- Está bien que nos conozcamos y
que nos ayudemos, pero siempre guardando una distancia; debemos ser prudentes,
porque el corazón es traicionero y desesperado.
- Yo creo que la distancia
prudencial puede ser una alternativa cuando no se tiene un amor pleno por el
otro, pero la relación es tibia, se queda a mitad de camino. El amor, de
cualquier clase, protege a quien lo tiene y al objeto de ese amor, porque no se
hace mal al que amas.
- Tú eres muy sentimental y eso
no es bueno. Si te dejas llevar por el corazón puedes hacer mucho daño a otro y
a ti mismo. Como dije: el corazón es traicionero, es un principio bíblico. Si
pensamos como Jehová nos va mejor.
- No estoy muy seguro de que sea
un principio bíblico.
- ¿Cómo me dices eso? No eres un
principiante que no entiende nada. Hace años que estudias y parece que
reflexionas, no es digno de ti.
- No creo que sea un principio,
porque limita el amor y eso sí que no es bueno.
- El amor cristiano es basado en
principios, no en sentimentalismo. Un amor basado en el corazón es peligroso.
- La Biblia dice otra cosa.
- ¿Qué dices que dice la Biblia?
- Por favor, busca Primera de
Pedro 1: 22. ¿Puedes leer lo que dice, si deseas?
- “Ahora que ustedes se han
purificado por su obediencia a la verdad y eso ha tenido como resultado un
cariño fraternal sin hipocresía, ámense unos a otros intensamente desde el
corazón.”
- ¿Cómo dice que debemos amarnos?
- Intensamente desde el corazón.
- ¿Entonces?
- Estoy confundido, no termino de
comprender. ¿Por qué dices que el principio bíblico que afirma que el corazón
es traicionero limita el amor?
- Busca, por favor, Primera de
Juan 4: 18.
- “No hay temor en el amor, sino
que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor nos limita. En
realidad, el que tiene temor no ha sido hecho perfecto en el amor.”
Pero esto se refiere a Jehová, al
amor que sentimos por él. El versículo 19 dice: “Nosotros amamos porque él nos
amó primero.” Se refiere a que podemos amar plenamente a Dios solo cuando
tenemos una conciencia sin culpa frente a Dios.
- Lo que dices es correcto. En
principio toda esa sección del texto aplica a la relación con Jehová, pero
también vale para cualquier relación. Si tienes temor del mal que nos pueda
hacer la perfidia de nuestros corazones, ¿no limita eso tu amor? Tampoco hay
que olvidar el versículo 20: “Porque el que no ama a su hermano a quien ve, no
puede amar a Dios, a quien no ve.” Si tienes un amor limitado por tu hermano o
hermana, ¿cómo puedes tener un amor pleno por Jehová?
- Sí, pudiera ser así. Pero
podemos hacer y hacernos daño…
- Sí, recuerdo a El Principito,
que dice: “Cuando se crean lazos se corre el riesgo de llorar”.
- No leí ese libro. A mí me
extraña y me perturba esa costumbre tuya de mezclar lo bíblico con lo seglar,
pareces Cambalache, “ves llorar la Biblia junto a un calefón”.
- La Biblia es mi primer libro y
El Principito es el segundo. Ya que estamos, no es la Biblia junto a un
calefón, aunque todos lo cantan así desde hace mucho tiempo. Tania, la mujer de
Discépolo, decía: “ves llorar la Biblia junto a un acordeón”. En el tiempo en
que fue escrito el tango un calefón era un artículo importado raro y muy caro
en Buenos Aires. Solo los que eran muy ricos podían tener uno. Cambalache es
una casa de empeño o de compra-venta de usados, donde la gente con apremios
económicos lleva un objeto a cambio de un dinero prestado a plazo o por una
venta en la que lo cede a partir de ese momento. No era de esperar que los
ricos del lugar tuvieran apremios económicos y tampoco que una persona no rica
poseyera uno, como para poder venderlo si necesitaba dinero. Además, Tania
vivía con el autor del tango, uno supone que no es algo que le contaron, sino
que ella lo vio nacer. Pero no importa. Yo uso todo lo que me viene bien y a
mano para hablar de Dios y su Palabra, aunque la Biblia está primera y lejos de
cualquier otra cosa.
Volvamos al tema. Hay una gran
diferencia entre querer y amar. Querer es para uno y amar es para el otro. El
que quiere reclama, “se sirve de”; el que ama se da, “sirve a”. La mayoría de
la gente quiere. El que ama busca el bien del otro, aun a costa de su propio
bien. Si nos cuidamos de amar en vez de querer, los riesgos disminuyen. Hay que
dirigir el corazón como un timonel a un barco. Después de que el amor “prende”,
es más fácil. “El amor no obra mal al prójimo”
- Estás citando Romanos 13: 8-10,
lo sé de memoria: «No le deban nada a nadie excepto amarse unos a otros, porque
el que ama a su prójimo ha cumplido la ley. Porque los mandamientos –“no
cometas adulterio, no asesines, no robes, no codicies” y cualquier otro
mandamiento que haya- se resumen en
estas palabras: “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo”. El amor no le hace
nada malo al prójimo. Por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.» Pero
somos pecadores, hacemos mal a otros y a nosotros mismos.
- ¿Por qué pecamos?
- Porque somos imperfectos,
porque heredamos el pecado de Adán y eso nos hace pecadores.
- Yo no estoy de acuerdo con eso
que dices, pero no voy a contestarte ahora, sino más adelante. Antes quiero que
veamos otras cosas.
¿Cuál es el principal mandamiento
de la ley?
- Según Mateo 22: 37: «Él le
contestó: “‘Ama a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con
toda tu mente’. […]”»
- ¿Amas a Jehová? ¿Te dedicaste a
él?
- Sí, lo amo y me dediqué a él.
- ¿Con qué corazón amas y te
dedicaste a Jehová?
- Con el único que tengo, con mi
corazón.
- ¿Con el corazón traicionero y
desesperado que menciona Jeremías?
- Sí, no tengo otro.
- Así es, no tienes otro. Pero a
Él lo amas y tratas con todas tus fuerzas de no fallarle, ¿no es verdad?
- Sí, Dios sabe cuánto lucho por
no fallarle.
- ¿No puedes hacer lo mismo con
tus hermanos y hermanas? Se nos enseña que debemos leer la Biblia con
constancia y meditación para llegar a conocer a Jehová, porque no se puede amar
a lo que no se conoce. Pero, si por temor a pecar nos ponemos límites en
nuestro acercamiento con nuestros congéneres, si nos retraemos de conocerles profundamente, ¿cómo llegar a amarlos, si no
los conocemos? ¿No pendía toda la ley de amar a Dios y al prójimo? No estamos
bajo ley, pero Jesús nos dejó un nuevo mandamiento: amar al prójimo más que a
uno mismo, hasta dar la vida por él. ¿Es posible dar la vida por quien casi no
se conoce? ¿Cuánto sabes de mí?
- De ti sé bastante, diría que te
conozco bien.
- Me conoces porque tengo por
costumbre abrirle mi corazón a todos los que me dejan y no oculto lo que soy,
me muestro como soy. Por supuesto tengo cosas muy íntimas que unos pocos saben,
pero no vendo simulacros.
- ¿Qué sé yo de ti?
- No tanto como yo sé de ti, lo
confieso.
- En primer lugar, entonces, como
citaste de Romanos 13: 8-10, depende del amor que le tengamos. Y si no se puede
amar sin conocer al objeto de tu amor, ¿hacemos bien en retraer, restringir o
limitar nuestra relación sentimental con los hermanos por temor a que nuestros
corazones nos traicionen?
- Quizás no hagamos bien, pero
también nuestra imperfección nos hace pecar y eso puede hacer mucho daño.
- Nuestra imperfección no nos
hace pecar, ya te lo voy a explicar, pero todavía tenemos que ver algunas
cosas.
Todos sabemos que si Adán hubiese
muerto en un día de 24 horas, no habría descendencia sobre la tierra. Cuando
Adán pecó todavía no había tenido hijos. La humanidad estaba potencialmente “en
los lomos de Adán”. Pero fuimos hijos de un muerto, porque Dios lo había
condenado y su palabra se cumple siempre. Todo lo que había en Adán, incluida
su simiente, estaba muerto, con una condena divina ineludible. Fuimos hechos
con materia muerta. Nacimos con la misma condena que tenía el material con el
que estamos hechos. Por eso la imperfección, la decadencia, la enfermedad y la
muerte. La misericordia de Dios ideó un plan maestro para que fuéramos
rescatados de esa muerte.
La paga del pecado es muerte, es
cierto. Pero aun si no pecáramos moriríamos de todas formas, porque nacemos con
la muerte encima. De no ser por el rescate, ese sería nuestro fin.
Hay un principio bíblico en lo
que narra el Evangelio según Lucas, 7: 47.
- Es cuando Jesús come en la casa
de un fariseo y a sus pies se postra una mujer pecadora… sí lo recuerdo, pero
déjame buscar el texto: “Por eso te digo que los pecados de ella, aunque son
muchos, quedan perdonados, porque amó mucho. Pero, a quien se le perdona poco,
ese ama poco.”
Es notable, parece que a Jehová
le parece más importante que amemos a que nuestra conducta sea perfecta. Hace
poco estudiamos cómo perdonó a David. Éste tendría que haber muerto apedreado
por su gran pecado, tal hubiese sido el veredicto de un jurado humano, y por la
ley que Jehová Dios les había dado. A tal punto es cierto esto, que Jehová tuvo
que tomar el juicio en sus manos para que eso no ocurriera. Castigó a la
pareja, pero con una misericordia mayúscula que les dio la oportunidad de estar
vivos en el reino. Jehová no debe haber olvidado el amor
intenso que siempre le manifestó David. Por ejemplo, cuando siendo un muchacho salió
a enfrentar a un gigante de tres metros con armadura y entrenamiento militar solo
con una honda y un amor y una fe enormes.
- Es así, a Jehová le parece más
necesario el amor que la conducta perfecta. Porque el amor es el cumplimiento
de la ley, si amáramos con plenitud el pecado desaparecería.
- Dijiste que me explicarías por
qué pecamos. Yo digo (y todos los que conozco dicen) que es porque somos
imperfectos, pero tú dices que no. Te escucho.
- Bien, comienzo con algunas
preguntas: ¿Cómo hizo Dios a Adán, lo creó imperfecto?
¿Y al querubín que era un ángel
de luz? ¿Y a la tercera parte de las estrellas del cielo?
- Los hizo perfectos, Dios no
tiene hijos imperfectos. Tanto Adán como los ángeles fueron hechos perfectos,
cada uno como tal, sin defectos.
- ¿Cuándo dejó de ser perfecto
Adán?
- Ni bien pecó, una vez efectuado
el pecado.
- Cuando dejó de ser perfecto vino a ser imperfecto, no antes. Después, inmediatamente después de que hubo pecado. Por
ello, la imperfección no puede ser causa de pecado, pues la causa no puede ser
posterior al efecto. Si la imperfección no es causa del pecado, ¿por qué pecó
Adán?
- ¿Por qué no amó a Jehová?
- Sí, por falta de amor, por eso
a Jehová le importa más que lo amemos. Lo mismo pasó con el querubín y los
otros ángeles que lo siguieron en su rebelión, no amaron a Dios, pero ellos no
tienen rescate.
- Entonces, nuestro corazón
traicionero obra mal si en él no hay amor o hay, pero es insuficiente. Si
amamos al que tenemos en frente, no le hacemos daño, a menos que sea por
ignorancia o torpeza.
- Si ignoramos que algo puede
dañar a nuestro hermano es porque no le dedicamos suficiente tiempo a conocerlo,
que es lo mismo que decir: dedicarle la vida nuestra que transcurre en ese tiempo.
Invertir tiempo en alguien o en algo hace que creemos lazos cada vez más
profundos y que sepamos más de lo que es objeto de nuestra atención.
- Entonces, ¿es esencial que nos
esforcemos en amar a todos los que tengamos cerca?
- En la Primera Carta de Juan,
capítulo 4, versículos 8 y 16, dice que
Dios es amor. No dice que tiene amor, es amor, la personificación del amor.
Génesis 1:27 dice que Dios creó el hombre a su semejanza. Por lo tanto, el
hombre debería ser amor como Dios, por supuesto, a escala humana. Ya sabemos
que el que ama plenamente a Dios y al prójimo no peca, el amor se lo impide. El
amor es o no es, se aprende, pero no se adquiere. Lo tienes o no. ¿Por qué Adán
no amó a Dios lo suficiente como para confiar en él y no pecar? No lo sé. Era
perfecto, no tuvo el suficiente amor hacia Jehová y pecó.
Decimos que somos testigos de
Jehová y entonces deberíamos ser testigos del amor y reflejar lo mejor posible
el amor de Dios en los demás. Como en 1 Pe 1: 22, amar con todo el corazón para
ser como nuestro Padre. No hace falta ser perfecto para tener amor. Y la
perfección, como vimos con Adán, no es garantía. Uno puede hacer mal siendo
perfecto, porque eso es lo que termina ocurriendo si uno no ama -como mínimo-
al otro como a uno mismo.
- ¿Cómo hacemos para amar sin
tener que pedir perdón?
- Nacemos con la necesidad de ser
amados y con la capacidad de amar. Pero a amar se aprende. Los primeros
ejemplos de amor son nuestros padres. A medida que vamos adquiriendo un lenguaje
y entendiendo cosas más sutiles, podemos aprender del amor de Dios y de su Hijo
Unigénito. “Saltar” a dos modelos más sublimes que nuestros padres biológicos.
Como aprendiste a caminar y a andar en bicicleta, el aprendizaje del amor no
está exento de caídas y rasguños. Pero estamos viviendo todavía en el día de
buena voluntad de Dios, podemos pedir perdón y levantarnos. Si caemos en el día
del juicio no habrá esa posibilidad. Es fundamental, vital, que aprendamos a
amar. Un amor “con Mertiolate” no sirve: todo o nada, cuanto más, mejor.
- Si tuvieses que definir el
cristianismo con un mínimo de palabras, ¿qué dirías?
- Como cuando aprendes a caminar,
a andar en patines o en bicicleta, dos palabras: Amor y equilibrio.