viernes, 7 de agosto de 2020

Amor y equilibrio



- Está bien que nos conozcamos y que nos ayudemos, pero siempre guardando una distancia; debemos ser prudentes, porque el corazón es traicionero y desesperado.

- Yo creo que la distancia prudencial puede ser una alternativa cuando no se tiene un amor pleno por el otro, pero la relación es tibia, se queda a mitad de camino. El amor, de cualquier clase, protege a quien lo tiene y al objeto de ese amor, porque no se hace mal al que amas.

- Tú eres muy sentimental y eso no es bueno. Si te dejas llevar por el corazón puedes hacer mucho daño a otro y a ti mismo. Como dije: el corazón es traicionero, es un principio bíblico. Si pensamos como Jehová nos va mejor.

- No estoy muy seguro de que sea un principio bíblico.

- ¿Cómo me dices eso? No eres un principiante que no entiende nada. Hace años que estudias y parece que reflexionas, no es digno de ti.

- No creo que sea un principio, porque limita el amor y eso sí que no es bueno.

- El amor cristiano es basado en principios, no en sentimentalismo. Un amor basado en el corazón es peligroso.

- La Biblia dice otra cosa.

- ¿Qué dices que dice la Biblia?

- Por favor, busca Primera de Pedro 1: 22. ¿Puedes leer lo que dice, si deseas?

- “Ahora que ustedes se han purificado por su obediencia a la verdad y eso ha tenido como resultado un cariño fraternal sin hipocresía, ámense unos a otros intensamente desde el corazón.”

- ¿Cómo dice que debemos amarnos?

- Intensamente desde el corazón.

- ¿Entonces?

- Estoy confundido, no termino de comprender. ¿Por qué dices que el principio bíblico que afirma que el corazón es traicionero limita el amor?

- Busca, por favor, Primera de Juan 4: 18.

- “No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor nos limita. En realidad, el que tiene temor no ha sido hecho perfecto en el amor.”

Pero esto se refiere a Jehová, al amor que sentimos por él. El versículo 19 dice: “Nosotros amamos porque él nos amó primero.” Se refiere a que podemos amar plenamente a Dios solo cuando tenemos una conciencia sin culpa frente a Dios.

- Lo que dices es correcto. En principio toda esa sección del texto aplica a la relación con Jehová, pero también vale para cualquier relación. Si tienes temor del mal que nos pueda hacer la perfidia de nuestros corazones, ¿no limita eso tu amor? Tampoco hay que olvidar el versículo 20: “Porque el que no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.” Si tienes un amor limitado por tu hermano o hermana, ¿cómo puedes tener un amor pleno por Jehová?

- Sí, pudiera ser así. Pero podemos hacer y hacernos daño…

- Sí, recuerdo a El Principito, que dice: “Cuando se crean lazos se corre el riesgo de llorar”.

- No leí ese libro. A mí me extraña y me perturba esa costumbre tuya de mezclar lo bíblico con lo seglar, pareces Cambalache, “ves llorar la Biblia junto a un calefón”.

- La Biblia es mi primer libro y El Principito es el segundo. Ya que estamos, no es la Biblia junto a un calefón, aunque todos lo cantan así desde hace mucho tiempo. Tania, la mujer de Discépolo, decía: “ves llorar la Biblia junto a un acordeón”. En el tiempo en que fue escrito el tango un calefón era un artículo importado raro y muy caro en Buenos Aires. Solo los que eran muy ricos podían tener uno. Cambalache es una casa de empeño o de compra-venta de usados, donde la gente con apremios económicos lleva un objeto a cambio de un dinero prestado a plazo o por una venta en la que lo cede a partir de ese momento. No era de esperar que los ricos del lugar tuvieran apremios económicos y tampoco que una persona no rica poseyera uno, como para poder venderlo si necesitaba dinero. Además, Tania vivía con el autor del tango, uno supone que no es algo que le contaron, sino que ella lo vio nacer. Pero no importa. Yo uso todo lo que me viene bien y a mano para hablar de Dios y su Palabra, aunque la Biblia está primera y lejos de cualquier otra cosa.

Volvamos al tema. Hay una gran diferencia entre querer y amar. Querer es para uno y amar es para el otro. El que quiere reclama, “se sirve de”; el que ama se da, “sirve a”. La mayoría de la gente quiere. El que ama busca el bien del otro, aun a costa de su propio bien. Si nos cuidamos de amar en vez de querer, los riesgos disminuyen. Hay que dirigir el corazón como un timonel a un barco. Después de que el amor “prende”, es más fácil. “El amor no obra mal al prójimo”

- Estás citando Romanos 13: 8-10, lo sé de memoria: «No le deban nada a nadie excepto amarse unos a otros, porque el que ama a su prójimo ha cumplido la ley. Porque los mandamientos –“no cometas adulterio, no asesines, no robes, no codicies” y cualquier otro mandamiento que haya- se  resumen en estas palabras: “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”. El amor no le hace nada malo al prójimo. Por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.» Pero somos pecadores, hacemos mal a otros y a nosotros mismos.

- ¿Por qué pecamos?

- Porque somos imperfectos, porque heredamos el pecado de Adán y eso nos hace pecadores.

- Yo no estoy de acuerdo con eso que dices, pero no voy a contestarte ahora, sino más adelante. Antes quiero que veamos otras cosas.

¿Cuál es el principal mandamiento de la ley?

- Según Mateo 22: 37: «Él le contestó: “‘Ama a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente’. […]”»

- ¿Amas a Jehová? ¿Te dedicaste a él?

- Sí, lo amo y me dediqué a él.

- ¿Con qué corazón amas y te dedicaste a Jehová?

- Con el único que tengo, con mi corazón.

- ¿Con el corazón traicionero y desesperado que menciona Jeremías?

- Sí, no tengo otro.

- Así es, no tienes otro. Pero a Él lo amas y tratas con todas tus fuerzas de no fallarle, ¿no es verdad?

- Sí, Dios sabe cuánto lucho por no fallarle.

- ¿No puedes hacer lo mismo con tus hermanos y hermanas? Se nos enseña que debemos leer la Biblia con constancia y meditación para llegar a conocer a Jehová, porque no se puede amar a lo que no se conoce. Pero, si por temor a pecar nos ponemos límites en nuestro acercamiento con nuestros congéneres, si nos retraemos de conocerles  profundamente, ¿cómo llegar a amarlos, si no los conocemos? ¿No pendía toda la ley de amar a Dios y al prójimo? No estamos bajo ley, pero Jesús nos dejó un nuevo mandamiento: amar al prójimo más que a uno mismo, hasta dar la vida por él. ¿Es posible dar la vida por quien casi no se conoce? ¿Cuánto sabes de mí?

- De ti sé bastante, diría que te conozco bien.

- Me conoces porque tengo por costumbre abrirle mi corazón a todos los que me dejan y no oculto lo que soy, me muestro como soy. Por supuesto tengo cosas muy íntimas que unos pocos saben, pero no vendo simulacros.

- ¿Qué sé yo de ti?

- No tanto como yo sé de ti, lo confieso.

- En primer lugar, entonces, como citaste de Romanos 13: 8-10, depende del amor que le tengamos. Y si no se puede amar sin conocer al objeto de tu amor, ¿hacemos bien en retraer, restringir o limitar nuestra relación sentimental con los hermanos por temor a que nuestros corazones nos traicionen?

- Quizás no hagamos bien, pero también nuestra imperfección nos hace pecar y eso puede hacer mucho daño.

- Nuestra imperfección no nos hace pecar, ya te lo voy a explicar, pero todavía tenemos que ver algunas cosas.
Todos sabemos que si Adán hubiese muerto en un día de 24 horas, no habría descendencia sobre la tierra. Cuando Adán pecó todavía no había tenido hijos. La humanidad estaba potencialmente “en los lomos de Adán”. Pero fuimos hijos de un muerto, porque Dios lo había condenado y su palabra se cumple siempre. Todo lo que había en Adán, incluida su simiente, estaba muerto, con una condena divina ineludible. Fuimos hechos con materia muerta. Nacimos con la misma condena que tenía el material con el que estamos hechos. Por eso la imperfección, la decadencia, la enfermedad y la muerte. La misericordia de Dios ideó un plan maestro para que fuéramos rescatados de esa muerte.
La paga del pecado es muerte, es cierto. Pero aun si no pecáramos moriríamos de todas formas, porque nacemos con la muerte encima. De no ser por el rescate, ese sería nuestro fin.
Hay un principio bíblico en lo que narra el Evangelio según Lucas, 7: 47.

- Es cuando Jesús come en la casa de un fariseo y a sus pies se postra una mujer pecadora… sí lo recuerdo, pero déjame buscar el texto: “Por eso te digo que los pecados de ella, aunque son muchos, quedan perdonados, porque amó mucho. Pero, a quien se le perdona poco, ese ama poco.”
Es notable, parece que a Jehová le parece más importante que amemos a que nuestra conducta sea perfecta. Hace poco estudiamos cómo perdonó a David. Éste tendría que haber muerto apedreado por su gran pecado, tal hubiese sido el veredicto de un jurado humano, y por la ley que Jehová Dios les había dado. A tal punto es cierto esto, que Jehová tuvo que tomar el juicio en sus manos para que eso no ocurriera. Castigó a la pareja, pero con una misericordia mayúscula que les dio la oportunidad de estar vivos en el reino. Jehová no debe haber olvidado el amor intenso que siempre le manifestó David. Por ejemplo, cuando siendo un muchacho salió a enfrentar a un gigante de tres metros con armadura y entrenamiento militar solo con una honda y un amor y una fe enormes.

- Es así, a Jehová le parece más necesario el amor que la conducta perfecta. Porque el amor es el cumplimiento de la ley, si amáramos con plenitud el pecado desaparecería.

- Dijiste que me explicarías por qué pecamos. Yo digo (y todos los que conozco dicen) que es porque somos imperfectos, pero tú dices que no. Te escucho.

- Bien, comienzo con algunas preguntas: ¿Cómo hizo Dios a Adán, lo creó imperfecto?
¿Y al querubín que era un ángel de luz? ¿Y a la tercera parte de las estrellas del cielo?

- Los hizo perfectos, Dios no tiene hijos imperfectos. Tanto Adán como los ángeles fueron hechos perfectos, cada uno como tal, sin defectos.

- ¿Cuándo dejó de ser perfecto Adán?

- Ni bien pecó, una vez efectuado el pecado.

- Cuando dejó de ser perfecto vino a ser imperfecto, no antes. Después, inmediatamente después de que hubo pecado. Por ello, la imperfección no puede ser causa de pecado, pues la causa no puede ser posterior al efecto. Si la imperfección no es causa del pecado, ¿por qué pecó Adán?

- ¿Por qué no amó a Jehová?

- Sí, por falta de amor, por eso a Jehová le importa más que lo amemos. Lo mismo pasó con el querubín y los otros ángeles que lo siguieron en su rebelión, no amaron a Dios, pero ellos no tienen rescate.

- Entonces, nuestro corazón traicionero obra mal si en él no hay amor o hay, pero es insuficiente. Si amamos al que tenemos en frente, no le hacemos daño, a menos que sea por ignorancia o torpeza.

- Si ignoramos que algo puede dañar a nuestro hermano es porque no le dedicamos suficiente tiempo a conocerlo, que es lo mismo que decir: dedicarle la vida nuestra que transcurre en ese tiempo. Invertir tiempo en alguien o en algo hace que creemos lazos cada vez más profundos y que sepamos más de lo que es objeto de nuestra atención.

- Entonces, ¿es esencial que nos esforcemos en amar a todos los que tengamos cerca?

- En la Primera Carta de Juan, capítulo 4, versículos  8 y 16, dice que Dios es amor. No dice que tiene amor, es amor, la personificación del amor. Génesis 1:27 dice que Dios creó el hombre a su semejanza. Por lo tanto, el hombre debería ser amor como Dios, por supuesto, a escala humana. Ya sabemos que el que ama plenamente a Dios y al prójimo no peca, el amor se lo impide. El amor es o no es, se aprende, pero no se adquiere. Lo tienes o no. ¿Por qué Adán no amó a Dios lo suficiente como para confiar en él y no pecar? No lo sé. Era perfecto, no tuvo el suficiente amor hacia Jehová y pecó.
Decimos que somos testigos de Jehová y entonces deberíamos ser testigos del amor y reflejar lo mejor posible el amor de Dios en los demás. Como en 1 Pe 1: 22, amar con todo el corazón para ser como nuestro Padre. No hace falta ser perfecto para tener amor. Y la perfección, como vimos con Adán, no es garantía. Uno puede hacer mal siendo perfecto, porque eso es lo que termina ocurriendo si uno no ama -como mínimo- al otro como a uno mismo.

- ¿Cómo hacemos para amar sin tener que pedir perdón?

- Nacemos con la necesidad de ser amados y con la capacidad de amar. Pero a amar se aprende. Los primeros ejemplos de amor son nuestros padres. A medida que vamos adquiriendo un lenguaje y entendiendo cosas más sutiles, podemos aprender del amor de Dios y de su Hijo Unigénito. “Saltar” a dos modelos más sublimes que nuestros padres biológicos. Como aprendiste a caminar y a andar en bicicleta, el aprendizaje del amor no está exento de caídas y rasguños. Pero estamos viviendo todavía en el día de buena voluntad de Dios, podemos pedir perdón y levantarnos. Si caemos en el día del juicio no habrá esa posibilidad. Es fundamental, vital, que aprendamos a amar. Un amor “con Mertiolate” no sirve: todo o nada, cuanto más, mejor.

- Si tuvieses que definir el cristianismo con un mínimo de palabras, ¿qué dirías?

- Como cuando aprendes a caminar, a andar en patines o en bicicleta, dos palabras: Amor y equilibrio.