales que resulta muy variada en tamaños, aspectos y conductas de vida. Tenemos, por ejemplo, el más pequeño hámster, de 5 cm de longitud y 25 gramos de peso corporal, y una gigantesca ballena azul, de treinta metros y 70 toneladas. ¡Toda una variedad!

Una de las características de los mamíferos es que todos respiran con aliento y que tienden a mantener una temperatura uniforme en sus cuerpos (homotermia). Según el tamaño de cada animal le será más o menos fácil  mantener ese calor constante si la temperatura exterior varía. El calor fluye del cuerpo más caliente al menos caliente y se pierde (o gana) de tres formas diferentes a través de la superficie del animal, que es la que está en contacto con el medio ambiente. El volumen corporal ayuda a mantener el calor (dificulta su pérdida y favorece su almacenamiento). Los animales más pequeños tienen mucha superficie en relación a su volumen y consumen más energía que los más voluminosos para conservar su temperatura corporal. Esto significa que tendrán una frecuencia cardíaca mayor y que consumirán más alimento en relación a su peso. Hagamos un cálculo comparativo con un mismo animal, para evitar tener que saber cosas que ignoramos. Hay 19 especies conocidas de hámsteres, agrupadas en 7 géneros. En la más pequeña, el individuo adulto llega a los 5 cm de longitud y, en la más grande, hasta 17,5 cm. Tomemos a la más chica y supongamos que tenemos los conocimientos y el poder de hacer un animal idéntico, pero más grande. Hagamos un hámster de 50 cm de longitud; o sea, linealmente diez veces más grande, y que sea semejante al original. Esto significa que aumentamos diez veces todas sus medidas en todas  las direcciones y que lo hacemos conservando todas las propiedades físico-químicas y su constitución orgánica y funcional  invariantes. Un animal totalmente semejante al original, pero diez veces más grande en todas sus medidas lineales. Inmediatamente, sabemos que su superficie será cien veces mayor a la del hámster original, pero su volumen resultará mil veces superior, y su peso también. ¿Qué le sucedería al hámster más grande? Probablemente moriría “cocinado en su propia salsa”. El pequeño está diseñado para generar un suministro de energía suficiente para garantizar su supervivencia en su escala.

Si tomamos como “1”  a su relación superficie/volumen, el más grande tendrá una relación igual a 100/1000, o sea, una décima parte de la de su pariente menor, pero con un volumen mil veces mayor al original. Como lo hicimos funcionalmente idéntico, acumulará calor excesivamente y morirá.

Esto muestra que las comparaciones que suelen hacer algunos científicos “sensacionalistas” son insensatas. Por ejemplo: se dice que una pulga salta 200 veces la longitud de su cuerpo. Esto es cierto. Lo que carece de sentido es decir: “si fuera del tamaño de un hombre, saltaría a una altura de 340 metros”. Por lo menos, es de un sentido muy vago. Hay que ver si una pulga de 1,70 metros de altura tendría la capacidad de saltar tan alto y hasta de sobrevivir a su crecimiento (y a la caída). Cualquier aeromodelista sabe que un modelo a escala de un avión real no puede volar, si la escala es lo suficientemente reducida. Por eso, los modelos a escala de aviones reales muchas veces deben construirse con alas más anchas y largas que las que tiene el original (lo que se denomina semi-escala); las fórmulas matemáticas que garantizan que un avión vuele varían con el tamaño y la velocidad.

Supongamos que un gorrión tiene una altura de 7 centímetros, que pesa 50 gramos y que sus alitas pueden elevar un peso de 140 gramos, o sea, los 50 gramos que pesa el gorrión y 90 gramos de carga (yo he visto a un gorrión luchar denodadamente para levantar un pan de cien gramos y no poder elevarse a más de 15 centímetros del suelo, hasta descender por agotamiento). Si hiciéramos un gorrión linealmente diez veces más grande, pesaría 50 kilogramos y sus alas tendrían la capacidad de elevar 14 kilogramos (la superficie de las alas es cien veces más grande). Ni siquiera podría volar. No sé cuánto pesa un gorrión, pero observe que si el peso real fuera de 20 gramos, todavía sus alas no serían capaces de levantarlo en vuelo si aumentáramos diez veces todas sus medidas lineales. Este tipo de problemas ya los estudió el grandioso Galileo Galilei (1564-1642).

Un equipo de científicos se dedicó a estudiar cómo variaba la frecuencia del pulso en función del tamaño de cada animal investigado y luego observaron cuánto duraba la vida de cada especie de mamíferos con relación a su frecuencia cardíaca.

Ya vimos que los más pequeños tienen frecuencias cardíacas más elevadas, porque necesitan compensar la mayor pérdida de calor que tienen los organismos de menor tamaño. Cuando volcaron en una gráfica las duraciones de las vidas de diferentes mamíferos en función de sus frecuencias cardíacas, se dieron cuenta de que el producto de las frecuencias cardíacas, en latidos por minuto, y la duración de la vida correspondiente, en minutos, tendían a dar un resultado constante. Esa cantidad era de 1.500 millones de latidos de su corazón. Dicho de otra forma, el producto frecuencia de latidos por duración de vida es constante. Por supuesto, no todos los organismos tienen el mismo tiempo de vida, 1.500 millones es una constante de orden de magnitud. Esto quiere decir que la duración de la vida de un organismo particular dependerá de muchos factores y será la que resulte, pero no estará muy lejos de esta cifra experimental. Observe que una variación de un millón y medio de latidos en el transcurso de la vida de un mamífero es el uno por mil de la constante empírica.

Volviendo al hámster de 5 cm de desarrollo máximo, en cautiverio vive 1-3 años. Los de 10 cm viven 2-3 años en las mismas condiciones. Si uno busca la frecuencia cardíaca de un hámster, dicen que es de 450 latidos por minuto. Considerando los minutos que hay en un año civil, haciendo el producto de latidos por minuto y la duración de un año en minutos, y dividiendo 1.500 millones por el producto obtenido, el resultado es de 6 años. Pero viven un máximo de 3 años. Para que vivieran de acuerdo a la ley empírica, sus latidos deberían ser de 950 por cada minuto. Sin embargo, he visto que los más grandes, en vida silvestre, sobreviven entre 7 y 8 años como máximo. Hay que considerar, entonces, que a las mascotas se las encierra en una pecera y la prisión estresa. El estrés aumenta la frecuencia cardíaca y, si es prolongado, causa daño al individuo, puede hasta matarlo. Esto se observa en las aves de corral. Es indudable que la vida es muy variada y compleja. Por ejemplo: la ballena azul tiene entre 25 y 37 latidos por minuto en superficie, cuando respira normalmente. Cuando bucea en apnea (conteniendo la respiración) sus latidos bajan a 2 por cada minuto. Es de esperar que con las ballenas la diferencia con la constante teórica sea mayor que la que exista con otras especies. Pero las cuentas dan bien para la mayoría de los mamíferos. La vida de un león es del orden de los cuarenta, cuarenta y tantos años, y concuerda bien con los cálculos.

Hay una sola excepción totalmente fuera de la ley matemática: el hombre.

Un ser humano adulto tiene una frecuencia cardíaca normal de 60 pulsos por minuto. Neil Armstrong llegó a los 150 en condiciones extremas de ansiedad y estrés. Con sesenta pulsos, el hombre debería vivir 47 años y medio. En nuestro país el promedio de vida actual está en los 77 años. El ser humano puede llegar a vivir hasta 120-122 años, aunque muy pocos lo logran. Pero, con excepción de países muy pobres, es común que encontremos personas de 80-85 años. Sin embargo, esto no es todo.

La capacidad cerebral es muy superior a lo que se requeriría para una vida de 80-85 años. Venimos con equipo sobredimensionado para lo que dura una vida humana.


¿Qué tiene esto de particular?

Los procesos físico-químicos de la materia inerte se rigen por el principio de mínima acción. La acción es el producto de energía y tiempo. Todo ocurre con el mínimo gasto de energía posible. En cambio, los procesos de la vida no verifican ese principio general de la física. Las estructuras complejas y tan ordenadas de la vida requieren un gasto de energía mayor al que ocurre con lo no animado. Pero la vida ahorra materia. El principio que rige a la vida es que no importa demasiado cuánta energía consuma para mantenerla, sino que la materia usada sea la mínima en cada circunstancia.

Que tengamos un cerebro más capaz de lo que necesitamos en la duración actual de la vida humana es una transgresión mucho más grave y significativa que vivamos unos años más. No conozco el fundamento, pero leí que para poder usar la capacidad de nuestro cerebro de manera cabal, deberíamos ir a la escuela 100 años. Evidentemente, habría mucha deserción en los últimos años y, si nos recibiéramos, tampoco podríamos aprovechar lo aprendido por más de un exiguo tiempo.

La ciencia se calla la boca y algunos hombres de fe se atreven a decir que el hombre no fue creado para morir. La evidencia biológica parece dar la razón a los últimos.

Pero, ¿no es que la humanidad viene enfermando, envejeciendo y muriendo desde el principio de los tiempos?

Sí, es cierto. Adán no hubiese muerto si no pecaba, porque él estaría, así, en buena relación con Dios, su fuente de vida. Él tendría que haber permanecido joven y sano hasta hoy; con el aspecto y la salud perfecta de un hombre de 30 años, pero con algo más de seis mil años de existencia. Dios es el Creador y la fuente de vida. Para él no sería nada hacer que un ser hecho a su imagen y semejanza permaneciera pleno el tiempo que Él decida. Para que se entienda: si dejara un teléfono celular conectado a su fuente, la batería no se descargaría nunca (nunca no, permanecería con carga hasta que se deteriore por el límite de ciclos de recarga). En cambio, si lo desconecto, esa batería se irá agotando hasta que el teléfono quede sin energía e inerte. Esto último sería similar a la muerte. Adán abandonó a Dios, que era su fuente de vida y se agotó. Como no había tenido descendencia hasta entonces, su prole vino después de la condena a muerte de Adán; fuimos hechos con material reservado para destrucción (la simiente de Adán también estaba condenada), una sentencia divina inexorable.

Por eso, la muerte entró en escena por un solo hombre y se extendió a todos los hombres. – Romanos 5: 12-14


¿Y qué quiere Dios? 

Que seamos plenos y felices para siempre, como era su voluntad al principio. Para eso es el Reino de Dios, que muchos piden -sin saber muy bien lo que significa- cuando repiten la oración modelo de Jesús: “Venga a nosotros tu Reino”. Sin embargo, este tema es para el blog de teología.

 

jueves, 13 de mayo de 2021

"El "Padrenuestro" explicado


Los discípulos le pidieron a Jesús que les enseñara a orar. En el Evangelio según Mateo 6: 9-13 y en el Evangelio según Lucas 11: 1-4 se registra que Jesús les respondió con una oración modelo, que no era para rezar, es decir, para repetir una y otra vez como el eco o un perico. Orar es hablar con Dios y con Dios se habla desde el corazón (compare con Mateo 6: 7). La persona tiene que derramar el contenido de su corazón ante el Padre y lo que Jesús quiso destacar es qué es muy importante que anide en nuestros corazones y qué cosas deberían aparecer a menudo en nuestra comunicación con el Padre.
Analicemos, entonces, la oración modelo, versículo por versículo:

“Padre nuestro que estás en los cielos”

El Dios Padre Todopoderoso, creador de todo cuanto existe, está “en los cielos”. ¿Qué significa esto? Génesis 1: 1 dice: “En [el] principio Dios creó los cielos y la tierra”. Dios es un ser eterno que no tiene principio ni fin, pero la Creación tuvo un principio. Cuando la Biblia dice que el Padre está en los cielos quiere significar que está en un lugar altísimo, por encima de todo. Pero este lugar está fuera del universo, pues es donde Dios estaba antes de crearlo. Lo importante es que Dios es el Supremo, el Altísimo sobre todas las cosas. Esto último es lo que tiene que tener muy presente quien ora: a quién se está dirigiendo.

“Santificado sea tu nombre”

¿Santificado? ¿Qué nombre? Vamos por partes. Santo significa limpio y apartado. La santidad o limpieza es una cualidad fundamental de Dios que él mismo cuida muchísimo, pues, si acaso la perdiera, no habría nadie mayor que él para limpiarlo. Es una ley universal que los poderes no pueden ser usados para beneficio propio, sino para favorecer al que es menor. Esto puede verse con claridad en la primera tentación de Jesús por el Diablo. Jesús fue conducido al desierto y ayunó por cuarenta días y cuarenta noches. Una vez que hubo concluido su ayuno sintió hambre. El Tentador le dijo a Jesús: “Si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se conviertan en panes”. El pecado no era que comiera, sino que usara sus poderes para satisfacerse a sí mismo. Dicho sea de paso: es evidente que cuando Jesús multiplicó los peces y los panes para alimentar a una multitud, tampoco comió de eso. Cuando oramos a Dios debemos hacerlo a través de Jesús porque somos pecadores y estamos sucios. Si el Cristo se ensucia al tener contacto con los pecadores, el Padre es mayor que él y puede limpiarle (Vea Juan 14: 28). Pero si Dios pierde su santidad no hay nadie mayor que Dios para que pueda limpiarle.
También esto va en contra de la falsa doctrina de la trinidad. El Credo Atanasiano dice: “el Padre es Dios, el Hijo es Dios, y el Espíritu Santo es Dios, y sin embargo no son tres dioses, sino un solo Dios.” (The Catholic Encyclopedia, New York, 1912, tomo XV, página 47) 
También Cyclopaedia of Biblical, Theological and Ecclesiastical Literature, New York, 1871, por John M’Clintock y James Strong, tomo II, páginas 560, 561, refiere: “[…] Y en esta Trinidad nadie está antes ni después del otro; nadie es mayor ni menos que el otro. Antes bien, todas las tres personas son coeternas juntas, y coiguales. De modo que en todas las cosas, como ya se ha mencionado, la Unidad en Trinidad y la Trinidad en Unidad ha de adorarse. […]”.
Sin embargo, Jesús dijo: “Asciendo a mi Padre y Padre de ustedes y a mi Dios y Dios de ustedes”. (Juan 20: 17) 

También, en la versión Reina-Valera de 1977, se registra que Jesús dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que diga alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero el que la diga contra el Espíritu Santo, no le será perdonado ni en esta época ni en la venidera.” (Si el Espíritu Santo fuera una persona y fuera Dios, este texto sería una contradicción rotunda de la doctrina de la Trinidad, porque significaría que de algún modo el Espíritu Santo sería mayor que el Hijo. Más bien, lo que Jesús  dijo muestra que el Padre, a quien pertenecía el “Espíritu” (1) , es mayor que Jesús, el Hijo del Hombre)

¿Qué nombre?

Cuando uno pregunta a la gente cuál es el nombre de Dios muchas personas responden “Jesús”, otras dicen “Señor” y  algunas “Dios”. Pero “Señor” y “Dios” son títulos, como “rey” o “presidente”. En Juan 20: 17 ya vimos que Jesús tiene un Dios, él no es Dios de sí mismo. Por lo tanto, Jesús no es nombre de Dios.
En algunas traducciones de la Biblia figura el nombre de Dios en Salmos 83: 18. En otras versiones el mismo salmo está numerado como 82, y el versículo como 19. En la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, el Salmo 83: 18 dice: “para que la gente sepa que tú, cuyo nombre es Jehová, tú solo eres el Altísimo sobre toda la tierra”.
En realidad este nombre personal de Dios aparece por primera vez en Génesis 2: 4 y figura 6.973 veces en toda la Biblia. Originalmente se escribía con cuatro consonantes del alfabeto hebreo: Yod – He – Vau – He, expresión que es conocida como el Tetragrámaton. Este nombre se escribía sin las vocales, que eran añadidas por el lector. Si bien siempre fue tratado con un profundo respeto, era de uso común y muchos sabían su pronunciación correcta. En los días de Jesús todavía estaba en uso y era pronunciado en voz alta por lo menos una vez al año por el sumo sacerdote en el Templo.
Con el tiempo se desarrolló una superstición que exageraba el mandamiento de no pronunciar en vano el nombre de Dios. Todos dejaron de mencionar en voz alta el nombre y la pronunciación fue olvidada. En su lugar, los lectores decían Adonai, “Mi Señor Soberano” o “ha Shem”, “El Nombre”. De estas dos frases hebreas provienen Jehová o Jehovah y Yahvé o Yahveh, respectivamente. Esto pasó porque ciertos copistas de los textos bíblicos añadieron los símbolos vocálicos de “Adonai” y de “ha Shem” al Tetragrámaton, porque de esta forma el lector recordaba que debía sustituir el nombre divino por los eufemismos antecitados (eufemismos, porque ellos consideraban que pronunciar el nombre de Dios en voz alta era pecado). Jehová, Yahvé (y otras formas eruditas menos conocidas) es muy probable que no pronuncien correctamente el nombre. La forma más conocida en castellano es Jehová y aplica exclusivamente al Único Dios Verdadero. Al usar su nombre para honrarlo no hay posibilidad de que la honra sea mal entendida y atribuida a otra persona. Tampoco Jesús se pronuncia así en hebreo y nadie objeta eso.
El Tetragrámaton proviene de un verbo hebreo que significa “llegar a ser”. Da el sentido de “Él Causa que Llegue a Ser” e identifica a Dios como un Ser Supremo que siempre cumple sus promesas y realiza inexorablemente sus propósitos. (Vea Isaías 55: 11)
El nombre de Dios siempre ha conservado en sí mismo su santidad, pero ha sido despreciado por los enemigos de Dios y por quienes tan solo no creen en él. Lo que pide la oración es que el nombre vuelva a ser considerado sagrado por los hombres. Esto se cumplirá cuando el reino de Dios tome el poder sobre toda la tierra y gobierne a la humanidad sobreviviente al Armagedón; especialmente una vez que todos los que deban resucitar en el reino sean reeducados, convertidos y al final del gobierno milenario de Cristo entregados al Padre como sus verdaderos hijos y adoradores. 

Venga a nosotros tu reino

¿Qué es un reino? Un reino es el ámbito en donde ejerce poder un rey, un dominio. El rey es la autoridad sobre ese dominio. Y el rey gobierna sobre el territorio y los seres que viven en él. Un reino es un gobierno.
Muchos piensan que las personas van al reino de Dios cuando mueren. Pero, en ese caso, el versículo debería decir: “Déjanos ir a tu reino” o “permite que vayamos a tu reino”. Sin embargo, dice “venga a nosotros”.


¿Por qué y para qué tiene que venir a nosotros el reino de Dios? Esto se responde en el próximo verso.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo

Un rey gobierna su dominio según su entendimiento y voluntad. Si Jesús nos enseñó a pedir que el reino de Dios haga su voluntad en la tierra así como se hace en el cielo, es porque en la tierra no se hace la voluntad del Rey. Eso es evidente con solo observar el estado calamitoso del mundo; la iniquidad y el desafuero abundan y mucha gente sufre.
Es impensable que un Dios de amor no se conmueva por las enfermedades, las muertes, el hambre, las violaciones, los robos y tantas otras cosas malas que hay sobre este “suelo maldito por tu causa” (Vea, por favor, Génesis 3: 17, 1 Juan 5: 19 y Proverbios 3: 1-6, Isaías 48: 17-18, Deuteronomio 30: 19-20). Fue el hombre quien abandonó a Dios y es quien debe volver a Él.
¿Por qué permitió y sigue permitiendo la maldad  Dios? Esta es una pregunta muy importante a la que no daremos respuesta aquí, pero la tiene, y es muy esclarecedora.
Como la rebelión de la primera pareja humana fue en contra del derecho que tiene Dios de gobernar a sus creaciones y todo este desastre que vivimos es la demostración indiscutible de que el gobierno del hombre por el hombre solo puede provocar sufrimiento, los adoradores de Dios deben tener grabado a fuego en sus corazones que únicamente Dios puede gobernar a la humanidad para nuestro bien y pedir con fervor que vuelva a gobernarnos.

El pan nuestro de cada día danos hoy

Es cierto que llevar el alimento a nuestras casas cuesta un esfuerzo cada vez más grande para el trabajador. Esfuerzo que, por otra parte, está especificado en la Biblia como el castigo que Dios le dio a Adán por su insolente, desagradecida y desamorada desobediencia a quien le había dado tantas cosas buenas y de manera gratuita. Tan solo tenía que obedecer un único mandato.
Pero, más allá de su duro trabajo, hay muchas cosas que escapan a nuestro poder. ¿Puede hacer usted que llueva para que los campos produzcan el alimento? ¿Diseñó usted el universo y las leyes físico-químicas que lo gobiernan? ¿Creó a los seres vivos?
La respuesta es obvia. Además, hay que considerar que Dios es la fuente de vida y que si mañana nos levantamos para trabajar no es por decisión propia, ni por poder, ni porque lo merezcamos. Los procesos que hacen que nuestro planeta sea nuestro hogar son maravillosos, todavía esta tierra maldita por el pecado de nuestros primitivos padres contiene cosas que deslumbran. No olvidemos que esta tierra que habitamos es lo que queda de la creación divina, lo que la maldición dejó. Es inimaginable lo que será el paraíso restaurado cuando Dios vuelva a gobernar a la humanidad.

Perdónanos nuestras deudas (o nuestras ofensas, o nuestros pecados), así como nosotros perdonamos a nuestros deudores (o a los que nos ofenden, o a nuestros ofensores)

Si amáramos con plenitud nunca deberíamos pedir perdón. Lea con detenimiento y reflexione en lo que dice Romanos 13: 8-10. Pero fallamos y necesitamos de la misericordia de Dios. Toda falta descubre un amor insuficiente. La Biblia es clara cuando dice:
“8 Si hacemos la declaración: «No tenemos pecado», a nosotros mismos nos estamos extraviando y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia. 10 Si hacemos la declaración: «No hemos pecado», lo estamos haciendo mentiroso a él, y su palabra no está en nosotros.” (Primera de Juan 1: 8-10)
“23 Porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios, 24 y como dádiva gratuita que por su bondad inmerecida se les está declarando justos mediante la liberación por el rescate [pagado] por Cristo Jesús. 25 Dios lo presentó como ofrenda para propiciación mediante fe en su sangre.”  (Romanos 3: 23-25)
Necesitamos el perdón y éste es por bondad inmerecida. Por lo tanto, habiendo recibido tanta bondad, deberíamos hacer lo mismo con los que nos ofenden, aún con nuestros enemigos. Y es obligación que lo hagamos.
Amar a nuestros enemigos: Mateo 5: 43-45.
Dejar de juzgar a otros: Lucas 6: 37-38; Mateo 9: 13.
Si somos perdonados, debemos perdonar a otros: Mateo 18: 23-35. 




Y no nos dejes caer en la tentación

Santiago 1: 13-15 dice: “13 Al estar bajo prueba, que nadie diga: «Dios me somete a prueba». Porque con cosas malas Dios no puede ser sometido a prueba, ni somete a prueba él mismo a nadie. 14 Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo [o sea, tentado]. 15 Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz al pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte.”
De esta forma, uno cae en la tentación (o no) según su propia decisión y fortaleza interior. Al hombre le fue dado el libre albedrío y Dios respeta a sus creaciones, deja elegir. Pero advierte, enseña, aconseja, explica.
¿Cómo puede ser cierta esta afirmación sin que Dios afecte el libre albedrío del hombre? Si el hombre ama a Dios y a sus justos principios con toda su alma. Cuando el hombre busca la instrucción, la guía de Dios, dedicará tiempo a leer las Escrituras, se esforzará en poner en práctica lo que aprende, cultivará su espiritualidad y, por lo tanto, le será más fácil no caer en tentación, porque será enseñado por el Altísimo en sus caminos. Dios hará derechas sus sendas. Esto es un acto voluntario y no afecta el libre albedrío. Dicho en otras palabras: si el hombre usa su libre albedrío para reconocer que Dios debe guiarle en sus decisiones importantes.

Más líbranos del mal

Este petitorio es similar al anterior. Hoy día, uno se libra del mal en gran forma si se acerca a Dios, lo ama, y cumple o se esfuerza al máximo por observar sus principios morales. Inclusive, está escrito: “Sujétense, por lo tanto, a Dios; pero opónganse al Diablo, y él huirá de ustedes.” - (Santiago 4: 7)  Un ser humano fiel a Dios, sin embargo, podría verse envuelto en una guerra (en la injusticia propia de este sistema, mientras dure), o en un desastre natural, y sufrir males aún estando cerca de Dios. Si acaso muriera, para eso está la resurrección en el reino de Dios. La liberación del mal será completa cuando el reino ejerza poder total sobre la tierra. Por eso, cuando se pide que nos libre del mal también se está rogando por la venida del reino.
Cuando el reino de Dios destruya definitivamente a Satanás y sus demonios, en unos mil años en el futuro, esa liberación será mayúscula. Inclusive, durante el gobierno milenario de Cristo sobre la humanidad, el Diablo estará abismado con sus ángeles y no podrán hacer daño a los hombres.


(1)El cisma entre la Iglesia Católica Apostólica y Romana y la Iglesia Ortodoxa Griega se produjo cuando la primera quiso hacer provenir el espíritu santo tanto del Padre como del Hijo, mientras que la segunda se mantuvo firme en que provenía solamente del Padre. De cualquier forma, el que se perdone la blasfemia contra uno y no contra otro indica inequívocamente desigualdad.




miércoles, 24 de marzo de 2021

¿Por qué y para qué murió Jesús?

 

Vimos que Dios advirtió amorosamente a Adán  que no debía comer el fruto de cierto árbol en el centro del jardín; algo que no necesitaban, porque había alimento bueno y en abundancia. Al rebelarse contra Dios, la primera pareja humana no solo sufrió una condena ineludible a muerte sino que, para reforzar lo hecho, se desconectaron de su fuente de vida. Todo lo que había en Adán estaba muerto aunque todavía viviera. Además,  nosotros heredamos la muerte adámica porque fuimos hechos con una simiente condenada a la destrucción. No habíamos nacido cuando Adán pecó y después él estaba muerto por condena divina. Por consiguiente, cualquier cosa que saliera de él compartía el mismo fin.

 

Ahora, ¿por qué murió Jesucristo y para qué?

Dios tenía un propósito para la humanidad y ese deseo divino era bueno. Además, los hijos de Adán no se habían decidido por sí mismos a cometer pecado y en eso eran inocentes. Adán no había tenido descendencia cuando pecó. Si moría dentro de un día terrestre, la humanidad no nacía. Para cumplir con su buen propósito, Dios pospuso la condena de Adán y la humanidad pudo nacer, pero con la muerte heredada, porque estaba hecha con material condenado por Dios.

Los designios de Dios jamás cambian. Dios no se equivoca.  Había que encontrar una manera de revertir la muerte de los hijos de Adán sin deshacer lo ocurrido.

 

De eso se trataba. Los propósitos de Dios no cambian y siempre llegan a ser, como lo indica el propio nombre de Dios: el Tetragrámaton significa “Él Causa que Llegue a Ser” y lo identifica con quien siempre cumple con sus designios. Jehová debía idear  una secuencia de actos que comprara o rescatara la vida perfecta de Adán para su prole (no para él) y así darles la posibilidad de poder vivir otra vez “conectados” a Dios, sin envejecer ni enfermar. Así, con el tiempo llegarían a recuperar la condición de perfección y, por lo tanto, de hijos de Dios (Dios no tiene hijos imperfectos). La rebelión de Satanás y la primera pareja humana cambió el escenario e introdujo algo que Dios no quería en su Creación. Para cumplir su propósito sin alteraciones Dios tuvo que actuar para encaminar las cosas hacia donde debían ir.

Ahora bien, si había que comprar o rescatar la vida de Adán para su prole, la justicia obliga a pagar el precio exacto por lo que se desea comprar. Adán era un hombre perfecto y valía lo mismo que otro hombre perfecto. Pero toda la descendencia de Adán estaba sumida en la imperfección, la degradación y la muerte. Dicho de otra manera, si era justo pagar una vida humana perfecta por otra de igual condición, toda la humanidad junta no alcanzaba el valor de lo que se debía. Mucho menos el sacrificio de animales.

Hebreos 10: “Porque, puesto que la Ley tiene una sombra de las buenas cosas por venir, pero no la sustancia misma de las cosas, nunca pueden [los hombres] con los mismos sacrificios que ofrecen continuamente de año en año perfeccionar a los que se acercan. 2 De otro modo, ¿no habrían dejado de ofrecerse los [sacrificios], por cuanto los que rendían servicio sagrado, habiendo sido limpiados una vez para siempre, no tendrían ya ninguna conciencia de pecados? 3 Al contrario, por estos sacrificios se hace recordar los pecados de año en año, 4 porque no es posible que la sangre de toros y de machos cabríos quite los pecados.” (¿Entiende, ahora, lo que significa “ojo por ojo y diente por diente”?)

Era necesario proveer otro hombre perfecto, un segundo o último Adán (Vea, por favor, 1 Corintios 15: 45-47; 15: 22).

 

Pero, ¿cómo conectar jurídicamente el sacrificio de un hombre perfecto con el rescate de los hijos caídos de Adán? Creando un marco jurídico, una ley. Dios mismo escribió las tablas de la Ley que le dio a Moisés y, posteriormente, Moisés escribió por inspiración unas seiscientas leyes reglamentarias que conformaron la Ley en su conjunto. El estudio de todas las funciones que cumplió este conjunto de normas es extenso y demasiado profundo como para desarrollarlo aquí. Por ahora es necesario decir tres cosas:

1) Ningún hombre imperfecto podía cumplirla a cabalidad (1 Juan 1: 8; Romanos 5: 12; Romanos 3: 22-23). Ese incumplimiento parcial lo hacía infractor de toda la ley (Santiago 2: 10-11) y lo condenaba a muerte, algo que no agregaba nada al futuro del hombre, porque ya estaba muerto en Adán. Sin embargo, esta imposibilidad conllevaba dos efectos muy deseables para la salvación del hombre:

a) Apuntaba a que los hombres se dieran cuenta de que necesitaban un Redentor.

b) A los hombres de buen corazón, que se esforzaran por cumplirla, les daría una vida más digna y menos dañina para los demás.

 2) La Ley prometía la vida sin perspectiva de muerte a quien cumpliera con todos sus mandatos.  (Romanos 10: 5: “Porque Moisés escribe que el hombre que ha cumplido la justicia de la Ley vivirá por ella.”)

3) Si alguien moría injustamente habiendo cumplido toda la Ley, generaba una deuda de vida para con esa persona. Esa deuda, justamente, sería la que permitiría comprar la vida de Adán que su prole había perdido por culpa de su padre.

 

Jesús jamás pecó, ni con el pensamiento. Fue la única persona que cumplió cabalmente la Ley y se hizo acreedor a la vida de duración indefinida, aún para siempre. Al ser sacrificado como el peor de los criminales, la injusticia del acto provocó una deuda que resultó del mismo valor que lo que se había perdido.

Esta salvación está disponible para cualquier persona que ejerza fe en él y en el que lo envió. En el Reino de Dios, que viene, se liberará a la humanidad obediente de la imperfección, la enfermedad y la muerte. La humanidad obediente vivirá por siempre en la tierra convertida en un paraíso de paz y abundancia, como siempre debió ser.


¿Por qué muere el hombre?

 

Las ciencias biológicas han avanzado mucho en los últimos años. Sin embargo, preguntas tales como, ¿por qué envejece y muere el hombre?, no tienen una respuesta completa y definitiva desde la ciencia.

Si excluimos al hombre, los demás mamíferos viven mil quinientos millones de latidos de su corazón. Este es un número de orden de magnitud. Cada individuo transgredirá orgánicamente esa cota en más o en menos, pero no se alejará mucho del valor teórico.

Los procesos físico-químicos inorgánicos se desarrollan de tal forma que el producto de energía por tiempo se mantiene en un mínimo. Esto se conoce en física como “principio de mínima acción”. Los procesos biológicos, en cambio, no ahorran energía, sino sustancia. Si usted quiere “ver” esta última idea, observe una catedral gótica. Los techos y las torres llegan a una altura vertiginosa con el mínimo de materiales necesarios para el fin, al igual que los huesos de las aves, por ejemplo.

Si hacemos un cálculo grosero, vemos que un hombre no debería vivir más que unos 40-41 años. El pulso normal de un adulto está alrededor de 70 latidos por minuto y, según las circunstancias de la vida, este pulso puede variar de 60 a 100 latidos por minuto. Pero un bebé o un niño pequeño tienen mayor frecuencia cardíaca; esto porque, a menor tamaño, es mayor el cociente entre la superficie por la que pierde calor y el volumen que conserva ese calor. El metabolismo debe acelerar para mantener el calor y la vida de los más pequeños. Un hámster, por ejemplo, vive unos cuatro años, porque su pulso está enormemente incrementado debido a que es muy pequeño. También los seres vivos  de tamaño mínimo son más voraces, comen más en relación a su peso, porque hay que sostener semejante esfuerzo por la vida. Un perrito de menos de 13 kg tiene un pulso de 100-160 latidos por minuto, mientras que otros más grandes están en 60-100.

Ahora bien, da la casualidad de que el promedio de vida del hombre estuvo un tiempo en 45 años, pero no siempre fue así. En la Biblia, el Salmo 90: 10 dice:

“Nuestra vida dura apenas setenta años,

y ochenta, si tenemos más vigor;

en su mayor parte son fatiga y miseria,

porque pasan pronto, y nosotros nos vamos.” (Levoratti-Trusso, católica)

La Biblia atribuye este salmo a Moisés quien, según la cronología bíblica, lo escribió 1.610 años antes de nuestra era. Pero no todos creen en la Biblia. La Alta Crítica sostiene que Moisés nunca existió y que sus cinco libros fueron la obra de un conjunto de sabios judíos que se reunió unos 500 años antes de nuestra era. Así, según ellos, este salmo dice cuánto vivía el hombre hace 2.500 años. Es notable que el promedio actual de vida en nuestro país esté en los 77 años, aproximadamente. ¿Y la vida máxima del hombre? Parece haber un límite infranqueable en los 120 años. Hasta que no se comprenda bien cómo funcionan los telómeros y el proceso de envejecimiento, será muy improbable que la ciencia pueda alargar la vida a más de ese límite. ¿Quiere saber qué dice la Biblia al respecto? “Entonces el Señor dijo: «Mi espíritu no va a permanecer activo para siempre en el hombre, porque este no es más que carne; por eso no vivirá más que ciento veinte años.” (Génesis 6: 3, Levoratti-Trusso) – “Después de eso dijo Jehová: «Ciertamente no obrará mi espíritu para con el hombre por tiempo indefinido, ya que él también es carne. Por consiguiente, sus días tendrán que llegar a ser ciento veinte años».” (Génesis 6:3, Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, versión original de estudio)

La versión orgánica del principio de mínima acción es la economía de materia en los procesos de la vida. La observación de cómo está constituido el cerebro y del uso que podemos llegar a darle en 70 u 80 años de vida nos indica que el hombre tiene más equipo del que puede usar en su corta existencia. Este despilfarro de sustancia y el principio de un mínimo de materia que parece regir a los seres vivos nos inducen a pensar que el hombre fue hecho para vivir mucho más de lo estamos acostumbrados. La Biblia no solo apoya esto, sino que nos deja ver que podríamos vivir indefinidamente y sin envejecer, en ciertas condiciones.

¿Cómo es que la muerte se extendió a todos los hombres?

Cuando Dios creó al hombre, lo puso en un entorno paradisíaco, con plena salud, en paz con los animales, con abundancia de comida y clima benigno. Lo creó adulto, con un lenguaje suficiente a su capacidad intelectual y, con posterioridad, le dio una mujer joven y sana para que le hiciera compañía y fuese la madre de su descendencia.

Dios solo puso una condición para tanta generosidad: que no comieran el fruto de un único árbol que estaba en medio del jardín. La comida estaba disponible en abundancia por todas partes. Veamos lo que dice la versión Reina-Valera, revisión de 1960:

16. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;

17. mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Génesis 2: 16-17)

Eva fue engañada por el espíritu detrás de la serpiente y comió del fruto. Luego  lo ofreció a Adán, que no fue engañado y desobedeció directamente a Dios. Eva pasó por encima de la autoridad de su marido, pero Adán había escuchado el mandato divino y pecó voluntariamente. Sucedió algo que muchos han pasado por alto. Vimos que Dios dijo: “… el día quecomieres, […] morirás”. Adán y Eva no habían tenido descendencia, ni ella se hallaba embarazada cuando pecaron. Aún si hubiese estado embarazada en ese momento, un día terrestre literal de 24 horas no hubiera permitido un nacimiento, si la ejecución de la sentencia divina ocurría dentro de ese tiempo. ¿Qué dice la Biblia al respecto?

 

“3Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. 4Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. 5Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió.” (Génesis 5:3, Reina-Valera, revisión 1960)

La Alta Crítica observa que el libro del Génesis tiene diferentes estilos de escritura; además, ciertas historias se cuentan dos veces y desde distintos puntos de vista, aún con detalles diferentes. Concluyen que Moisés no existió y que la Torá (o el Pentateuco) fue escrito por un consorcio de sabios judíos cerca del año 500 antes de nuestra era. En este capítulo 5, por ejemplo, menciona a Set como si fuera el primogénito, y también que tuvo otros hijos e hijas. (Para los que preguntan de dónde sacó una esposa Caín, este capítulo responde que tomó a una hermana o a una sobrina)

En realidad, la explicación es otra. Si a usted alguien le encargara escribir acerca de la Revolución de Mayo, es obvio que no estuvo ahí y que no podría contar nada por experiencia propia. En consecuencia, debería buscar documentos de la época. Eso mismo hizo Moisés con escritos conservados por su pueblo o tomados de las bibliotecas egipcias. Hay once documentos en el libro del Génesis, que Moisés eligió por inspiración divina entre muchos que quizás no dijeran la verdad. Moisés había sido criado y educado como un príncipe egipcio y hasta podía haber accedido al trono si los que tenían prioridad quedaban excluidos. (Vea, por favor, Hechos 7: 21-22)

Nosotros sabemos que Eva quedó encinta y dio a luz a Caín Posteriormente nació Abel. Caín mató a Abel y luego de la muerte de Abel, nació Set, que significa “reposición, sustituto o reemplazo”. Caín perdió la primogenitura por su crimen, Abel estaba muerto y Set vino a sustituir a sus dos hermanos anteriores en cuanto a la herencia. Todo parece indicar que hasta el nacimiento de Set no hubo otros varones más que ellos y que había algunas mujeres nacidas durante el tiempo entre el nacimiento de Caín y el de Set.  Esta historia está en el capítulo cuatro.

Pero, ¿por qué continuó vivo Adán por tanto tiempo, si Dios le había dicho que el día en que pecara moriría? ¿Mintió Dios? ¿Incumplió su palabra?

La palabra hebrea que se traduce “día” admite, también la traducción “época”, “era” o “tiempo/s”. ¿Podía significar otra cosa diferente a un día terrestre de 24 horas? Yo podría decir: “El día de mi juventud”. Mi juventud ya se fue, pero no duró literalmente un día. Considerando toda mi vida como si hubiera transcurrido en un día, podría decir que el sol se está poniendo en mi existencia. Pero no podemos hacer una traducción antojadiza de la Palabra de Dios. Escudriñemos las Escrituras para encontrar la respuesta en el mismo Libro.

“8 Sin embargo, no vayan a dejar que este hecho en particular se les escape, amados, que un día es para Jehová como mil años, y mil años como un día.” (2ª Carta de Pedro 3: 8, Traducción del Nuevo Mundo, versión original de estudio)

 

Aquí la Biblia afirma que mil años son para Dios, que es un ser eterno, sin principio ni fin, como un día terrestre para nosotros. Es la misma palabra “día” que aparece en el Génesis cuando se describe la creación del mundo. La Palabra habla de seis días creativos, pero no fueron de 24 horas como creen muchos.

No se apresure en sacar conclusiones. El Salmo 90 dice:

“4 Porque mil años son a tus ojos solo como el día de ayer cuando ha pasado,

Y como una vigilia durante la noche.”

Una vigilia o guardia nocturna duraba entre tres y cuatro horas, según la época del año. Las noches de verano son más cortas que las de invierno. Los judíos dividían la noche y el día en doce horas iguales. En la Biblia, “día”, cuando no se refiere a un día terrestre, significa un tiempo largo. Adán no llegó a cumplir mil años, murió “en el día de Dios”. Dios no mintió.

Todavía nos falta encontrar la respuesta a por qué Dios permitió que transcurriera tanto tiempo para ejecutar la sentencia. Ya veremos que no fue “tan así” la demora.

“11 así resultará ser mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados, sino que ciertamente hará aquello en que me he deleitado, y tendrá éxito seguro en aquello para lo cual la he enviado.” (Isaías 55: 11, Nuevo Mundo)

La palabra que pronuncia Dios es una potencia, siempre se cumple. Jehová no cambia de parecer ni actúa por capricho. Sus designios no pueden evitarse, son inexorables. Dios creó todo cuanto existe por amor, no por necesidad, ni por aburrimiento. Todo lo que Él hace es  por amor y busca el bien general de sus creaciones.

Génesis 1: 28 dice:

“Además los bendijo Dios y les dijo Dios: «Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la tierra y sojúzguenla, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra».”

Si Adán y Eva morían antes de tener descendencia no se cumpliría este designio de Dios. Era una cosa buena que la humanidad se extendiera por toda la tierra y no resultaba amoroso truncar ese propósito. Como vimos, en realidad, ese propósito no podía truncarse de ninguna forma.

Ya estamos en condiciones de responder la pregunta principal que motiva este escrito: ¿Por qué muere el ser humano? También el interrogante en el subtítulo.

Está claro que el pecado le acarreó la muerte a Adán (Romanos 6: 23). Jehová le sopló el aliento de vida en su nariz y con eso él llegó a ser alguien que respira, sosteniendo su vida con el acto de respirar. Jehová era su Creador  y también su fuente de vida. Si Adán no hubiese desobedecido a su Padre hoy estaría vivo y con el aspecto y salud de un hombre de treinta años. ¿Cómo sería posible eso?  De forma análoga a lo que sucedería si yo tuviera conectado constantemente mi celular a su cargador. La batería nunca se agotaría mientras estuviera conectada a su fuente. Al pecar por rebeldía y desagradecimiento se “desconectó” de su fuente de vida y su “batería” agotó su carga sin reposición. Eso es la muerte.

¿Y por qué morimos nosotros? Porque cuando Adán pecó todavía no había tenido hijos. Todo lo que Adán era fue condenado a muerte por su desobediencia, incluida su simiente. Como dice la Biblia, toda la humanidad “estaba en los lomos de Adán”. Fuimos concebidos con “material condenado a muerte”. Aunque Adán estaba físicamente vivo, como la condena a muerte era inexorable, resultaba estar muerto en vida.

Esto se ve con mucha claridad en un pasaje de Apocalipsis o Revelación (Apocalipsis, en griego, significa “Correr el Velo”, “Revelar”), capítulo 20, versículos 4 y 5:

4 Y vi tronos, y hubo quienes se sentaron en ellos, y se les dio poder para juzgar. Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios, y los que no habían adorado ni a la bestia salvaje ni a su imagen, y que no habían recibido la marca sobre la frente ni sobre la mano. Y llegaron a vivir, y reinaron con el Cristo por mil años. 5 (Los demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que se terminaron los mil años.)

Hay un rebaño, pequeño en comparación con otro mayor, que va al cielo a gobernar junto con el rey del Reino de Dios. Aquí, ese rey fue Jesucristo, resucitado como un espíritu poderoso. Ese reino o gobierno celestial ejercerá su poder sobre los seres humanos que sobrevivan al Armagedón y a todos los que resuciten después, durante el milenio en el que el Reino gobernará a la humanidad. Pero aún los que sobrevivieron al Armagedón, que serán los que se esforzaron por conocer a Dios y poner sus vidas lo más cerca posible de lo que Dios pretende que los hombres sean, tendrán que trabajar para llegar a ser considerados vivos por Dios. La salud física y la juventud serán alcanzadas relativamente pronto, pero los estragos espirituales que el pecado causó en la humanidad serán eliminados tras una labor educativa monumental que llevará mil años. Al cabo de ese tiempo, el Rey, Sacerdote, Maestro y Médico presentará y entregará a la familia humana a su Dios y Padre y Dios nuestro (Juan 20: 17). A partir de ese acto Jehová reinará amorosamente sobre sus hijos perfectos, como siempre debió ser.

31 Respecto a la resurrección de los muertos, ¿no leyeron lo que les habló Dios al decir: 32 ‘Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el Dios de Jacob’? Él es el Dios, no de los muertos, sino de los vivos”. (Mateo 22: 31)