Las ciencias
biológicas han avanzado mucho en los últimos años. Sin embargo, preguntas tales
como, ¿por qué envejece y muere el hombre?, no tienen una respuesta completa y
definitiva desde la ciencia.
Si excluimos
al hombre, los demás mamíferos viven mil quinientos millones de latidos de su
corazón. Este es un número de orden de magnitud. Cada individuo transgredirá
orgánicamente esa cota en más o en menos, pero no se alejará mucho del valor
teórico.
Los procesos
físico-químicos inorgánicos se desarrollan de tal forma que el producto de
energía por tiempo se mantiene en un mínimo. Esto se conoce en física como
“principio de mínima acción”. Los procesos biológicos, en cambio, no ahorran
energía, sino sustancia. Si usted quiere “ver” esta última idea, observe una
catedral gótica. Los techos y las torres llegan a una altura vertiginosa con el
mínimo de materiales necesarios para el fin, al igual que los huesos de las
aves, por ejemplo.
Si hacemos un
cálculo grosero, vemos que un hombre no debería vivir más que unos 40-41 años.
El pulso normal de un adulto está alrededor de 70 latidos por minuto y, según
las circunstancias de la vida, este pulso puede variar de 60 a 100 latidos por
minuto. Pero un bebé o un niño pequeño tienen mayor frecuencia cardíaca; esto
porque, a menor tamaño, es mayor el cociente entre la superficie por la que
pierde calor y el volumen que conserva ese calor. El metabolismo debe acelerar
para mantener el calor y la vida de los más pequeños. Un hámster, por ejemplo, vive
unos cuatro años, porque su pulso está enormemente incrementado debido a que es
muy pequeño. También los seres vivos de
tamaño mínimo son más voraces, comen más en relación a su peso, porque hay que
sostener semejante esfuerzo por la vida. Un perrito de menos de 13 kg tiene un
pulso de 100-160 latidos por minuto, mientras que otros más grandes están en
60-100.
Ahora bien,
da la casualidad de que el promedio de vida del hombre estuvo un tiempo en 45
años, pero no siempre fue así. En la Biblia, el Salmo 90: 10 dice:
“Nuestra vida
dura apenas setenta años,
y ochenta, si
tenemos más vigor;
en su mayor
parte son fatiga y miseria,
porque pasan
pronto, y nosotros nos vamos.” (Levoratti-Trusso, católica)
La Biblia
atribuye este salmo a Moisés quien, según la cronología bíblica, lo escribió
1.610 años antes de nuestra era. Pero no todos creen en la Biblia. La Alta
Crítica sostiene que Moisés nunca existió y que sus cinco libros fueron la obra
de un conjunto de sabios judíos que se reunió unos 500 años antes de nuestra
era. Así, según ellos, este salmo dice cuánto vivía el hombre hace 2.500 años.
Es notable que el promedio actual de vida en nuestro país esté en los 77 años,
aproximadamente. ¿Y la vida máxima del hombre? Parece haber un límite
infranqueable en los 120 años. Hasta que no se comprenda bien cómo funcionan
los telómeros y el proceso de envejecimiento, será muy improbable que la
ciencia pueda alargar la vida a más de ese límite. ¿Quiere saber qué dice la
Biblia al respecto? “Entonces el Señor dijo: «Mi espíritu no va a permanecer
activo para siempre en el hombre, porque este no es más que carne; por eso no
vivirá más que ciento veinte años.” (Génesis 6: 3, Levoratti-Trusso) – “Después
de eso dijo Jehová: «Ciertamente no obrará mi espíritu para con el hombre por
tiempo indefinido, ya que él también es carne. Por consiguiente, sus días
tendrán que llegar a ser ciento veinte años».” (Génesis 6:3, Traducción del
Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, versión original de estudio)
La versión
orgánica del principio de mínima acción es la economía de materia en los
procesos de la vida. La observación de cómo está constituido el cerebro y del
uso que podemos llegar a darle en 70 u 80 años de vida nos indica que el hombre
tiene más equipo del que puede usar en su corta existencia. Este despilfarro de
sustancia y el principio de un mínimo de materia que parece regir a los seres
vivos nos inducen a pensar que el hombre fue hecho para vivir mucho más de lo
estamos acostumbrados. La Biblia no solo apoya esto, sino que nos deja ver que
podríamos vivir indefinidamente y sin envejecer, en ciertas condiciones.
¿Cómo es que la muerte se extendió a todos
los hombres?
Cuando Dios
creó al hombre, lo puso en un entorno paradisíaco, con plena salud, en paz con
los animales, con abundancia de comida y clima benigno. Lo creó adulto, con un
lenguaje suficiente a su capacidad intelectual y, con posterioridad, le dio una
mujer joven y sana para que le hiciera compañía y fuese la madre de su
descendencia.
Dios solo
puso una condición para tanta generosidad: que no comieran el fruto de un único
árbol que estaba en medio del jardín. La comida estaba disponible en abundancia
por todas partes. Veamos lo que dice la versión Reina-Valera, revisión de 1960:
16. Y mandó Jehová Dios al hombre,
diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17. mas
del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente
morirás. (Génesis 2: 16-17)
Eva fue
engañada por el espíritu detrás de la serpiente y comió del fruto. Luego lo ofreció a Adán, que no fue engañado y
desobedeció directamente a Dios. Eva pasó por encima de la autoridad de su
marido, pero Adán había escuchado el mandato divino y pecó voluntariamente. Sucedió
algo que muchos han pasado por alto. Vimos que Dios dijo: “… el día que… comieres, […] morirás”. Adán y Eva no habían tenido descendencia, ni ella se
hallaba embarazada cuando pecaron. Aún si hubiese estado embarazada en ese momento,
un día terrestre literal de 24 horas no hubiera permitido un nacimiento, si la
ejecución de la sentencia divina ocurría dentro de ese tiempo. ¿Qué dice la
Biblia al respecto?
“3Y
vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a
su imagen, y llamó su nombre Set. 4Y fueron los días de Adán
después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. 5Y
fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió.”
(Génesis 5:3, Reina-Valera, revisión 1960)
La Alta
Crítica observa que el libro del Génesis tiene diferentes estilos de escritura;
además, ciertas historias se cuentan dos veces y desde distintos puntos de
vista, aún con detalles diferentes. Concluyen que Moisés no existió y que la
Torá (o el Pentateuco) fue escrito por un consorcio de sabios judíos cerca del
año 500 antes de nuestra era. En este capítulo 5, por ejemplo, menciona a Set
como si fuera el primogénito, y también que tuvo otros hijos e hijas. (Para los
que preguntan de dónde sacó una esposa Caín, este capítulo responde que tomó a
una hermana o a una sobrina)
En realidad,
la explicación es otra. Si a usted alguien le encargara escribir acerca de la
Revolución de Mayo, es obvio que no estuvo ahí y que no podría contar nada por
experiencia propia. En consecuencia, debería buscar documentos de la época. Eso
mismo hizo Moisés con escritos conservados por su pueblo o tomados de las
bibliotecas egipcias. Hay once documentos en el libro del Génesis, que Moisés
eligió por inspiración divina entre muchos que quizás no dijeran la verdad.
Moisés había sido criado y educado como un príncipe egipcio y hasta podía haber
accedido al trono si los que tenían prioridad quedaban excluidos. (Vea, por
favor, Hechos 7: 21-22)
Nosotros
sabemos que Eva quedó encinta y dio a luz a Caín Posteriormente nació Abel.
Caín mató a Abel y luego de la muerte de Abel, nació Set, que significa
“reposición, sustituto o reemplazo”. Caín perdió la primogenitura por su
crimen, Abel estaba muerto y Set vino a sustituir a sus dos hermanos anteriores
en cuanto a la herencia. Todo parece indicar que hasta el nacimiento de Set no
hubo otros varones más que ellos y que había algunas mujeres nacidas durante el
tiempo entre el nacimiento de Caín y el de Set.
Esta historia está en el capítulo cuatro.
Pero, ¿por
qué continuó vivo Adán por tanto tiempo, si Dios le había dicho que el día en
que pecara moriría? ¿Mintió Dios? ¿Incumplió su palabra?
La palabra
hebrea que se traduce “día” admite, también la traducción “época”, “era” o
“tiempo/s”. ¿Podía significar otra cosa diferente a un día terrestre de 24
horas? Yo podría decir: “El día de mi juventud”. Mi juventud ya se fue, pero no
duró literalmente un día. Considerando toda mi vida como si hubiera
transcurrido en un día, podría decir que el sol se está poniendo en mi
existencia. Pero no podemos hacer una traducción antojadiza de la Palabra de
Dios. Escudriñemos las Escrituras para encontrar la respuesta en el mismo
Libro.
“8 Sin embargo,
no vayan a dejar que este hecho en particular se les escape, amados, que un día
es para Jehová como mil años, y mil años como un día.” (2ª Carta de Pedro 3: 8,
Traducción del Nuevo Mundo, versión original de estudio)
Aquí la
Biblia afirma que mil años son para Dios, que es un ser eterno, sin principio
ni fin, como un día terrestre para nosotros. Es la misma palabra “día” que
aparece en el Génesis cuando se describe la creación del mundo. La Palabra
habla de seis días creativos, pero no fueron de 24 horas como creen muchos.
No se
apresure en sacar conclusiones. El Salmo 90 dice:
“4 Porque mil
años son a tus ojos solo como el día de ayer cuando ha pasado,
Y como una
vigilia durante la noche.”
Una vigilia o
guardia nocturna duraba entre tres y cuatro horas, según la época del año. Las
noches de verano son más cortas que las de invierno. Los judíos dividían la
noche y el día en doce horas iguales. En la Biblia, “día”, cuando no se refiere
a un día terrestre, significa un tiempo largo. Adán no llegó a cumplir mil años,
murió “en el día de Dios”. Dios no mintió.
Todavía nos
falta encontrar la respuesta a por qué Dios permitió que transcurriera tanto
tiempo para ejecutar la sentencia. Ya veremos que no fue “tan así” la demora.
“11 así
resultará ser mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí sin resultados,
sino que ciertamente hará aquello en que me he deleitado, y tendrá éxito seguro
en aquello para lo cual la he enviado.” (Isaías 55: 11, Nuevo Mundo)
La palabra
que pronuncia Dios es una potencia, siempre se cumple. Jehová no cambia de parecer
ni actúa por capricho. Sus designios no pueden evitarse, son inexorables. Dios
creó todo cuanto existe por amor, no por necesidad, ni por aburrimiento. Todo
lo que Él hace es por amor y busca el
bien general de sus creaciones.
Génesis 1: 28
dice:
“Además los
bendijo Dios y les dijo Dios: «Sean fructíferos y háganse muchos y llenen la
tierra y sojúzguenla, y tengan en sujeción los peces del mar y las criaturas
voladoras de los cielos y toda criatura viviente que se mueve sobre la tierra».”
Si Adán y Eva
morían antes de tener descendencia no se cumpliría este designio de Dios. Era
una cosa buena que la humanidad se extendiera por toda la tierra y no resultaba
amoroso truncar ese propósito. Como vimos, en realidad, ese propósito no podía
truncarse de ninguna forma.
Ya estamos en
condiciones de responder la pregunta principal que motiva este escrito: ¿Por
qué muere el ser humano? También el interrogante en el subtítulo.
Está claro
que el pecado le acarreó la muerte a Adán (Romanos 6: 23). Jehová le sopló el
aliento de vida en su nariz y con eso él llegó a ser alguien que respira,
sosteniendo su vida con el acto de respirar. Jehová era su Creador y también su fuente de vida. Si Adán no
hubiese desobedecido a su Padre hoy estaría vivo y con el aspecto y salud de un
hombre de treinta años. ¿Cómo sería posible eso? De forma análoga a lo que sucedería si yo
tuviera conectado constantemente mi celular a su cargador. La batería nunca se
agotaría mientras estuviera conectada a su fuente. Al pecar por rebeldía y
desagradecimiento se “desconectó” de su fuente de vida y su “batería” agotó su
carga sin reposición. Eso es la muerte.
¿Y por qué
morimos nosotros? Porque cuando Adán pecó todavía no había tenido hijos. Todo
lo que Adán era fue condenado a muerte por su desobediencia, incluida su
simiente. Como dice la Biblia, toda la humanidad “estaba en los lomos de Adán”.
Fuimos concebidos con “material condenado a muerte”. Aunque Adán estaba
físicamente vivo, como la condena a muerte era inexorable, resultaba estar
muerto en vida.
Esto se ve
con mucha claridad en un pasaje de Apocalipsis o Revelación (Apocalipsis, en
griego, significa “Correr el Velo”, “Revelar”), capítulo 20, versículos 4 y 5:
4 Y
vi tronos, y hubo quienes se sentaron en ellos, y se les dio poder para juzgar.
Sí, vi las almas de los que fueron ejecutados con hacha por el testimonio que
dieron de Jesús y por hablar acerca de Dios, y los que no habían adorado ni a
la bestia salvaje ni a su imagen, y que no habían recibido la marca sobre la
frente ni sobre la mano. Y llegaron a vivir, y reinaron con el Cristo por mil
años. 5 (Los
demás de los muertos no llegaron a vivir sino hasta que se terminaron los mil
años.)
Hay un
rebaño, pequeño en comparación con otro mayor, que va al cielo a gobernar junto
con el rey del Reino de Dios. Aquí, ese rey fue Jesucristo, resucitado como un
espíritu poderoso. Ese reino o gobierno celestial ejercerá su poder sobre los
seres humanos que sobrevivan al Armagedón y a todos los que resuciten después, durante
el milenio en el que el Reino gobernará a la humanidad. Pero aún los que
sobrevivieron al Armagedón, que serán los que se esforzaron por conocer a Dios
y poner sus vidas lo más cerca posible de lo que Dios pretende que los hombres
sean, tendrán que trabajar para llegar a ser considerados vivos por Dios. La
salud física y la juventud serán alcanzadas relativamente pronto, pero los
estragos espirituales que el pecado causó en la humanidad serán eliminados tras
una labor educativa monumental que llevará mil años. Al cabo de ese tiempo, el
Rey, Sacerdote, Maestro y Médico presentará y entregará a la familia humana a su
Dios y Padre y Dios nuestro (Juan 20: 17). A partir de ese acto Jehová reinará amorosamente
sobre sus hijos perfectos, como siempre debió ser.
“31 Respecto a la resurrección de los muertos,
¿no leyeron lo que les habló Dios al decir: 32 ‘Yo soy el Dios de Abrahán y el Dios de Isaac y el
Dios de Jacob’? Él es el Dios, no de los muertos, sino de los vivos”. (Mateo
22: 31)