sábado, 2 de julio de 2022

La injusticia es por falta de amor

 

Cuando era joven vi una película en el cine, se llamaba “Love Story”. En ella, una pareja concuerda en que “amar es nunca tener que pedir perdón”. Es una afirmación profunda y romántica, que encierra una verdad que vale la pena analizar. Yo conecto esta frase con un pensamiento de Piterbarg: “Si no se ama no se puede juzgar. Nuestro clamor de justicia encubre un amor insuficiente”.

 

¿Por qué la injusticia del mundo esconde un amor insuficiente? La Biblia responde:

 

“8 No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley. 9 Porque el [código]: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar”, y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.” (Carta a los Romanos, Capítulo 13, versículos 8 al 10; Traducción del Nuevo Mundo)

 

Indudablemente, si amamos al que tenemos en frente, no le haremos daño; pero hay que entender bien qué significa amar. Muchas personas confunden querer con amar y no son la misma cosa. Querer es para uno, amar es para el otro. El que quiere pide; el que ama da. El mismísimo Señor Jesús de Nazaret, el hombre más grande de todos los tiempos, enseñó: Hay más felicidad en dar que en recibir”. (Hechos 20: 35)

 

La mayoría de nosotros pide y da, si recibe; pocos dan por iniciativa propia y sin esperar nada. Debajo del cielo, el amor más parecido al ideal del Cristianismo es el de la mayoría de las madres. Una madre no da lo que le sobra a sus hijos. La felicidad de una madre consiste en ver a sus hijos bien, prosperando y felices. Su felicidad es la de sus hijos; no importa cuántas privaciones o postergaciones conlleve.

 

Es notable que los padres puedan practicar el amor altruista y abnegado con sus hijos, pero que no podamos hacer lo mismo con los demás. Ya vimos que es por falta de amor por el prójimo. No nos conocemos, y no se puede amar a lo que no se conoce. El mundo está hipercomunicado, pero la soledad de los seres humanos es inmensa.

 

¿Qué involucra conductualmente el amor verdadero?

 

“13 Si hablo en las lenguas de los hombres y de los ángeles, pero no tengo amor, he venido a ser un [pedazo de] bronce sonante o un címbalo estruendoso. 2 Y si tengo el don de profetizar y estoy enterado de todos los secretos sagrados y de todo el conocimiento, y si tengo toda la fe como para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. 3 Y si doy todos mis bienes para alimentar a otros, y si entrego mi cuerpo, para jactarme, pero no tengo amor, de nada absolutamente me aprovecha.

4 El amor es sufrido y bondadoso. El amor no es celoso, no se vanagloria, no se hincha, 5 no se porta indecentemente, no busca sus propios intereses, no se siente provocado. No lleva cuenta del daño. 6 No se regocija por la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 7 Todas las cosas las soporta, todas las cree, todas las espera, todas las aguanta.

8 El amor nunca falla. […]” (Primera Carta a los Corintios: 13: 1-8, misma traducción)

 

El único ser humano que nunca tuvo que pedir perdón a nadie fue nuestro Señor, Jesús. Todos los demás fallamos y no alcanzamos a la gloria de Dios. (1 Juan 1: 8-10; Romanos 7:22)

Mientras los seres humanos son indiferentes con el sufrimiento ajeno o dan lo que les sobra para ayudar a los carenciados, Dios y su Hijo cedieron lo más preciado para rescatar a los hijos de Adán, que padecen por culpa de las acciones de su padre en el principio.

 

Nosotros, los hijos de Adán, penamos también por nuestras propias malas acciones, pero un hombre que se mantuviera limpio de todo pecado, si existiera, envejecería, enfermaría y terminaría muriendo porque en su carne está la condena que Adán recibió. Cuando Adán pecó y fue sentenciado todavía no había tenido hijos. Los hijos que vinieron después fueron concebidos con una simiente destinada a destrucción, con la muerte a plazo fijo. Hacía falta comprar la vida perfecta que el hombre perfecto Adán perdió con su transgresión, y una vida vale otra vida. Hacía falta que un hombre perfecto diera su vida a favor de la humanidad enferma y agonizante, con la muerte esperándoles. Pero no había ninguno, todos eran hijos imperfectos.

 

En su sabiduría e inmenso amor, Jehová Dios Todopoderoso concibió un plan magistral para llevar la Creación caída a su estado original. Enterado del plan, el Hijo Unigénito de Dios se ofreció como víctima sacrificial por amor a su Padre y Dios y también por amor a nosotros. El Arcángel, el ser más importante y poderoso de todos los que son menos que Dios, dejó de existir y su energía de vida transferida por Dios a la matriz de una virgen judía. Así nació como un hombre perfecto, un segundo Adán. Con anterioridad, Jehová había creado un marco jurídico que hiciera posible el rescate: fundamentalmente, la Ley que Moisés transcribió. En ese marco, y sin haber cometido la menor falta, murió injustamente y con un sufrimiento atroz. La Ley obligaba a dar la vida perfecta a quien pudiera cumplirla cabalmente. Esa deuda fue la que permitió el rescate de la humanidad que ejerciera fe en el sacrificio.

 

Jehová Dios Todopoderoso no dio la ropa vieja para caridad, sino a su Hijo, su Único. De igual manera, el Hijo entregó su vida. No fue una limosna. La entrega de los dos fue total, era imposible dar más. La más grande manifestación de amor que se pueda concebir, y cuando no lo merecíamos. (Romanos 5: 6-8)

 

Vuelto al Cielo, el Hijo, ya no hombre, pero con la experiencia de haber sufrido y vivido como un ser humano, quedó capacitado para ser el Rey nombrado por Dios para gobernar en su nombre a toda la tierra.

 

Ese reino, por el que muchos piden en el Padrenuestro sin saber muy bien de qué se trata, viene a gobernar pronto y a restaurar el amor y la justicia en “este valle de lágrimas”. El rey nombrado, cuando todavía era un hombre, dijo: “Quien conmigo no es, contra mí es, y el que conmigo no junta, desparrama”.

 

Estamos aún en el día de buena voluntad de Dios, no desaproveche la oportunidad de beneficiarse con el sublime sacrificio antes de que la puerta se cierre.