domingo, 29 de enero de 2023

¿POR QUÉ LOS PROXIMOS A JESÚS DE NAZARET NO LO RECONOCIERON CUANDO RESUCITÓ?

 

Existe alguna incertidumbre con respecto al aspecto que tendrán las personas que resuciten de entre los muertos justamente porque Jesús no se levantó con la misma apariencia que sus allegados conocían. María Magdalena lo confundió con un jardinero hasta que le escuchó hablar (Juan 20: 1-18).

Pero, ¿es esto algo que podrá ser frecuente entre los resucitados? ¿Es conveniente que sea así?

Mi padre y mi madre se durmieron en la muerte. Si ellos resucitaran y yo estuviera allí para recibirlos, a mí me gustaría que ellos fueran físicamente reconocibles; que fueran el padre y la madre que están en mis recuerdos, los que me acompañaron y guiaron para que creciera para bien. Si mi padre se viera como Paul Newman o Domingo Faustino Sarmiento, aunque tuviera la misma personalidad que le conocí a él, no sería del todo mi padre. Podría acostumbrarme con el paso del tiempo, pero no sería el padre de mis recuerdos.

Para poder resolver este enigma hay que encontrar la razón por la que Jesús no se vio tal como era cuando fue levantado por Dios.

Todo comenzó con un hombre perfecto llamado Adán. Él tenía plenitud  física y moral, por eso era un hombre perfecto, sin defecto. Jehová Dios le dio una compañera de igual condición a la suya y ambos fueron colocados en un hermoso jardín, con abundancia de alimentos y paz con todos los animales y el planeta que los contenía (no había desastres naturales ni ninguna otra desgracia). La única regla que debían cumplir era no tocar el fruto de un árbol en el centro del jardín, porque el día en que lo hicieran, morirían. Sin embargo, aunque no necesitaban para nada comer de ese fruto, desobedecieron a Dios y fueron condenados a morir. Ahora bien, Adán y Eva todavía no habían tenido descendencia al momento de pecar. Que llenaran la tierra era un propósito divino y un mandato que habían recibido. Los propósitos de Dios siempre se cumplen (Isaías 55: 11; Génesis 1: 3). De modo que Dios los condenó a muerte como había anticipado, pero les dio tiempo para que tuvieran hijos e hijas. La consecuencia desgraciada  de la desobediencia fue que la prole de Adán heredó la muerte de su padre, porque fueron concebidos con simiente condenada, moribunda. Aunque vivo, todo en Adán estaba muerto, porque los designios de Dios son inexorables.

Que la humanidad muriera no era el propósito de Dios, de manera que él hizo que esto fuera revertido. Se hizo necesario un  rescate para la descendencia de Adán, que no había pecado a la manera de su padre. (Romanos 5: 1-18). Un hombre perfecto debía aparecer y su vida dada a cambio de la vida perdida de Adán en sus hijos.  De hecho, todos los hijos de Adán eran hombres imperfectos y los animales valen menos que un humano imperfecto; no había con qué pagar la vida del hombre perfecto que se había perdido en sus hijos. (Los sacrificios ofrecidos bajo la Ley en el Israel antiguo apuntaban a que los hombres se dieran cuenta de ello.  –Hebreos 10: 1-4)

La justicia exigía OJO POR OJO, mano por mano, vida por vida (Éxodo 21: 23-25; Levítico 24:20; Deuteronomio 19: 21), pero además era necesario establecer un marco legal que justificara el rescate de los hijos de Adán. La Ley condenaba a muerte a quien incumpliera uno solo de sus mandatos y lo hacía transgresor de toda la Ley (Santiago 2: 10-11). Morir por transgredir la Ley no agregaba nada nuevo, puesto que todos los hombres venían muriendo desde el pecado de Adán. Pero la Ley prometía la vida a quien la cumpliera totalmente (Romanos 10: 5; Levítico 18: 5; Gálatas 3: 12). Ningún ser humano pudo observar la Ley sin una falla, a excepción de Jesús de Nazaret, el segundo Adán, el hombre perfecto que proveyó Jehová para que oficiara, de una vez para siempre, como el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Otra cosa que tenemos que entender es qué era Jesús. En el principio, Jehová Dios Todopoderoso creó un ser espiritual muy poderoso, pero no tanto como Dios. Fue la única creación directa de Dios. Se la conoce como el Hijo Unigénito de Dios, El Logos, La Palabra, el Arcángel, Miguel y otro nombre, que no está registrado, que Dios le dio después de la muerte de Jesús. Todas las demás creaciones de Dios fueron hechas con la participación de su Hijo Unigénito, como obrero maestro de su Padre y Dios (Proverbios 8: 22-31; Juan 20: 17).

Cuando Dios le explica sus arreglos judiciales para llegar a cumplir sus propósitos, el Hijo acepta por amor a su Padre y a nosotros. Llegado el tiempo oportuno, el Hijo Unigénito dejó de existir y su energía de vida transferida a la matriz de María, para que ella quedara encinta de un hombre perfecto, a la manera de un segundo Adán.

Este hombre perfecto tuvo infancia, juventud y madurez. Una vez adquirida esta última, cuando tenía como treinta años, fue bautizado por su primo Juan en el río Jordán y Jehová lo reconoció como Hijo. El bautismo marcó el comienzo de la obra para la cual había sido enviado. Hasta el momento de su bautismo jamás cometió un pecado, ni con el pensamiento, y él tenía vislumbres de su existencia anterior como el Primogénito de Dios y jefe de todos los ángeles. Con el bautismo, él tuvo conciencia plena de su pasado y de lo que debía suceder para que llegara a rescatar a la humanidad. Pero Jesús no era un hombre-dios, ni Dios hecho hombre, como algunos se equivocan en creer y enseñar. Adán fue nada más que un hombre perfecto, hasta que se rebeló contra Dios y perdió su condición. Para recomprar la vida de Adán en sus hijos un hombre-dios hubiera sido un precio excesivo, no conforme a justicia.

Los tres años y medio en los que Jesús llevó a cabo su ministerio fueron tiempos de pruebas y sacrificios en los que fue perseguido, torturado, injuriado, incomprendido, despreciado y asesinado, como el peor de los criminales, sin haber cometido la más mínima falta. Cuando Jesús murió, toda su vida anterior había sido sin tacha. De esta manera, Dios le debía por Ley una vida por tiempo indefinido, aún para siempre. Con la muerte de este hombre perfecto pudo comprarse la vida perdida de la prole de Adán.

El hombre Jesús no podía resucitar como tal, porque esto hubiera anulado su sacrificio de rescate. Pero sí se podía levantar el espíritu que le dio vida. Este espíritu tuvo que cumplir un período de purificación de cuarenta días aquí, en la tierra, y cuando hizo falta que llegara a sus hermanos lo hizo materializando otros cuerpos. Cuando ascendió al Cielo volvió como el ser espiritual que había sido al principio: el Hijo Unigénito de Dios, el Arcángel, el jefe de todos los ángeles. Pero Dios le dio un puesto de mayor poder y un  nombre que es acorde a su nueva naturaleza: él ya no puede morir y tampoco necesita a Dios para vivir. Este privilegio no lo tienen los demás ángeles y, sin embargo, también lo tienen los 144 mil hermanos menores del Cristo que irán al Cielo (1 Corintios 15: 45-50; Apocalipsis 7: 4) a gobernar con él la tierra y a restaurar todas las cosas. El Rey y sus 144 mil co-reyes y co-sacerdotes tienen memoria completa de sus vivencias anteriores como seres humanos.

Si bien, en un sentido estricto, Jesús el hombre no resucitó (su carne), sí lo hizo el Cristo, el Ungido para ser rey. Aunque un espíritu poderoso, tiene todas las sensaciones, emociones y una memoria perpetua de lo que fue como hombre. Como dice la Palabra: “aprendió la obediencia” (Hebreos 5: 7-10). Aparte de su inmenso amor por nosotros, la justicia de su reinado nos está garantizada porque él conoce por propia experiencia todos nuestros gozos y dolores. Podemos decir que es Jesucristo resucitado porque en su personalidad de Arcángel está también la esencia de lo que el hombre Jesús fue.

 

 

miércoles, 11 de enero de 2023

La cuestión de la sangre

 

Dentro de lo que es la doctrina de los testigos de Jehová, la cuestión de no aceptar transfusiones de sangre es la que más irrita a la gente. Aunque, cuando es un mayor de edad, suelen decir: “Allá él, es grande, sabe lo que hace”. Sin embargo, cuando es un menor de edad, les produce un rechazo supremo. Muchos nos enrostran que no queremos a nuestros hijos.

Para ellos seríamos unos seres monstruosos capaces de dejar morir a un hijo sin sentir una pizca de dolor o compasión. ¿Le parece que es así?

No dejamos morir a nuestros hijos ni nos dejamos morir nosotros mismos. Solicitamos todos los tratamientos médicos que sean pertinentes y que no usen a la sangre como medio de curación o de sostén. De hecho, las técnicas quirúrgicas y los protocolos de uso de la sangre han progresado muchísimo gracias, en buena parte, a nuestra firmeza en el rechazo a esos tratamientos y, por otro lado, a la buena voluntad de los médicos que no solo aceptan el desafío de intentar salvar la vida de una persona, sino que quieren respetar la conciencia del paciente.

Supongamos que los testigos somos ignorantes y supersticiosos, que nuestro rechazo a la sangre es irracional. Si un médico o un juez nos obligaran a aceptar algo que ponga nuestra conciencia en un estado de desaprobación frente a Dios, aunque eso nos salvara la vida, ¿qué vida nos estarían salvando? Violentar la conciencia de un ser humano es más grave que una violación física y una muerte en vida peor que la muerte física.

 

Los testigos de Jehová aceptan los mandatos divinos porque conocen a Dios, lo aman, entienden la Biblia y saben que Dios no pide nada por capricho ni para nuestro mal. Explicar esto a una persona que no ama a Jehová raya en lo imposible, porque las experiencias sensibles no son transmisibles, no basta con explicarlo. Una persona que llega a entender la Biblia (y un curso básico lleva como seis meses, a razón de una hora y media de estudio por semana), puede no desarrollar amor por Dios y entonces, aunque crea comprender nuestros motivos, esa comprensión es incompleta y no puede tener una idea cabal de qué se trata.

Para un testigo, la cuestión de la sangre es fundamentalmente un asunto moral.  Nuestras acciones no están originadas en argumentos científicos, sino en un amor profundo por Dios y sus principios morales. Aunque la Biblia no es un libro científico, lo que el Creador pide no puede estar en contra de las leyes que él mismo instituyó para que lo que se propuso llegara a ser. La ciencia humana trata de comprender lo que existe, pero el Creador sabe lo que hizo; lo que es, es por él. Consecuentemente, lo que la ciencia está descubriendo debería estar cada vez más de acuerdo con lo que Dios sabe desde un principio.

Primero veremos lo que la Biblia dice respecto a la sangre:

 

28 Porque al espíritu santo y a nosotros nos ha parecido bien no imponerles más cargas aparte de estas cosas necesarias: 29  que se abstengan de cosas sacrificadas a ídolos, de sangre, de animales estrangulados y de inmoralidad sexual. Si evitan por completo estas cosas, les irá bien. ¡Que tengan buena salud!”. –Hechos 15: 28-29, Traducción del Nuevo Mundo.

Hechos 15:29

que se abstengan. O “que se mantengan apartados”. El verbo usado aquí se aplica a todas las prácticas que se mencionan a continuación. Los cristianos tenían que evitar la idolatría, la inmoralidad sexual y el consumo de carne de animales estrangulados, porque no habían sido bien desangrados. En lo relacionado con la sangre, este verbo tiene un significado más amplio que simplemente no consumir sangre. Implica evitar todo uso inapropiado de la sangre debido a su carácter sagrado (Levítico 17:11, 14; Deuteronomio 12:23).

que se abstengan [...] de sangre. Este decreto se basa, en último término, en el mandato de Dios de no comer sangre. Jehová les dio este mandato a Noé, a sus hijos y, en conclusión, a toda la humanidad (Génesis 9:4-6). Ocho siglos después, lo incluyó en la Ley que les dio a los israelitas (Levítico 17:13-16). Y 15 siglos más tarde, como se indica en este versículo, confirmó que seguía en vigor para la congregación cristiana. Para Dios, abstenerse de sangre es tan importante como evitar la idolatría y la inmoralidad sexual.

Ahora, lo que la ciencia va descubriendo, ¿tiende a confirmar lo prudente de obedecer los mandatos divinos?

* En primer lugar, se sabe desde hace mucho que la medicina no es una ciencia exacta. Ningún médico puede garantizar que un paciente sanará y tampoco que morirá por no recibir un tratamiento.

* La sangre es un tejido extremadamente complejo y personal. Así como no hay una persona igual a otra, tampoco sus fluidos lo son.

Hay un factor RH que puede estar o no (RH+ y RH-). Sin embargo existen por lo menos 300 análisis para diferenciar RH. (God, Blood and Society (1972), por A. D. Farr, pág. 32)

El hecho de que la sangre sea un tejido extremadamente complejo que difiera de una persona a otra tiene importante significación con referencia a la transfusión de sangre. Esto lo hizo notar el Dr. Herbert Silver, de la División del Banco de Sangre e Inmunohematología del Hospital de Hartford (Connecticut, E.U.A.). Él escribió que, considerando solo los factores sanguíneos para los cuales se pueden hacer análisis, “hay menos de una probabilidad en 100.000 de dar a una persona sangre que sea exactamente como la de ella.”(1)

Por consiguiente, muchas personas, fuera que tuvieran objeciones religiosas a las transfusiones de sangre o no, pudieran rehusar transfusiones de sangre sencillamente debido a que se trata esencialmente de un trasplante orgánico que en el mejor de los casos es solo parcialmente compatible con su propia sangre.

“La sangre debe considerarse medicina peligrosa, y debe usarse con la misma cautela que, por ejemplo, la morfina.”(2) Así, el profesor H. Busch, un director de medicina de transfusión, terminó un informe a una asamblea de cirujanos de Alemania del Norte. En el informe él mencionó un dilema en cuanto a las transfusiones de sangre. Dijo que para su óptimo valor biológico la sangre donada debería de transfundirse dentro de veinticuatro horas; después de eso los riesgos metabólicos aumentan debido a los cambios que ocurren en la sangre almacenada. Por otra parte, la sangre tiene que ser almacenada por lo menos por setenta y dos horas, porque si no, puede pasar la sífilis. Y hasta análisis hechos para identificar la sangre sifilítica no son salvaguarda, porque no detectan la sífilis en sus primeras etapas. No hay que describir aquí el perjuicio que le puede venir a la persona que recibe sangre infectada de sífilis, además del perjuicio que le viene a su familia.

El informe alemán también dio énfasis al peligro de las transfusiones de sangre que esparcen infecciones citomegalovirales y paludismo. Se sabe que el citomegalovirus (3) es especialmente peligroso para los menores. Con buena razón, pues, se les advirtió a los doctores alemanes acerca de los “muy serios resultados, hasta fatales,” que pueden tener las transfusiones de sangre. Y la Asociación Médica Americana avisó que “con el aumento en el viaje internacional en el mundo y el regreso de soldados desde zonas endémicas, ha aumentado la incidencia del paludismo entre los que han recibido transfusiones de sangre.” (4)

En las zonas tropicales hay varias otras enfermedades que se pueden transmitir por las transfusiones de sangre, como la enfermedad de Chagas (que tiene una proporción de fatalidades de una por cada diez casos), la tripanosomiasis africana (la enfermedad del sueño africana), la frambesia y la filariasis. (5)


* La sangre transfundida no funciona como tal hasta 24 horas después de transfundida.

Un artículo de fondo en Anaesthesia (Anestesia) hizo esta significativa declaración: “Vale la pena recordar también que la hemoglobina de glóbulos rojos almacenados, citratados, no está plenamente disponible para la transferencia de oxígeno a los tejidos por unas 24 horas después de la transfusión . . .; por lo tanto la transfusión rápida de sangre debe considerarse principalmente como simplemente un medio de expandir el volumen de la sangre en las etapas iniciales.”(6) Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio (E.U.A.) hallaron que esto se debía a que en la sangre almacenada ocurren cambios químicos. Su investigación mostró que la sangre que ha estado almacenada por más de diez días “no mejora la entrega de oxígeno inmediatamente después de la transfusión, y hasta pudiera empeorarla.” Y descubrieron que la entrega de oxígeno todavía estaba por debajo de lo normal veinticuatro horas después. (7)


Es ineludible, entonces, que cualquier expansor no sanguíneo, aunque no carezca de contraindicaciones, es ventajoso con respecto a los riesgos de infección, insuficiencia cardíaca, reacciones alérgicas severas, cáncer e inmunomodulación, inmunodepresión o inmunosupresión que se presentan con la sangre almacenada.

* La transfusión de sangre completa o de glóbulos rojos aumenta las infecciones que el paciente de UTI (unidad de terapia intensiva) puede sufrir.

 

“La tasa de infección en el universo de pacientes fue de 6%. Pero, al comparar a los que recibieron transfusiones de glóbulos rojos con los que no las recibieron, se observó que la tasa era mucho más alta en los transfundidos que en los no transfundidos (15 y 3% respectivamente). Por lo tanto, la administración de transfusiones de sangre en las UTI incrementaba el riesgo de infecciones nosocomiales por un factor de 5.”

“En esta investigación, además, se comprobó que la transfusión de sangre estaba asociada con un alto nivel de mortalidad, ya que el valor de este parámetro, que era de 14% para todos los pacientes, aumentó a 24% en el grupo que recibió transfusiones, en comparación con 10% del grupo de pacientes no transfundidos. En consecuencia, la transfusión duplicaba el riesgo de morir en este tipo de pacientes.”

“Otro estudio, en la literatura médica, también describe menores niveles de infección y de mortalidad en los pacientes que no reciben transfusiones. Dicho de otro modo, un paciente al que se le hace una transfusión en la UTI, tiene más probabilidades de contraer una infección y, por lo tanto, mayor riesgo de morir.”

“En esta misma investigación se encontró también una relación, según la cual, cuanto más alto el número de transfusiones que el paciente recibía, tanto mayor sería la probabilidad de que el paciente tuviera una infección o muriera durante su estadía en la UTI.”

“En un estudio realizado en pacientes con cáncer colorrectal, se encontró que la sobrevida de los pacientes no transfundidos era de 73%, significativamente mayor que la sobrevida de los transfundidos (60%). Aquí quedó demostrado que en este grupo de pacientes la transfusión se asocia significativamente con un mayor riesgo de muerte.” (Publicado en MEDWave, Revista revisada por pares, Congresos, Publicado el 1 de julio de 2004 | http://doi.org/10.5867/medwave.2004.06.962.


También se han registrado infecciones y muertes entre mujeres que querían ser madres y niños con atrofia de crecimiento. Se les suministraba una hormona de crecimiento y esta sustancia resultó estar infectada con virus de ECJ (Enfermedad de Creutsfeldt-Jacob). La hormona se extraía de pituitarias humanas y ciertas personas estaban infectadas con esos virus; inclusive, algunas mujeres tratadas con la hormona dieron sangre y contagiaron a otras mujeres que no tenían el mismo problema. Se teme que haya sangre infectada en los bancos, pues no existe prueba para detectar el virus

* Inmunomodulación, inmunodepresión o inmunosupresión producida por transfusiones de sangre.

La inmunomodulación por transfusión (IMPT) consiste en los cambios inmunológicos que produce la sangre alogénica en el receptor de la transfusión. En algunos casos esto es beneficioso, por ejemplo, en un trasplante de riñón. La transfusión ayuda a que el riñón extraño no sea rechazado. Se desconoce el mecanismo por el que esto ocurre. Sin embargo, con la cantidad de infecciones intrahospitalarias esto resulta simultáneamente riesgoso, porque el paciente podría adquirir enfermedades graves que pusieran en riesgo su vida.

* La sangre almacenada puede producir hemorragias internas

Para poder conservar una unidad de sangre se agrega un anticoagulante. En pacientes en los que se realizan varias transfusiones suelen ocurrir hemorragias internas debido a la presencia de estas sustancias.

* Los glóbulos rojos de la sangre almacenada cambian de forma con el paso del tiempo.

El primer día los glóbulos lucen lisos y con su forma normal. Veinte días después tienen bordes dentados y disminuye notablemente su capacidad de transportar oxígeno. A los 31 días están tan deformados que, si usted pudiera verlos, no aceptaría que le suministraran esa sangre.

 

Esto es nada más que un sobrevuelo rápido por los problemas y riesgos que tienen las transfusiones de sangre. El ejército de Estados Unidos de América, el más poderoso del mundo, movilizó 500 mil hombres (8) en la Guerra del Golfo. No utilizó unidades sanguíneas, sino Dextrán hierro (9) para atender a los heridos. Es el mismo tratamiento que suelen pedir los testigos, aunque se agrega eritropoyetina, para acrecentar aún más la renovación de glóbulos rojos o eritrocitos.

 

 1)  The Journal of the American Medical Association (Diario de la Asociación Médica Americana), 12 de abril de 1976, pág. 1611.

2) Die Welt, 9 de diciembre de 1974.

3) El papa Juan Pablo II contrajo citomegalovirus en 1981, como consecuencia de las transfusiones de sangre que recibió después del atentado. (Considere que se le concede rango de jefe de estado)

4) General Principles of Blood Transfusion (1973),  pág. 15.

5) Tropical Diseases Bulletin, septiembre de 1972, págs. 828, 848.

6) Anaesthesia, marzo de 1975, pág. 150.

7) The Dispatch de Columbus, Ohio, 31 de agosto de 1972, pág. 1B.

(8) En el campo de batalla pelearon unos 4 mil hombres, la movilización total incluye guerra electrónica, informática, drones e inteligencia, que pudieron hacerse desde EEUU u otros lugares fuera de la zona de combate.

(9) Expansor no sanguíneo coloidal con agregado de hierro para aumentar la producción de glóbulos rojos. El uso de este expansor está desaconsejado para diabéticos.